El músic Efrén López, exintegrant del grup L’Ham de Foc, viatja per Turquia i Grècia a la recerca de les tradicions que marquen la seva música. En el viatge, Efrén conversa i toca amb diferents músics representatius de la música tradicional d’aquestes zones, fent evidència de les similituds, no només musicals, entre les tradicions de tota la Mediterrània i més enllà.
“La proximitat de Grècia amb Turquia ha permès durant anys moviments migratoris entre un lloc i l’altre. A principis del segle XX, persones gregues que tornaven després d’haver viscut a Turquia, portaven ritmes i melodies d’origen turc, i els utilitzaren per criticar la seva precària situació.”
“Aquests intercanvis faciliten la creació de propostes conjuntes en què cadascú aporta el que és originari de la seva cultura”.
“L’enriquiment que suposa la immigració de persones de diferents ètnies i cultures en un mateix territori: es generen espais de convivència que suposen un enriquiment important tant de la cultura d’acollida com de la originària de cadascú”.
A la secció de descàrregues hi trobareu una proposta pedagògica per treballar el documental.
Categoria: General
D’Es Castell a Sa Pobla (documental 39′ min.)
“D’Es Castell a Sa Pobla”, Construint la cultura popular, és un viatge musical a Mallorca i a Menorca amb Toni Torrens i Miquel Ametler.
Aquests dos dinamitzadors culturals visiten una multitud de persones que, des de l’anonimat, treballen per forjar la cultura popular. La idea clau del documental és que la cultura popular és un organisme viu i ric, i és una eina de progrés si és construïda pel poble.
Cal que les comunitats humanes, lluny de complexes, confiïn en la seva pròpia cultura i sentin com a responsabilitat individual el construir-la dia a dia.
En canvi quan la cultura es controla des dels òrgans de poder o des de l’imperi del mercat deixa de ser una eina de progrés per esdevenir profundament conservadora.
Aquest documental forma part del projecte Oïdes Mediterrànies de l’associació Mapasonor.
Afganistán, la aniquilación de la música ( Música en Afganistan hasta el 2001: el impacto de la guerra)
Este texto pretende ser un ataque contra el fenómeno histórico más despreciable de la naturaleza humana: la guerra. Afganistán ha sido y es una víctima de esta vergüenza de la humanidad y todo un pueblo ha sido víctima de la sed destructiva de unos cuantos grupos de guerreros. La música, como expresión de la vida de las personas y los pueblos puede mostrarnos cómo un país puede tener un antes y un después, como toda su riqueza puede ser de golpe aniquilada, con difícil vuelta atrás.

El Rubab de Efrén López
En el año 2003, dos años después del 11 de septiembre, el músico valenciano Efren López me pidió un favor personal: que le comprara un rubab en Kabul, el instrumento de cuerda más identitario de Afganistán. En 2002 yo ya había estado en los caóticos mercados para comprar casetes, las primeras joyas musicales que se podían encontrar tras la caída de los talibanes. Un año antes era un acto de delincuencia el simple hecho de escucharlos. Los luthiers hacía años que habían huido del país, por lo que en un momento tan prematuro, fue una odisea encontrar un lugar donde vendieran instrumentos musicales. En medio de un barrio periférico de Kabul rodeado de edificios destrozados y llenos de metralla de guerra, me encontraba ante un hombre elegante de barba blanca afinando las cuerdas, un milagro en un país literalmente destruido. Efrén recibió el instrumento absolutamente alucinado, pero quizás dimensionaba del todo que aquello era casi un milagro en medio de un ambiente de posguerra. De una guerra donde todo se había destruido y prohibido hasta el absurdo, donde las crueldades más inimaginables se habían realizado por criminales de fuera y de dentro del país.
Cuando se leen las emotivas crónicas de viajeras de los años 30 como Ella Maillart (La via cruel) o de los años 70 como Ana Briongos (Un invierno en Kandahar), y cuando se escuchan las grabaciones de campo y los escritos musicales de etnomusicólogos especializados en Afganistán como John Baily, Veronica Doubleday o Mark Slobin en los 60 descubrimos un país hospitalario, tradicional y seguro para viajar. Uno no puede ni imaginarse que el país se convertiría en el epicentro de la guerra y de los intereses geoestratégicos que le llevarían a su aniquilación. Este artículo parte de la idea de cómo se puede aniquilar un país a partir de la guerra para convertirlo en una pesadilla de lo que era. La música es un perfecto pretexto para ver la vitalidad del país antes de estallar el conflicto.
Viajes hacia la cultura popular
En 2003 fui como cooperante a Now Bloque, un pueblo rural ubicado en el norte del país, una región turkmena montañosa y fría, llena de chatarra bélica. Había sido núcleo de resistencia contra los soviéticos en los 80 y después había sido marginalizada y atacada por los talibanes ya que sus habitantes eran de etnia hazara, un grupo étnico de ascendencia mongol y mezcla turkmena que odiaban (eran shiítas y no suníes como ellos). Era un pueblo completamente empobrecido, sin médicos ni escuelas, con una dieta basada en el consumo de patatas, y con esclavismo laboral e infantil como única fuente de ingresos, tejiendo alfombras. Pedí si podía escuchar algún músico local y les costó mucho encontrar un tocador de tuiduk (una larga flauta turkmenos). Nos regaló una melodía larga, repetitiva, una especie de mantra interminable, e intenso a pesar del poco virtuosismo del músico.
La música popular había sido una manifestación artística muy presente en los diversos momentos de su vida social. La guerra aniquiló la vida social y las manifestaciones musicales. Now Bloque, por ejemplo, había casi desaparecido cuando los habitantes se refugiaron en Pakistán. Uno de los recopilatorios más fascinantes, el «Afghanistan Untouched» (editado por «Traditional crossroads») contiene las grabaciones de campo de Mark Slobin a lo largo de todo un período de paz de 1967 a 1972, un momento en que el país se dirigía hacia una modernización relativa y era bueno fijar las fuentes de las tradiciones. Este viaje musical es actualmente inimaginable. Él mismo escribe en el CD: «Antes de que las tierras fueran aplastadas, su gente dispersada y su música silenciada por el caos, Afganistán desbordaba de tesoros musicales…”.
Encrucijada de culturas
La música de tradición oral afgana es la de un país que es una cruzada de culturas, a veces en convivencia, a veces en conflicto. Por un lado están las culturas vinculadas a las repúblicas centroasiáticas, sobre todo la uzbeca y la tayica, que comparten el uso del instrumento de cuerda del tanbur (aunque con diferente tonalidad). También están los turcmenos, provenientes de migraciones soviéticas en los años 20 y adaptados a la cultura musical de los anteriores, o los kazajos de tradiciones musicales muy propias sin relación con el resto. También están los hazaras musicalmente vinculados a los anteriores.
La etnia mayoritaria en Afganistán son los pashtun que están conectados a las áreas tribales de Pakistán, una frontera impenetrable y ambigua. Tienen un sentimiento identitario muy fuerte. A pesar de ser profundamente patriarcales tienen una expresión poética y musical sorprendente, los landai, poemas cortísimos y metafóricos que expresan sentimientos de amor, de pérdida, de amor hacia la naturaleza etc. Al parecer la mayoría de landai son compuestos por mujeres y, además de temas del ámbito doméstico o de la tristeza por el exilio o la pérdida del marido en la guerra, algunos tienen un contenido altamente erótico. Un ejemplo que encontramos en el libro «El suicidio y el canto» en Ediciones del Oriente y del Mediterraneo es este: «De buen grado tiene daría mi boca, pero ¿para qué remover mi cántaro? Ya estoy toda mojada.»
Música para hombres y para mujeres
La música en Afganistán se desarrolla sobre todo en el ámbito privado, aunque sea practicada en ocasiones de vida social. Los músicos tienen prestigio por su función social, pero también un cierto anonimato ya que el trasfondo de conservadurismo religioso musulmán les lleva a la discrecionalidad. Slobin dice que el músico es transmisor de pasión y por eso se le tacha de ausheq (portador de pasión o Souq, de una manera similar a los sufíes) o de diwana (loco). Esto mismo ocurría con las danzas, muy apreciadas en el ámbito doméstico o en fiestas privadas pero a menudo mal vistas en el espacio público.
En la vida pública las expresiones musicales de la música afgana son sobre todo masculinas. Uno de los lugares de encuentro más representativos son las “casas de té” (chaihanas), espacios muy vivos a veces censurados por los «guardianes de la virtud». Allí se desarrollan tradiciones musicales diversas como los poemas épicos acompañados del tanbur, el glichak o las flautas locales, o incluso el rubab, cordófono usado en la música culta.
