Categoria: TUNÍSIA, postals des d’un país tranquil
Era el país més tranquil del món. Fins que es va veure que la tranquil·litat era sols aparent. Fins que els seus habitants ens va demostrar que també podien fer una de les revoltes més sorprenents que hi ha hagut…
No me considero ni izquierdista ni feminista. Soy Zohra. Soy ciudadana.
Foto: Marta Ramoneda
Conocí a Zohra cinco meses después de la revolución tunecina. Fue en Kairuán, su ciudad natal en el centro de Túnez, una preciosa localidad de fuerte religiosidad al ser un centro sagrado del Islam, que tiene un joven movimiento de ciberactivismo entorno a “Radio Kairuán”, muy activo durante la revolución (y también posteriormente) con blogueros como Mohammed Rammeh o Zohra Ben Khoud. Ella tenía entonces 16 años y la influyente bloguera Lina Ben M’heni la invitaba a publicar sus escritos en su página “Une femme tunisienne”
Zohra es excepcionalmente lúcida teniendo en cuenta su edad, pero es también un ejemplo de una generación nacida y criada bajo el régimen de Ben Alí fuertemente comprometida con las libertades y el cambio en su país. Es una generación que relevó a toda una anterior que estaba anclada en el inmovilismo. Una generación que abrió las esperanzas a que un cambio en Túnez desde dentro era posible. Una generación que supo usar los instrumentos de la era digital para difundir el descontento que iniciaron desde las calles los pobres y ayudar a que se produjera una revolución auténticamente civil.
A dos años de la revolución y a sus 18 años Zohra es totalmente crítica con la actual situación.
Empezaste muy pronto con el ciberactivismo y en plena revolución…
A pesar de ser muy joven yo también participé de la revolución a mi manera. Iba al instituto, y en el momento del recreo nos juntábamos para cantar canciones sobre la revolución. También estuve en manifestaciones organizadas por la UGTT (sindicato de trabajadores muy activo durante la revolución), o difundía información desde facebook.
Mi primer artículo lo escribí a los 16 años y hablaba de la laicidad (ver texto adjunto). Necesitaba dar mi punto de vista sobre el tema. Pero luego continué escribiendo ya que había otras cosas que iban pasando en Túnez y de las quería hablar como ciudadana… Conocí a Lina Ben M’heni, una de las blogueras más influyentes de Túnez, y le propuse publicar un escrito mío en su blog. Mucha gente lo leyó y continué publicando escritos hasta que Lina me propuso que creara mi propio blog. Lo llamé “La fleur de Kairouan”. Al inicio sólo me leían mis conocidos, que me felicitaban, pero yo no quería felicitaciones sino discutir abiertamente los temas que planteaba. Decidí desarrollarlo más creando una página facebook y dedicándome a promocionarlo. Pero yo aún me considero una bloguera porque no hablo de todo lo que ocurre en Túnez, como hace Lina. Además soy aún soy estudiante y todavía no soy capaz de hacerlo.
¿Crees que después de la revolución pueden llegar a perderse algunos de los derechos sociales que existían durante Ben Ali?
Primero quiero aclarar que no es gracias a Ben Ali que existían determinados derechos. Se dice que el gobierno de Ben Alí era laico pero esto no era así exactamente, y algunas leyes como la prohibición de la poligamia venían del anterior presidente Bourguiba y estaban fijadas en el Código de Estatuto Personal. Ben Alí sólo las confirmó.
Hay gente que ama Bourguiba por ser el líder que creó la Túnez moderna que cambió el país a nivel económico, político, social… Y sobre todo es un referente respecto a los derechos de las mujeres. Antes que él las mujeres no iban a la escuela, no tenían el derecho de trabajar o de pedir el divorcio a su marido. Pero con el Código de Estatuto Personal, Bourguiba valorizó el papel de la mujer en la sociedad tunecina que actualmente tiene el derecho a elegir su marido o pedir el divorcio. Y lo más importante, el marido no puede casarse con otra mujer.
Ahora tenemos miedo que el nuevo gobierno rompa esta situación. Estamos en peligro.
¿Qué ha ocurrido?
En la revolución la gente gritaba tres lemas: la libertad, el trabajo y la dignidad. Pero al día siguiente de la revolución empezó a hablarse de poligamia… Esto es lo más perturbante. Yo estuve en la revolución pidiendo estos tres derechos y que se fuera Ben Alí. Pero al día siguiente nos encontramos con gente que no participó en la revolución y que ahora habla de poligamia. Así por ejemplo se han organizado congresos en los que se propone que los hombres tengan el derecho a casarse con varias mujeres ¡Yo me siento en peligro!
La revolución ha creado la libertad de decir no a Ben Ali o no Rachid Ghannouchi sin ser detenidos por la policía. Pero algunos grupos como los salafistas (islamistas rigoristas y puritanos) han interpretado la libertad a su manera siendo para ellos la libertad de casarse con varias mujeres, de violar etc. Ahora… tengo la impresión que no hemos hecho una revolución. De que la revolución ha sido confiscada. No se ven los frutos de la revolución.
¿La situación ha dado un vuelco para convertir a las mujeres en víctimas…?
Ahora estamos en peligro. La mujer participó en la revolución como parte de la sociedad, no sólo como mujer. Y ahora, aun habiendo participado en la misma revolución, la mujer es excluida. ¿Por qué, si hicimos lo mismo como ciudadanas?