Las fiestas son una ocasión especial para la música, en especial las bodas. En Kabul, tras la caída de los talibanes, la ciudad estaba prácticamente en ruinas. Los primeros edificios nuevos o restaurados que aparecieron eran las casas lujosas y kitsch de los señores de la guerra o las enormes salas de bodas. En Afganistán las bodas y los sistemas de dote son el sistema familiar en sí mismo. Y el origen de las bodas convenidas como sistema de negociación entre familias que forman parte del sistema social. Cuando reina la impunidad legal, como ha ocurrido en los años de guerra, se extreman las prácticas de matrimonios prematuros con casos hasta de bodas de niñas de 8 años.
En las bodas la segregación entre sexos es estricta. Las bodas masculinas, al ser más accesibles, están más estudiadas. Por ejemplo en el área de Kabul los grupos de músicos profesionales tocan instrumentos de origen indio como la tabla (membranófono) y rubab. Las bodas son el gran momento expansivo de la vida de las mujeres y ha podido ser estudiado y registrado en la zona de Herat por la etnomusicóloga Veronica Doubleday (con CDs como «Female musicians of Herat» publicado por la Unesco o libros como «Three women of Herat»). La Doubleday recoge testimonios de mujeres profesionales, las golpasand, que hacen una música muy rítmica con daireh, un gran pandero, o instrumentos de origen indio como el harmonium (especie de acordeón) o la tabla donde las mujeres danzan energética y sensualmente. Grabó varias golpasand como la Zainab Herawi, cantante de gran calidad que después grabó para Radio Kabul y que actualmente ha asesorado grupos como el Ensemble Bakhtar. En estas grabaciones se hacen patentes temas del canto de mujeres como las relaciones familiares, la maternidad, el amor pasional, los temas personales, los temas espirituales… Un ejemplo es este: «Cuando yo te veo, mi corazón late y mis labios ríen. Dicen que renuncie a mi amor. ¿Cómo podría renunciar a ti? Moriría.»
Música culta
Las tradiciones cultas en Afganistán, denominadas «Klasik», tienen fuertes lazos con las tradiciones hindustàniques de la India, incluyendo los patrones melódicos de la raga y los rítmicos de la tala. Las ragas afganas, sin embargo, tienen muchas más variaciones rítmicas. Esta influencia india afecta hasta todo en la zona oeste de Herat, especialmente cuando en los años 30 adopta el estilo de Kabul. Herat había sido un epicentro cultural de cultura persa, pero que estaba en lentísima decadencia desde el siglo XV. En Afganistán también se desarrollan los géneros vocales, especialmente los ghazal vinculados con Pakistán y el norte de la India.
El instrumento nacional afgano es el rubab, el llamado «león de los instrumentos», un cordófono tan relevante que aunque habitualmente la música india ha influido en la afgana, en este caso ha sido el rubab que ha influido la creación de un instrumento muy importante para la música india, el sarod. Es un instrumento solista o de acompañamiento, que tiene una caja de madera de dos cuartos, mástil corto, con multitud de cuerdas simpáticas y que empieza a tocarse el siglo XVIII. Algunos de los grandes maestros o «Ustad» (palabra árabe-persa que significa maestro) son Daoud Khan (maestro de la Efrén López), Mohammed Omar, Sardar Mado, Essa Kassemi, o Mohamed Rahim Khushnawaz. A este último tuvimos la suerte de verlo tocar en Barcelona en diciembre de 2001, en plena invasión de Estados Unidos en Afganistán. Él pertenecía a una familia de Herat de músicos profesionales a lo largo de varias generaciones. Su padre había favorecido la introducción del estilo kabulí en la provincia, influido por el sistema de la raga india. En Herat tocaba con Gada Mohamed, músico de otra adscripción social, ya que era amateur que había aprendido a tocar por observación el dutar (cordófono creado en 1965 en el contexto de Radio Kabul). Gada se refugió durante la guerra civil en Irán, y el ustad Rahim se quedó en Herat.
Lady Parwin
«Yo fui la primera mujer cantante en la radio, a principios de los años 50, y me decían Lady Parwin. En aquella época cantábamos temas indios o música local tradicional, pero fue en Radio Afghanistan que se empezó a introducir el jazz. Las mujeres de todos los orígenes nos apoyábamos a pesar de la discriminación que había entre las etnias. Yo, por ejemplo, cantaba en todas las lenguas del país. Los mullahs no nos podían restringir como hacen ahora ya que no tenían el mismo poder. En el período soviético pudimos desarrollar nuestras carreras hasta que llegó la guerra y las luchas sangrientas nos obligaron a marchar a refugiarnos a Peshawar, en Pakistán. Nosotros vivíamos en Kabul en el barrio donde vivían muchos artistas, que fue objetivo de muchos ataques. Marchamos tan rápido que ahora no tengo nada de aquella época, ni siquiera mis fotos.»
En 2003 visité una de las grandes estrellas de la música afgana, una mujer aún recordada por mucha gente, Lady Parwin. Tenía origen aristocrático pero ahora vivía en Kabul en un edificio destrozado de un barrio que había sido bombardeado, de vuelta de su período como refugiada. Era muy vieja y muy pobre, y había perdido todo lo que tenía, hasta los recuerdos de cuando había sido una famosa estrella. Pero el peso más grande era haber perdido el estatus y la libertad que había tenido. Ella mantenía su dignidad. Incluso fumaba. Pero el país era sólo una sombra de lo que había sido.
Radio Kabul
En este contexto cultural afgano Radio Kabul (nacida en 1925 y destruida en 1928) que luego fue Radio Afghanistan (nacida en 1940 gracias al apoyo alemán) suponía un giro copernicano para la música afgana aportando dos cambios cruciales: las mujeres pasaban a participar en el ámbito público, y además como estrellas famosas, y la diversidad étnica del país participaba en un mismo nivel, o en fusión interétnica.
Mark Slobin apunta que la radio fue uno de los factores unificadores claves en un país marcado por la fragmentación étnica, lingüística, urbana, rural… La radio reducía espacios ya que llegaba a todas partes y hablaba de unos valores de una modernidad muy adaptada al país. Además recogía músicas de artistas folclóricos respetando sus orígenes (como un excelente músico popular de cordófonos, Baba Naím), también creó una orquesta propia con una gran actividad, o llevó músicas de países como India, Pakistán, Irán, Tajikistan. Radio Afghanistan fue una escuela en un contexto donde la música no estaba en el currículum escolar. De ella salieron otras grandes estrellas como Ahmed Zahir, fenómeno de masas y que usaba elementos musicales modernos (órgano eléctrico, guitarra eléctrica, trompeta) o Ustad Mahwash, todavía viva y una de las pocas mujeres que recibió la categoría de ustad.
Afganistán, pues, era un país con unas tradiciones populares definidas, con una tradición y unos instrumentos nacionales, y hasta con un fenómeno de música moderna de masas y mujeres divas… Pero el peor parásito y la peor vergüenza de la humanidad aniquiló un país, una cultura, un pueblo y sus personas: la guerra.
Censura
Mónica Bernabé, destacada por su trabajo periodístico en defensa de los derechos humanos (con galardones como el «Premio Julio Anguita Parrado» o el «Premio Proteus») entró en el país el periodo talibán y nos dejó el año 2000 uno de los pocos testigos en nuestro país de los efectos de los talibanes en la música: «los talibanes controlan el 90% del país bajo un régimen de terror. Están prohibidas las fotografías, la televisión y la música. Yendo hacia Kabul, en la carretera, hay cintas de vídeo y casete destrozadas y colgadas sobre postes de madera. La imagen es surrealista.» Publicó en El Punt su experiencia entrando en el país en pleno período talibán con uno de los pocos visados de turista que se debían haber emitido en aquella época.
Los talibanes no fueron los únicos, y quizás ni los más destructores, ya que 30 años de guerra con armas, torturas, violaciones y prohibiciones de todo tipo tenían muchos responsables, y muchos de ellos ocupan puestos en el poder avalados internacionalmente. La cantante Parwin no debió marchar por los talibanes sino por los asesinos que destruyeron Kabul y que actualmente forman parte de la estructura política (como Dostum) o alzados como héroes nacionales (como Masud).
El etnomusicólogo John Baily ha hecho para la asociación Freemuse (en defensa de los derechos de expresión musical) el informe «¿Puedes detener el canto de los pájaros?» («Can you stop the birds singing?» Descargable desde su web) imprescindible sobre la censura en la música de Afganistán. Baily nos informa de las visitas que hizo en los años 80 a los campos de refugiados de Irán, donde la música era altamente restringida y censurada por las políticas del régimen censor del Ayatollah Jomeini (muy en especial durante el período de la guerra entre Irán y Irak). Los campos de refugiados de Pakistán, cerrados en sí mismos y con poco contacto con las ciudades, estaban controladísimos por mujaidines (guerreros del Islam) que estaban batallando contra los soviéticos y que a menudo provenían de las zonas fronterizas donde había una sociedad tribal ultraconservadora. Estos presionaban para censurar la música especialmente en directo (de entrada prohibían la amplificación) y a veces también los casetes o la radio. Esta presión de los mujaidines sobre las expresiones musicales era aún más fuerte cuando se fueron los soviéticos en 1989, ya que los señores de la guerra que crecieron iniciaron una cruel guerra entre ellos que tomó la sociedad civil como campo de batalla, con una guerra abierta que especialmente en Kabul afectó totalmente y, como nos explicaba la Parwin, especialmente del barrio donde ella vivía.
En la ciudad de Herat dominada por el señor de la guerra Ismail Khan, por ejemplo, Baily nos habla de la creación de la «Oficina para la propagación de la Virtud y la prevención del vicio». Se ordenó varios edictos que, sin llegar al extremo de los talibanes, eran un preludio. Controlaban la vida civil y limitaban la música de danza o de temas de amor, también la música amplificada y prohibían a las mujeres ser profesionales de la música. A los hombres no se les prohibió pero la vigilancia de la policía religiosa era muy fuerte.
Talibanes
«Prohibir la música … En tiendas, hoteles, vehículos y rickshaws los casets y la música están prohibidos … Si se encuentra un casete de música en una tienda, se pondrá en la cárcel el tendero y se cerrara la tienda … Si se encuentra un casete en un vehículo, el vehículo y el conductor serán encarcelados … Se prohíbe la música en bailes y bodas. En caso de violación el cabeza de familia será arrestado y castigado.»(Edictos talibanes después de 1996 recogidos por Ahmed Rashid).
Los talibanes lo llevaron al extremo. Su aparición súbita ocurre en un contexto de pérdida de crédito de los mujaidines, en una guerra interminable y despiadada entre los que habían defendido el país contra la invasión soviética. En las zonas pashtunes, una cultura ya de por sí conservadora, los mullahs más ultraconservadores se organizan para «poner orden» en un país en caos con una ideología que lee el Islam de forma sesgada, única y simplista inspirada en la corriente pakistaní deobandi. Es decir los talibanes mezclan los aspectos más conservadores de la cultura pashtun y de determinadas interpretaciones del Islam, sin que realmente representaran ni la sociedad pashtun ni la religión musulmana. La cultura popular pashtun es plural y rica y los edictos talibanes la destruye de raíz. No sólo eso sino que se cargan la existencia del oyente en sí. Además ataca una parte de la tradición islámica muy arraigada en Afganistán, la sufí, interpretación del Islam que ha sido pero el caballo de batalla de muchos movimientos ultraconservadores del Islam.
Epílogo
La situación posterior a la caída de los talibanes es extremadamente compleja y fuera del alcance de este artículo. Al fenómeno de masas de la música comercial india (sobre todo el Bollywood) se le suma la reactivación de artistas como Farhad Darya o Naghma vinculados a la última época de Radio Afganistán, o el nacimiento de otros artistas de ancho resonancia como Shafiq Moreda, Amir Jan Saburo o Takhar Shobab & Sidiqi Shobab, incluso el hip hop de raperos como Dj Beshir. Pero el trasfondo sigue siendo el de acoso y censura tanto gubernamental como de la insurgencia vinculada a los talibanes.
Todo Afganistán ha sido la víctima de unos intereses geoestratégicos y la música es la imagen de cómo la política puede aniquilar la vida de las personas, puede aniquilar la justicia y la dignidad de un pueblo. Los afganos y las afganas nunca han merecido ser víctimas de este vergonzoso juego de ajedrez del que todos y todas somos un poco responsables.
Nota: este artículo fue publicado en catalán en la revista Caramella.
Articulo publicado originalmente en El Inconformista Digital
El mundo ha pasado a mi lado
Piazza – Isole – Montagna (documental 56′ min.)
http://vimeo.com/16503351
Versió original subtitulada en català.
Quart documental de la série «Oïdes Mediterrànies» de l’associació Mapasonor.
El poble, tot sovint, necessita convertir la seva vida quotidiana en expressió artística.
El treball rural a les muntanyes sicilianes, esdevé instrument musical.
La vida interior dels pobles del món esdevé cant espiritual. Les celebracions a les illes mediterrànies, esdevenen grups musicals.
El poble, tot sovint, necessita convertir la seva vida quotidiana en expressió artística.
El treball rural a les muntanyes sicilianes, esdevé instrument musical.
La vida interior dels pobles del món esdevé cant espiritual. Les celebracions a les illes mediterrànies, esdevenen grups musicals.
«El 11 de Septiembre nos pusimos muy contentos» de Mapasonor (12’20» min.)
http://vimeo.com/19697196
La visión de los hechos del 11 de Septiembre en las zonas rurales aisladas de Afganistán, resulta chocante a nuestros ojos. Documental sobre qué supusieron los atentados del 11 de Septiembre en NY para Afganistán. Afganos de zonas muy remotas del país hablan de cómo vivieron aquel día y lo que sintieron.
«L’11 de setembre ens vam posar molt contents» de Mapasonor (12’20» min.)
http://vimeo.com/19669016
La visión de los hechos del 11 de Septiembre en las zonas rurales aisladas de Afganistán, resulta chocante a nuestros ojos. Documental sobre qué supusieron los atentados del 11 de Septiembre en NY para Afganistán. Afganos de zonas muy remotas del país hablan de cómo vivieron aquel día y lo que sintieron.
Por razones de seguridad. Un paseo por Gaza
SELF-SERVICE
A unos 100 metros de la frontera norte con Gaza, en la parte israelí, hay un self-service de gasolinera. Capuccinos espumosos, pasteles de chocolate amarga, zumos de fruta fresca, sandwiches de vegetales y queso. Actitud educada y cordial. Risas, abrazos. Clientela joven, bellísima. Elegancia informal, vestidos verdes y arma colgada en la espalda (con el cañón cruzando la goma a la vista de los calzoncillos o de las bragas). Armas, a veces, casi tan largas como su cuerpo.
Se sientan desaliñados a relajarse del estrés de su trabajo, en la frontera o en el interior de Gaza. Se dedican a blindar el paso a miles de palestinas y palestinos, para que no vayan a Cisjordania, la otra parte de su país. O a impedir que entren desde Cisjordania a Gaza. Impedir que los familiares se encuentren. Algunos hace decenas de años que ya que no se ven. Se dedican a impedir que los enfermos graves vayan a hospitales mejor preparados que los de Gaza, a riego de enfermedad crónica o muerte. Impiden que entren en Gaza productos básicos de alimentación o medicinas. Los que trabajan más duro, más estrés acumulan. Destruyen casas unifamiliares, bloques de pisos, a veces ministerios, o universidades, o hospitales, o escuelas. Los que más trabajan detienen a decenas de resistentes, armados o no, niños o mayores, detienen a políticos que van a su casa, o a niños que simplemente juegan a pelota. A veces tienen que asesinarlos, a veces tienen que asesinar a sus mujeres y a sus hijos. Les sabe muy mal, pero se resisten y no hay otra opción que asesinarlos.
Un trabajo duro. Una tierra dura, hostil. Bien merece entrar en el oasis de tranquilidad del self-service de la gasolinera, parar un rato y tomar un zumo bien fresco de limón con menta triturada.
MAPAS
Miro un mapa del Mediterráneo. De norte a sur, de este a oeste. Sus costas, sus puertos, sus islas, sus grandes capitales, sus pequeños pueblos, sus grandes cordilleras, sus extensiones de desierto… Resigo una parte de la costa este, Acre, Haifa, Hadera, Jaffa, Asquelón, Gaza… En el mapa geográfico todo es un continuo sin ruptura. El mapa nos miente. En el mapa no hay guetos. Nada indica que justo un pequeño fragmento de 40 km de largo y 8 de ancho ha sido secuestrado. En el mapa no vemos más de un millón de personas si posibilidad física de moverse de ese fragmento. No vemos el enorme muro de hierro, ni los muros de cemento de más de 8 metros de alto, ni los centenares y centenares de metros de pasillos, vallas, dispositivos de seguridad bloqueando cualquier posibilidad de moverse, vivir. El mapa no nos muestra los bombardeos, no nos muestra la destrucción sistemática. ¿Cómo podríamos verlo? ¿Cómo indicar que en esos pocos kilómetros cuadrados hay un gueto humano? El mapa nos miente.
No sólo nos miente el mapa. Nos miente el paisaje, a varios kilómetros, a un kilómetro, a 100 metros. Carreteras ordenadas y bien reguladas. Autobuses llenos de gente que van al trabajo con la cartera o las herramientas, que van a la playa con la toalla y las chanclas, que vienen de la compra con los carritos repletos. A 100 metros de Gaza todo un mundo normal, ordenado, civilizado no nos indica que es responsable de hacer la vida imposible a más de un millón de personas encerradas en unos pocos kilómetros cuadrados.
FRONTERA
En Erez, la frontera israelí al norte de Gaza, me atiende una jovencita sonriente, maquillada, que lleva un móvil con dibujitos de Kitty. Ella es la que cumple las órdenes de impedir que nadie entre en Gaza (palestinos, trabajadores humanitarios internacionales, incluso diplomáticos). Miro en la pared del fondo un póster hecho a mano, con fotos de jovencitos y jovencitas, y escritas en rotuladores, fechas y corazones rosas. Es el personal que trabaja en la frontera vetando el paso a la gente. Escrita hay la fecha en que van a cumplir 18 años.
Por el momento no se me permite la entrada en Gaza, hay que comprobar mi permiso de entrada y la chica no sabe cuánto tiempo tardaré, tal vez no sea posible hoy. Aunque ha sido coordinado directamente por el cónsul español con la unidad del ejército israelí, no es posible por motivos de seguridad. Al lado un palestino con nacionalidad norteamericana, al que tienen retenido su pasaporte y su teléfono móvil, se niega a que lo lleven a una celda aislada. No le dejan llamar a su embajada, no le dan el pasaporte, no le dan su móvil. Hoy no podré entrar, tendré que volver mañana. La seguridad lo es todo
EREZ
Centenares de metros de frontera. Centenares y centenares.
Pasillos inacabables de hormigón.
Centenares de cámaras.
Espacios completamente aislados y controlados remotamente desde alguien invisible.
Alta tecnología con dispositivos de control de metales o materias peligrosas que someten a las personas a todo tipo de rayos.
Salas faraónicas con decenas de jóvenes en habitaciones acristaladas, a lo alto, gritando desde megáfonos intencionadamente ininteligibles.
Soldados apuntando insistentemente a la sien.
Salas de interrogatorio, absolutamente aisladas, sometiendo a las personas a desnudarse.
Imágenes duras. Muy duras.
Personas discapacitadas abandonando su destartalada silla de ruedas para cruzar casi milagrosamente largos pasillos con muletas. Forzadas por jóvenes que dan órdenes a lo lejos.
Abuelas, abuelos.
Niños obligados a dejar sus madres para cruzar llorando, dentro de cabinas de rayos detectores de metales u otras sustancias.
Mecanismos superiores a cualquier cárcel de alta seguridad.
Erez, un monumento sin otra función que la irracional y prepotente megalomanía de un estado enfermo de seguridad, de rabia y de miedo.
COLONIAS
Israel necesitaba desde hace años un gueto en el que descargar su rabia y su miedo. Con impunidad. Hasta el 2005 una cuarta parte de Gaza estaba ocupada ilegalmente por decenas de colonias israelíes. No servían, eran molestas, no dejaban descargar tranquilamente el instinto criminal del estado y el ejército. El político más inteligente que ha habido últimamente en Israel, Ariel Sharon, anunció a bombo y platillo su gran «gesto de paz» desalojando las colonias de Gaza. Montó un perfecto circo mediático. Centenares de periodistas de todas partes se desplazaron a Gaza para informar sobre colonos desesperados arrancados de sus casas por un ejército en misión de «paz» defendiendo el gran «sacrificio» de un estado. La ingenuidad política europea aplaudió este «gesto de paz», con más euforia que cuando condenó la masacre de 1400 personas en el 2008/2009. Israel consiguió la pantomima internacional de ser un estado que «cede a la paz», y creó un territorio preparado para descargar su rabia y su miedo.
Las razones estratégicas y económicas no siempre explican las acciones de Israel. A veces se explican por la pura irracionalidad del miedo. De la rabia.
RUINAS
En Palestina las ruinas son omnipresentes. Cada ruina es metáfora de algo distinto. Israel demolió las colonias de Gaza y dejó una zona en ruinas. Muchas no se retiraron. Le pedí a mi amiga Manal de ir a pasear con su familia Awad por las ruinas de las colonias. No habían estado nunca.
Era viernes, festivo para los musulmanes y decenas de familias se paseaban como si estuvieran en un parque de atracciones. Observaban y comentaban cada fragmento. Los niños se entretenían en recoger fragmentos de cosas rotas con textos en hebreo esparcidas por el suelo, por si encontraban algo de valor, o simplemente por la curiosidad hacia lo extraño. Reconstruían mentalmente el espacio. Recordaban lo que habían oído de los palestinos que habían trabajado en colonias.
Las hermanas de Manal paraban en algunas zonas y comentaban: «He oído que había una universidad ¿Tal vez esto era la universidad?», «¿Esto era una sinagoga, son así las sinagogas?», «Mira, un polideportivo que dejaron entero y los palestinos han destrozado. Se podría haber aprovechado pero mucha gente no quiere ni oír hablar de las colonias.»
RUINAS (OBSERVANDO LA GUERRA)
«A los residentes de Rafah: debido al terrorismo y a que vuestro vecindario está lleno de terroristas que actúan contra Israel, las fuerzas de defensa israelíes nos vemos obligadas a emprender acciones en vuestra área residencial. Por vuestra seguridad estamos obligados a evacuar vuestra área.» (panfleto lanzado antes de la llamada «Operación plomo fundido», por el Ejército israelí).
En agosto del 2009, la familia Awad me dio una vuelta en coche por las ruinas de una Gaza que fue masacrada durante 22 días. Según la ONG Al Mezan, entre diciembre del 2008 y enero del 2009 hubo 1.409 muertos (sólo el 17% de resistentes), unos 8.000 heridos, 11.154 casas en ruinas y miles de personas destrozadas psicológicamente en la operación militar llamada por Israel «Plomo fundido». Israel mostró su rabia y su miedo en Gaza.
Al inicio del bombardeo los minaretes de las mezquitas destrozados para mostrar lo precisas que eran sus bombas. Vimos las ruinas de edificios destrozados al inicio de la guerra, cuando unos 60 aviones atacaban simultáneamente a diversos puntos de la franja. Vimos la zona donde unas 300 personas fueron asesinadas sin poder reaccionar. O el centro de la ciudad de Gaza, especialmente los barrios residenciales que fueron atacados sin piedad. Algunos de ellos usando fósforo blanco, ilegal si se usa en zonas pobladas. Los bombardeos en el Ministerio de Justicia, los bombardeos en la muqata, los bombardeos en una cárcel, los bombardeos en un teatro donde murieron 22 personas, los bombardeos en mezquitas, bombardeos en edificios universitarios, bombardeos en locales de bodas, bombardeos en un local de ambulancias, bombardeos en …
No pude evitar mandar un sms a una amiga superado por la situación: «Paseo por las ruinas de la rabia. No me salen las palabras. Estoy en shock. Odio las guerras y los canallas que las hacen. Odio las guerras. No puedo más.»
RUINAS (viviendo la guerra)
En la noche de fin de año, en pleno bombardeo, se popularizó en Gaza un sms: «Mira el cielo. Apaches están bailando por ti. F-16 están cantando por ti. Les he pedido que desde el cielo te deseen feliz año nuevo».
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La población se movía dentro de Gaza como una mosca en una botella, según el capricho bombardeador de Israel. La población no tenía donde refugiarse. Gaza está geográficamente rodeada por Israel, que no iba a acoger los refugiados de sus propios bombardeos, y al sur con Egipto, que no tuvo la mínima dignidad humana de acoger a sus vecinos árabes. (algo asqueroso, repulsivo). Durante la guerra yo recibía sms de mi amiga Manal contándome nomadismo forzado que estaban viviendo. Cuando bombardeaban Rafah, al sur, viajaban a Gaza, al norte. Cuando bombardeaban Gaza iban a Rafah.
Un día bombardearon Rafah, donde tienen su casa, a unos 200 metros de la frontera. Los palestinos han excavado túneles a Egipto ante el bloqueo de Israel a la entrada de suministros básicos. El ejército israelí escupía fuego a la zona de los túneles con la excusa que había tráfico de armas. La familia Awad se metió en un coche huyendo de las bombas. Era de noche, viajaban lento, sin luces, el cielo estaba iluminado por las coreografías artísticamente circulares de los aviones y los flashes de las explosiones. En el coche iba una niña de un año llorando. El padre empezó a consolarla diciéndole que en Rafah estaban lanzando fuegos artificiales para celebrar la boda de una persona muy importante. La familia, para animar a la niña, empezó a cantar y gritar ante una imaginaria fiesta que estaba dejando casas destruidas y personas muertas.
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«A lo largo de la guerra nos movíamos sin parar ya que era la única manera de esquivar las bombas. Todas las fronteras cerradas, no había lugar donde refugiarse. Pero hubo un momento en que decidimos quedarnos, cansados de movernos. Eramos de las pocas familias de Rafah que nos quedamos. Dentro de casa se vivía otra guerra, tanto o más dura que la de las bombas, la guerra de sobrevivir, la guerra de minimizar el agua, la guerra de no lavar, la guerra de no ir al lavabo por restreñimiento, la guerra de inventarnos mil maneras para comer dignamente sin que hubiera nada a nuestro alrededor. La guerra no es sólo morir sino cómo sobrevivir a la vida cotidiana. El cuerpo se deforma rápidamente y te vas sintiendo como un muerto. No te sientes humano.»
«En la última noche el bombardeo fue espectacular, rabioso, irracional. Recuerdo como F-16 disparaban sin parar ni un momento. Estábamos sentados en el suelo y parecía que en vez de tierra hubiera agua.» (Manal Awad)
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«De repente acabaron los bombardeos. Cogimos el coche para ir a Gaza. Al viajar tomábamos consciencia de lo que había pasado. Y ocurrió una catársis. En el coche había puesto un cassette del grupo palestino Sabreen que homenajeaba los niños muertos en la Intifada («Death of the Profeth»). Empezamos a cantar sus temas y cada vez más llorábamos y gritábamos. No podíamos creer lo que había sucedido.» (Manal Awad)
RUINAS (enemigos internos)
«La metralla de este edificio ¿es del ejército israelí?»
«No, eso son disparos descontrolados de las luchas entre el Hamas y Fatah»
La operación «Plomo fundido» añadió ruinas a las ruinas. A las ruinas creadas por la disciplina y constancia destructora de Israel. Y a las ruinas creadas por los enfrentamientos entre líderes palestinos de los partidos mayoritarios, el Fatah y el Hamas.
Después del desalojo de las colonias recuerdo que hubo un breve periodo de raptos a extranjeros (poco habitual en Palestina). A lo largo de la carretera que cruza la franja se desplegaron milicias de dos colores: las del Fatah que vestían de azul, y las del Hamas que vestían de negro. No había coordinación entre ellas sino voluntad de control del territorio. Poco después estalló una guerra interna cuyo único objetivo único era el control del poder. Los tiroteos eran descontrolados, hasta el punto que muchos palestinos les temían más que a los ataques israelíes, mucho mas controlados.
«Siento mucho miedo ante estas luchas. También siento miedo ante los ataques israelíes pero sus disparos y sus bombas son controlados. No hay realmente daños colaterales, cuando muere un niño o una mujer es que han decidido matarlos. Pero los disparos entre palestinos no tienen control y todo puede ser objetivo. Los cristales de mi casa están llenos de disparos porque cerca hay militantes del Fatah.»
«En estos momentos siento vergüenza de ser palestina. ¿Cómo voy a pedir a la comunidad internacional que me defienda de los israelíes cuando nos estamos matando entre los palestinos?» No le daba la razón a mi amiga Manal. Las luchas internas, segregadoras y sangrientas dividieron Palestina en dos: Cisjordania controlada por el Fatah y Gaza controlada por el Hamas. Unas luchas grotescas que nada tienen que ver con la población palestina. Su único objetivo es el poder, y están dividiendo a una población que socialmente nunca ha estado (significativamente) dividida.
Actualmente la situación ha es dantesca por parte de ambos partidos. Unos se persiguen, torturan y asesinan a los otros impunemente creando una falsa división entre palestinos. En las ciudades y en los campos de refugiados de Cisjordania empezaron a multiplicarse check points para detener a miembros del Hamas. Desde entonces los check points israelíes empezaron a rebajar su tensión ya que el Fatah ya hacía el trabajo sucio: se encargaba de detener a la resistencia. También hizo el trabajo sucio en las manifestaciones que se organizaron en Palestina cuándo hubo los bombardeos en Gaza. Las fuerzas del orden del Fatah en Cisjordania las ilegalizaron, y detuvieron a decenas de manifestantes. En su congreso plurianual el Fatah concluyó que su principal oposición era el Hamas. No Israel, que al parecer ya era su aliado.
El Gaza las historias la población cuenta historias sobre detenciones y torturas del Hamas a miembros del Fatah escalofriantes: amigos visitando a miembros apalizados del Fatah que, a su vez, también han sido apalizados por visitarlos; detenidos a los que han volado las rótulas disparándolos por detrás de las piernas. Poco a poco imponen leyes sociales ultraconservadoras que afectan sobretodo a las mujeres. También se dan situaciones ridículas como le ocurre a Iman Awad, hermana de Manal. Ella es contable empleada por la Autoridad Palestina, por lo tanto su salario viene directamente de Ramallah, la sede central. El Hamas le exigió que jurara su fidelidad o que dejara de trabajar. Actualmente no trabaja pero si recibe su salario, desde Ramallah, que controla el Fatah.
MUJERES FEROCES
Estoy con Manal y con su amiga Iqtimal, dos mujeres feroces de Gaza. Siempre han sido dos mujeres fuertes, independientes, hasta desafiantes y transgresoras en su entorno de Gaza. Mujeres trabajadoras, extrovertidas, habladoras, que anteponen sus decisiones personales a las obligaciones sociales (la más visible, aunque no necesariamente la más importante, es no llevar velo).
Iqtimal es divorciada. Manal es soltera. Iqtimal es una fumadora empedernida, ríe escandalosamente, sus bromas son provocadoras y responde a los halagos con respuestas sexuales, sin tapujos. Manal es superpresumida, y calcula mucho a su interlocutor para lanzarse a bromear, pero sus coqueteos en confianza no son habituales en las mujeres palestinas. Iqtimal es provocadora y retante. Manal es romántica, en su cabeza vive historias de amor. No les faltan habilidades seductoras pero no les interesan las relaciones con los hombres de su entorno.
Mujeres admirables. Transparentes. Sinceras, con la verdad por delante. Mujeres fuertes. Mujeres débiles. Demasiado sinceras para ser fuertes. Han decidido quedarse en su país, luchar por su país y por su familia, en esa doble cárcel para ellas. La cárcel física de unos km2 que crea la ocupación israelí. Y la cárcel moral del asfixiante conservadurismo religioso, que con el dominio del Hamas se ha convertido en insoportable.
MUJERES ENCERRADAS
Las tres hermanas de Manal sufren también esta doble cárcel.
En la familia Awad no existen cárceles internas; son contrarias a su idea de familia. El padre, en vida, nunca tuvo imposiciones patriarcales, actitud que ha heredado el único hermano. La aún madre nunca ha impuesto restricciones sociales a sus hijas, nunca les ha pedido si se van a casar ni les ha sugerido que se cubran con un velo, viviendo en una campo de refugiados ultraconservador como el de Rafah. A mi me invita como el amigo de su hija, sin intenciones de casarme.
Las cuatro hermanas son solteras, de 30 a 45 años, que en Gaza significa ser ya vieja para casarse, incluso para gustar. A diferencia de Manal, sus tres hermanas viven y sufren su situación desde el silencio de su casa, sin apenas contacto con el vecindario, con el campo de refugiados, con la ciudad, con la misma capital Gaza. Ellas no son extrovertidas. Además no hablan inglés y les cuesta tener relaciones externas, en una región aislada por Israel, especialmente vetada al paso de los árabes.
Manal sí es extrovertida, y habla inglés. Su elección no es menos dolorosa: se relaciona con un mundo exterior casi inalcanzable, de amistades que la vinculan sentimentalmente a muchos países, pero que tiene que mantener por teléfono o Internet. Israel difícilmente da permisos de entrada en Gaza.
La casa de la familia Awad es un microcosmos con su propia vida interna. Aislada de su entorno es un mundo feliz, ahí fluye la libertad de vivir y de expresarse con libertad y fluidez. Pero es también un mundo dolorosamente cerrado a un exterior hostil.
PERMISOS
Gaza está cerrada a cal y canto por Israel desde hace muchos años. El sueño de un palestino de Cisjordania es ir a Gaza, y el sueño de uno de Gaza es ir a Cisjordania. A menudo mueren enfermos que no han podido ser tratados en hospitales de Gaza pero que no han podido salir porque Israel no ha dado permiso para cruzar la frontera. Una estrategia fascista de castigo colectivo, de un país que pasa por demócrata.
La familia Awad me contó tres veces que obtuvo permisos en los últimos diez años. Dos de ellas fueron gestionados directamente por ONG internacionales. Una vez el hermano tuvo reuniones de trabajo en Ramallah por la mañana, dejando la tarde para cumplir uno de sus sueños: ir a la ciudad de Nablus a comer el dulce más famoso de Palestina, el knafe. Otra vez Manal tuvo permiso para viajar a Jordania, que desde Gaza es de paso obligatorio por Israel, entrando por la carretera ocupada que va al Mar Muerto y pasa por Jordania. Fue un momento absolutamente emocionante en nuestra amistad en la que por primera vez pudimos comer hummus y pollo en la animada plaza central de Jericó.
El tercer permiso lo obtuvo su tía mayor, de 75 años, a tratarse en un Hospital de Jerusalén, muy débil por una enfermedad en la sangre. El gran sueño de su vida era volver a su pueblo original de la que fue expulsada en 1948 por el naciente estado de Israel y sus milicias sionistas. Su pueblo sufrió el mismo destino que todos los pueblos palestinos en Israel: fue destruido. Pero ella recordaba perfectamente dónde estaba, los bosques, los árboles, las casas, las plazas… las ruinas del pueblo estaban en una explotación agrícola cerrada a cal y canto. Tuvieron que entrar clandestinamente, saltando vallas.
Recogieron un jarrón de cristal lleno de arena. Arena de su pueblo original, de su pueblo destruido, de su pueblo inexistente. Lo tienen en la mesa de su casa, como una joya preciosa.
NAKBA
La población de Gaza es, en parte, el resultado de la Nakba, la limpieza étnica en Palestina de 1948 cuando se creó de Israel. Allí hay los campos de refugiados más poblados y tal vez los más rebeldes de Palestina. La familia Awad es originaria de Abu Shusha, cerca de al-Lydd (en Israel, Lod). Shukria, la madre, recuerda todos los detalles de la limpieza del pueblo.
«Recuerdo bombardeos diarios y asesinatos a los que se resistían. A las diez llegaban los soldados sionistas al pueblo (sionismo es el movimiento que desde el s. XIX reivindicaba una tierra para los judíos), cogían a unos cuantos, los dejaban en un descampado y les decían que se fueran andando. Mi padre fue de los que se negó a abandonar el pueblo. Lo mataron. Más tarde cercaron y encerraron completamente el pueblo durante tres días y no nos dejaron comer. Finalmente, a punta de pistola, nos expulsaron a pie, desde Abu Shosha a Latrun (a unos 50 km.) en el límite de la actual Cisjordania. El éxodo fue una locura. Yo tuve que hacer el recorrido sin zapatos. Otra partió con su hijo recién nacido pero a lo largo del camino enloqueció, y al final ya no reconocía la criatura que llevaba. Otra salió ya enloquecida y llevaba una almohada como si fuera su hijo…»
RUINAS (sin techo)
Abu Shosha, el pueblo original de la familia Awad, fue destruido. Con él la casa. Fue la primera vez pero no la última que Israel demolió su hogar.
En mayo del 2004 Israel llevó a cabo otra de sus innumerables operaciones de castigo colectivo, esta vez en la frontera con Egipto. Le pusieron el poético nombre de «Operación Arco Iris». Fueron 7 días de imparable destrucción de edificios en el campo de refugiados de Rafah. Asesinaron a 44 palestinos , demolieron 400 casas, y causaron daños estimados en 8 millones de dólares (según Al-Mezan Center for Human Rights). El argumento era «por razones de seguridad», y se argumentaba el paso de armas en túneles que conectan Gaza con Egipto y la búsqueda de resistentes palestinos. En realidad Israel estaba preparando una área de control en toda la periferia fronteriza y en una franja de centenares de metros, y Rafah tenía el inconveniente de estar pegado a la frontera, casi en conexión directa con el Rafah egipcio.
La familia Awad perdió su casa, si previo aviso. Lo perdió todo. Un año más tarde, en el hueco de su casa demolida, Manal me contó cómo ocurrió:
«En esta esquina de ahí había nuestra casa, y a su lado había cinco más que también fueron demolidas. Los israelíes llegaron sin previo aviso con el buldózer, desde el otro lado de la calle, demoliendo primero las otras. Este es el muro que conectaba nuestra casa con la vecina. De ahí saltaron mi madre, mi hermana y mi tía de más de 80 años. Casi mueren aplastadas por su propia casa que estaba siendo demolida por el ejército israelí. Teníamos un jardín con un árbol en la parte trasera de la casa, desde el que saltaron hacia la casa de los vecinos. Algunos vecinos sacudieron banderas blancas pero no servía de nada. No imaginábamos nada justo antes, no podíamos pensar que demolerían nuestra casa. Había toque de queda con disparos y helicópteros por todas partes y la gente no se movía por la calle.»
«En estas ruinas que ves aquí estaba la entrada, aquí la habitación de invitados, aquí la habitación de mis hermanas, aquí la mía, aquí el lavabo, aquí la cocina, la sala de estar, aquí el comedor y aquí el pasillo al patio donde este limonero cortado fue también arrancado. Argumentaban que buscaban resistentes. Pero esta casa de enfrente pertenece a líderes de la Jihad Islámica, máximos enemigos para Israel, y no demolieron su casa. En cambio sí demolieron la nuestra, que claramente no somos un peligro para la seguridad de Israel. Pero somos palestinos, eso es todo. A sus ojos todos somos un peligro ya que deberíamos ser expulsados de nuestro país y terminar el trabajo que empezaron en la Nakba. »
«Una de las cosas más tristeza nos da haber perdido es un mueble que yo construí, dentro del cual íbamos dejando recuerdos familiares. Lo perdimos todo. Los muebles, la casa, y los recuerdos. Y nuestro mueble de recuerdos. Todo. Alguien toma la decisión de destruir tu memoria, tus recuerdos. Tu vida. Aunque sea una casa muy sencilla, te pertenece. No sólo porque ahí está tu memoria, sino porque es el espacio donde decides tu vida… es tu casa. Y de repente viene alguien y destruye el espacio de tu vida y de tus recuerdos. Las cosas que más quieres. Destruye en tiempo que pasamos juntos con la familia, donde comíamos, jugábamos, veíamos la TV, nos peleábamos… Es una sensación difícil de contar. Más de 30 años de vida. Vine aquí cuando tenía 4 meses. Ésto es la vida, la vida aquí en Gaza.»
AREA BUFFER
La casa de la familia Awad fue reconstruida años después de su destrucción. No la pagó Israel (nadie le pide cuentas por sus destrucciones) sino el departamento de refugiados de las Naciones Unidas (UNRWA). Israel destruye, «por razones de seguridad». El mundo paga, «por razones humanitarias».
La casa está en el barrio de Brasil en Rafah, y cercana a la zona límite de la franja de Gaza objetivo de Israel en la «Operación Arco Iris»: el corredor de Philadelphia. Philadelphia es una área buffer. Es una franja de terreno que no tiene ninguna función, en la que no hay exactamente nada, sólo algunas casas, muchas destruidas, y terrenos vacíos llenos de chatarra, ruinas etc. Pero su condición fronteriza hace que sea el barómetro de Gaza.
En el 2005 me paseé en coche por esta área. Con prudencia, lentitud. Era arriesgado. Un paraje demolido y tiroteado, que se parecía al de cualquier ciudad bombardeada en la postguerra (Kabul, por ejemplo). Ante su enorme muro metálico fronterizo había decenas de torres con soldados que vigilaban y disparaban a sus habitantes y a cualquier vehículo que se acercara. Los niños se habían acostumbrado a jugar en las ruinas, a veces evitaban los disparos, a veces eran asesinados. Había una escuela de personas sordomudas que tuvo que ser abandonada. Dispararon y mataron a varios alumnos que no oían los avisos acústicos que mandaban los soldados.
Los túneles estaban ahí. Pero a partir del 2007 y 2008 han crecido espectacularmente debido al bloqueo israelí. Desde el 2007 Israel lleva a cabo una guerra menos espectacular pero más cruel, e igual de ilegal: el castigo colectivo. Se ha sacado las colonias pero las fronteras son controladas de forma más férrea. No entran productos básicos de alimentación, gasolina, materiales de construcción, productos médicos. Aumentan las enfermedades crónicas, los enfermos que necesitan insulina no tienen suministros, se dan numerosos casos de muertos por falta de medicación. Todo a capricho de Israel. Por las calles empiezan a multiplicarse los burros y los caballos, arrastrando fatigados a familias enteras subidas a un carro; están poco acostumbradas a ser bestias de carga. En las tiendas los zumos de frutas, el arroz o las cajas de leche de marca israelí son substituidas por desconocidas marcas egipcias o africanas.
El hermano de Manal me acompañó a los túneles a través de unos contactos de la zona, puesto que pasearse por allí sin contactos era peligroso. Es una zona de mafias controladas por el Hamas, crecidas de la necesidad, pero en las que la corrupción, la explotación laboral de cerca de 16.000 trabajadores, muchos de ellos han trabajado en las colonias y ahora están en paro. También la explotación de menores (hasta puntos inhumanos) es cada vez más escandalosa.
Los túneles crecieron de la necesidad, y han creado un suculento negocio para las mafias y especialmente para el Hamas, amo y señor de la franja. Hay unos 1.000 o 2.000, no se sabe muy bien… A lo largo de unos 500 metros agujerean un frágil suelo tiroteado, bombardeado y cubierto de ruinas. A veces hay 2 o 3 niveles de profundidad. El suelo parece un queso gruyere, a punto de hundirse por cualquier punto, y los trabajadores de los túneles viajan en motos, por el peligro de circular en coches.
Cada túnel, es un miscrocosmos, con sus estructuras, generadores de corriente, motores de arrastre, radiocomunicación, gente viviendo, cafeterías… Los negocios de ventiladores o las tiendas de madera crecen espectacularmente construyendo los pasillos. No sólo pasan productos básicos. También armas de fuego, dinero, coches a piezas… La leyenda popular sobre los túneles ha crecido: se habla del paso de animales para la ganadería o para en zoo de Rafah, o de parejas de árabes magrebies y palestinos creadas por Internet y cruzando a través de los túneles.
El bloqueo estructural de Israel a Gaza incita a la creación de los túneles. El Hamas se aprovecha y genera de la absoluta necesidad de la población una industria corrupta y clandestina. Hasta el punto que no se desea que Israel abra los pasos de mercancías. El negocio se cortaría. Como siempre los palestinos y las palestinas son los primeros perjudicados de la industria
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El Ministro de Asuntos Exteriores de España Miguel Ángel Moratinos, firma el 11 de junio del 2010 un comunicado dónde dice que: «debemos asegurar mejor las necesidades humanitarias de la población de Gaza, ahogar la economía mafiosa de los túneles, pero también aportar garantías de que esto no vendrá acompañado de un recrudecimiento del tráfico de armas y del flujo de grupos terroristas a Gaza.» Israel, en todo el documento, casi no tiene responsabilidades.
Todo la declaración es una muestra del cinismo, la burla y la ausencia de respeto hacia la población de Gaza de la Unión Europea y del Gobierno Español. Se intenta poner a un mismo nivel los crímenes y castigos colectivos a m¡les y miles de personas del gobierno israelí, con los ridículos gestos de desafío pseudoviolento del Hamas. Aún peor, parece que la payasería belicista del Hamas sea lo más peligroso de la zona.
Al final es una actitud de lamida del culo al estado de Israel desgraciadamente habitual en la política española, en una desesperada necesidad de liderar otra pantomima de «proceso de paz» en Palestina. Un proceso que como siempre desprecia las víctimas, centenares de miles de palestinos y palestinas. A pesar de un castigo colectivo a más de un millón de personas encerradas en una gran cárcel, de 1400 muertos en 2008-2009, de 14 activistas humanitarios asesinados en pleno mar en 2010 o declaraciones de auténtico fascismo político por parte del embajador israelí en España como: «Qué son 14 muertos con la cantidad de gente que muere en las carreteras españolas.» Esta clase de engendros políticos pueblan nuestra clase política y son la cara de la opinión pública. Una actitud que no va en nuestro nombre.
… al igual que la ridícula clase política palestina no representa un pueblo que ha demostrado sobradamente su capacidad de resistir en su vida diaria a la ocupación.
AEROPUERTO
Mi amiga Manal es arquitecta de formación. Me enseña un antiguo edificio diseñado por ella, en los límites del sur de Gaza. Es una dependencia administrativa de estilo funcional y con motivos de arquitectura local. Esta construido a medias. No pudo acabarse. Me enseña el resto del edificio, los halls, y las puertas de embarque a los aviones del aeropuerto de Gaza, en Rafah. Hay vigilantes protegiendo una construcción inútil desde su inicio. El aeropuerto de Gaza nunca ha sido utilizado ya que en dos ocasiones Israel bombardeó sus pistas. Pagadas, por supuesto, por la Unión Europea, que es lo que mejor sabe hacer: pagar y callar.
La entrada Norte de Gaza es un complejo fronterizo de cárcel de alta seguridad, la metáfora más clara del apartheid que Israel impone a Palestina.
La salida Sur es una magnífica metáfora del destino de la población de Gaza, de la población de Palestina. Un aeropuerto que conecta a ningún sitio.
Junio 2010
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Sopori i Rainu, gurú i deixeblessa. Estabilitat i interculturalitat de la cultura índia
Poesia sufí i música clàssia índia
Fa un temps vaig viatjar a la Índia durant dos escassos mesos. No tenia referents del país, només sabía el que em deien els meus sentits. Em movia per Delhi, Varanasi, Mathoura, Dheramsala o Agra per intuïció. Veia la Índia com un immens continent, amb milers de facetes, pobles, tradicions. Però també veia un país amb una gran unitat territorial i històrica. Els indis i les índies tenen la certesa i l’orgull de saber que són part d’una cultura mil·lenària. Per damunt dels xocs entre cultures i dels conflictes polítics hi ha la sensació d’estar integrats a la cadena d’una historia unitària.
La meva visió era la d’un flipat més que vol veure una Índia que sols està a la seva imaginació, portat per la borratxera d’imatges, olors i persones del país?
Em vaig centrar en la música, per provar d’entendre els mecanismes culturals del país. De la gran quantitat de concerts que vaig veure el que em va deixar més petjada va ser el de la jove cantant de Jammu Ragini Rainu. El seu cant càlid i enorme, no semblava tenir principi ni fi, i no semblava voler portar-nos a cap lloc concret: érem els oients els que elegíem fins on ens portava.
Es tractava d’un concert de música clàssica índia, és a dir música d’origen hindú. Però ella cantava poemes sufís, és a dir musulmans. A més la Rainu no és ni musulmana ni hindú sinó sikh, una altra religió present a la Índia. Encara hi havia més: cantava una tradició sufí anomenada kharana, del Caiximir, una regió malauradament coneguda per ser el punt de separació i de conflicte entre la Índia i el Pakistan, entre una Índia hindú i un Pakistan musulmà… Això són els fets històrics i els motivants polítics, però aquesta realitat és molt més complexa, i a la Índia no sembla que els conflictes religiosos hagin de xocar necessàriament en les manifestacions culturals.
«M’he especialitzat en música clàssica índia, canto poemes sufís, i jo sóc sikh. Però la poesia sufí parla de l’amor universal. Va més enllà de la ortodòxia religiosa per agafar un sentit humà, i és aquest sentit el que m’impulsa a practicar-lo. El sufí del Caixmir no parla del conflicte entre la Índia i el Pakistan i jo tampoc no en parlo. Jo parlo de l’amor a ànima, l’amor ho és tot, i les barreres religioses no tenen importància.»
El gurú (mestre) de Rainu, Pandit Bhajan Sopori, del Caixmir, és reconegut com un dels grans mestres del santur, instrument de corda percutida que Sopori diu que va néixer a la seva regió. Ell ha ensenyat a Rainu les tradicions sufís del Caixmir, i m’explicava la clau d’aquesta complexitat.
«Les ragues son les estructures musicals de la música clàssica índia, d’origen hindú. Els maqams,en canvi, són estructures musicals de la música musulmana, a l’Àsia Central. La poesia sufí cantada té relació amb els maqams, però a la pràctica, al Caixmir, els ragues s’han convertit en maqams i són el mateix. Les arrels de la música del Caixmir eren tant fortes que només es va substituir la poesia, però les característiques musicals són típicament caixmirs i no va canviar el llenguatge. La tradició continua però en una forma diferent: és la raga amb poesia anagala sufí . Sota el concepte sufí hi ha la música clàssica índia.»
A la India tot dóna la mateixa sensació: quelcom la unifica i l’estabilitza dins de la seva complexa diversitat, com si un substrat mil·lenari anés molt més enllà dels conflictes entre grups humans o religions (malgrat existeixen). El passat no és quelcom inseparable del present, no hi ha una ruptura radical sinó que en forma part.
La raga: estabilitat i improvisació
Quan parlem de música clàssica europea ens remetem a 300, màxim 400 anys enrere… A la Índia es remet a centenars d’anys, amb instruments i sistemes que quasi no han variat. Però, per què essent quasi mil·lenària sempre és nova? Perquè sempre forma part del present? És el propi sistema musical el que ho explica.
Ragini Rainu no és l’alumne de Pandit Bhajan Sopori, ni Sopori el seu mestre: la Rainu n’és la deixeblessa, i en Sopori n’és el gurú. Què vol dir això? En la música clàssica Índia l’intèrpret construeix la música a cada nou concert seguint l’esquema de la raga, una estructura bàsica i estable des de fa centenars d’anys. El compositor treballa amb l’esquema de la raga, que és el 10%, però la improvisació és el 90%. L’intèrpret ha d’aprendre a crear la música en cada nou concert. Per això el gurú no és algú que ensenya les tècniques sino l’actitud, la personalitat creadora. El deixeble és l’herència, la perpetuïtat humana i creativa del gurú.
«La música índia no està escrita, l’aprenentatge funciona escoltant i repetint el gurú. El seu aprenentatge és tot un sistema social, un ritual d’adopció, ja que ets acceptada per un gurú i després adoptada per la seva família amb la que vius durant el teu aprenentatge. Aprendre a partir d’un gurú vol dir que no sols aprens música sinó la seva personalitat. Crea un ser humà.» (Ragini Rainu)
«La música clàssica índia és el 90% improvisació. I aquesta és la seva riquesa. Avui puc tocar una raga per el públic general, i demà tocar-la de nou de manera completament diferent per estudiants o per experts. La improvisació ho fa totalment diferent. Però la raga sempre és la mateixa.» (Pandit Bhajan Sopori)
El sistema de les ragues i el del seu aprenentatge amb la improvisació, van ser per mi una revelació per entendre els mecanismes de la cultura índia i el seu caràcter estable. Segle a segle les estructures i els instruments poden ser invariables, però en això no hi ha cap problema ja que la música sempre és nova: els intèrprets sempre són nous. Les cultures, les religions poden sobreposar-se com a capes, però la base de les ragues, i de la Índia és flexible, no s’imposa sinó que li exigeix que s’hi impliqui, perquè finalment és a ell o a ella a qui li toca la creació.
Agost 2010
Damasc-Tunis-Kabul
Damasc-Tunis
L’any 2010 vaig anar a Síria. Viatjant per Damasc, per Alep, per Homs o pel monestir de Mar Musa vaig viure sensacions paral·leles a les que anys abans havia viscut a Tunis, a Tabarka, a Kairouan, al Kef o a Sidi Bouzid. Mai vaig notar perill ni vaig sentir cap mirada d’hostilitat o d’ésser mal rebut pels seus habitants. Estava segur que mai em sentiria amenaçat a cap racó del país. Sentia que viatjava per una de les zones més segures i fàcils de moure’s que mai havia estat. Res no em feia conscient que estava a un país centre de conflictes.
La població d’ambdos llocs era oberta a la comprensió i a la discussió, i no semblava que visqués a un búnker tancat i segellat. Una sensació estranya… Jo ja sabia que a Tunísia governava una fèrria i asfixiant dictadura que penetrava en tots els racons de la vida quotidiana dels seus habitants. Però la sensació a Síria encara era més estranya ja que a més de ser una despreciable autocràcia el país semblava surar damunt d’aigües pantanoses: era el centre d’un conflicte internacional, enmig de dos estats tensos, poderosos i malalts d’arrogància com Israel i l’Iran. Síria era un país tranquil a l’epicentre de conflictes perillosíssims a escala internacional.
El que no podia sospitar és que a Síria i Tunísia esclatarien un temps més tard revolucions populars, una d’èxit fulminant (Tunísia) i una sagnant i complexíssima (Síria, una revolució l’èxit de la qual no interessa ni a l’Iran ni a Israel).
Tunis-Kabul
A l’abril del 2002 vaig viatjar per primer cop a Kabul, quatre mesos després de la invasió de l’Afganistan pels Estats Units i de la caiguda del règim Talibà. Al maig del 2011 vaig anar a Tunísia, quatre mesos després de la revolució que va fer caure el seu dictador Ben Ali. Als dos llocs la gent semblava viure una sensació similar: el país era desconegut fins i tot pels seus habitants. No sabien ben bé què fer amb les noves possibilitats que els donava el nou país. No donaven l’abast de fer tot el que durant tants anys no havien pogut fer.
A Tunísia la població no parava de fer concentracions de protesta o debats oberts en espais públics. Arrencaven els símbols de la dictadura precedent i no sabien com trobar temps per fer-ho tot al mateix temps: obrir noves publicacions, nous blogs, nous partits polítics… Bromejàvem dient que Tunísia era, actualment, un brainstorming (una pluja d’idees).
A Tunísia no sabem què passarà. Podem ser una mica optimistes amb la revolució ja que és un país on, malgrat la repressora dictadura, hi ha hagut unes bases fortes de construcció de la societat. Hi ha un bon nivell d’atenció sanitària, d’educació. Però cal ser prudents amb la transició…
de la ciutat
A l’Afganistan la població no s’acabava de creure que es pugui sortir al carrer sense trets, sense repressió. Em vaig passejar per qualsevol racó de Kabul, fent fotos sense reticències. Vaig creuar zones que sols uns mesos abans havien estat fronteres d’una ciutat microparcelada i destruïda per batalles brutals. Vaig visitar llocs públics que uns mesos abans havien vigilats per cruels guardians del puritanisme musulmà. Molta gent ens cridava al nostre pas “How are you!”, possiblement la única expressió en anglès que coneixien, però que necessitaven compartir. Als edificis ferits de bales i de parets enrunades estaven encaixades botiguetes de fruita o ferralla, o fotògrafs amb aparells antiquats. La gent encara no sabia com es feia això de viure en un país on ja no trobes la repressió o la mort a cada cantonada. Se’ls feia grossa la sensació de llibertat i volien abastar- la tota.
Aquesta sensació a l’Afganistan va ser temporal i fugissera, durà mesos, potser setmanes. Era un país on al llarg de 30 anys tot havia estat destruït: les cases, les famílies, les estructures polítiques, la justícia, la vida social o la vida íntima. El virus de la guerra havia penetrat per tots els racons, quelcom molt difícil de desempallegar-se’n. Però a més els EUA pactaven amb els criminals que uns anys abans havien destruït el país durant els 80’s o ens 90’s donant-los el poder (alguns dels mujaidins), mentre que el Pakistan deixaven que els dèspotes que havien segrestat el país als 90’s ressorgissin (els Taliban). Omplien l’Afganistan de tropes però ningú tenia la intenció de reconstruir-lo des de les seves bases.
Es cert que les similituds del que vaig viure als dos països s’aturen aquí, amb aquesta sensació de viure en un país nou i encara desconegut. Tunísia no coneix la guerra, ni el desordre, i si bé en caure la policia (lleial al dictador) ha caigut el nivell de seguretat, es irrisori comparat amb l’Afganistan, un país on tothom sembla haver-se posat d’acord per continuar destruint-lo i torturant-lo. Afganistan és un país on tot ha estat destruït. Tunísia, al contrari, té una base fortíssima a tots nivells per un canvi madur i seré.