En la Asamblea Nacional Constituyente fue curiosamente una mujer la que remarcó que en el artículo 28 tenía que constar que la mujer es complementaria al hombre. Es decir que no hay igualdad entre sexos, y que la mujer es inferior y el hombre es superior. Esto provocó manifestaciones en la avenida Bourguiba de la capital. Y en cambio durante de las elecciones el partido gobernante Ennahda decía que estaba por la igualdad entre los dos sexos. ¿Por qué después se propone que la mujer es inferior al hombre?
Hace unos días violaron a una mujer y la declararon culpable por llevar ropa demasiado ceñida. ¡En vez de defenderla se la culpabiliza! ¡No podemos aceptar esta situación! Ennadha dice que está por la igualdad entre sexos, por defender todos los miembros de la sociedad sean hombres o mujeres, pero no hacen nada por defender las mujeres. Yo no soy feminista extrema sino que defiendo la persona que ha sido víctima.
¿Los eslóganes de la revolución tienen vigencia?
Hay gente que se centra en la libertad de expresión. Pero los problemas de la Túnez actual no se centran solo en la libertad de expresión. Los eslóganes de la revolución eran libertad, trabajo y dignidad social. Ya hemos conseguido la libertad, pero l trabajo y la dignidad social que son mucho más importantes dónde están? ¿Estamos contentos de la revolución sólo porque hemos conseguido uno de sus objetivos? Para mí hay que conseguir todos los objetivos, una revolución es un cambio total.
¿Te consideras izquierdista y feminista?
No sé si tengo el derecho de decir que soy izquierdista. Es un término que incluye muchas cosas y no siempre pienso como los izquierdistas. Tengo mi propia manera de pensar la izquierda. Tampoco soy feminista, si una mujer lucha por sus propios derechos no significa que sea feminista. El feminismo es todo un arte, se adopta un cierto comportamiento difícil de adoptar. Las feministas luchan por los derechos de las mujeres y ahí se quedan. Algunas luchan por los derechos de los hombres y hombres que lucha por los derechos de las mujeres. Es otra cosa. Yo soy Zohra. Soy ciudadana.
LA LAICIDAD EN TÚNEZ artículo publicado por Zohra Ben Khoud inmediatamente después de la revolución a los 16 años
En la época de Ben Ali, cualquier tema que tuviera una relación con la religión no debía ser debatido públicamente, era considerado tabú.
Pero, después del 14 de enero, nadie se quiere callar. Se habla y no se hace más que hablar. Incluso detalles sin importancia acaban siendo temas de los que todo el mundo habla. Sin embargo estos días de lo que se habla mucho es de islamismo y de laicidad en Túnez. Seguramente la extrema derecha y la extrema izquierda tienen un punto en común.
Algunos piensan que Túnez es un país laico, porque no se impone llevar el velo. Otros consideran que es un país islámico ya que la ley de herencia está directamente derivada del Corán.
Precisamente, yo creo que la cuestión de la herencia está lejos de dar a la mujer su verdadero lugar en la sociedad. Cuando se habla de poligamia, Bourguiba pudo usar una regla de la sharia (ley islámica) para que el hombre no pueda casarse con más de una mujer. Pero cuando se trata de la ley de la herencia desde la perspectiva de la igualdad de género, se nos dice que no se puede hacer nada bajo el pretexto de los versículos coránicos, ya que las disposiciones de Dios no se pueden discutir. Pero yo pienso, con mis pobres conocimientos, que es porque asegura la riqueza intelectual y material a la gente masculina, que esta ley de la herencia no se pone en cuestión. Y espero equivocarme…
Redeyef i la conca minera de GafsaJa fa dos anys de la revolució de Tunísia, la que va ser iniciar les “primaveres àrabs” i que ha estat popularitzada com el “14 de gener”. Encara no s’ha entès l’autèntica dimensió d’aquella emocionant revolta. Però encara menys es coneix que tres anys abans, al 2008, aquesta ja s’estava gestant a Gafsa, una governació desèrtica i pobre però rica en fosfats. Era la revolta dels miners del poble de Redeyef, i d’altres com Moularès, M’dhila, Metlaoui… Era el primer cop al llarg de la dictadura de Ben Alí que un poble sencer desafiava un règim que es creia totpoderós.
Gafsa ha estat oblidada per tots els governs des de la seva independència. A més l’atur ha anat creixent, passant d’uns 14.000 treballadors el 1980, a una 5.800 al 2016. Segons Hlaïmi Tarek, professor i un dels activistes de la revolta del 2008 a Redeyef: “la regió de Gafsa s’ha anat empobrint cada cop més. Depenem totalment de l’explotació de les mines per part de la Companyia de Fosfats de Gafsa (CFG) ja que no hi ha hagut ni hi ha inversions en altres sectors que la desenvolupin.” Per avarícia Ben Alí va exigir a la CFG d’invalidar un pacte no-escrit segons el qual es prioritzava la contractació de personal local, permetent reduir l’atur endèmic de la regió. Aquesta companyia, que és la principal explotadora de les mines de la zona i existeix des de principis del s. XX, és el principal centre de treball de la regió. Per mitjà d’un concurs públic falsificat (com era habitual durant Ben Ali) es volia avalar la contractació de personal de fora de la regió, reduint encara més la precària situació laboral de la zona.
La gent de Gafsa va arribar al límit. “ A partir del 4 de gener el poble va reaccionar- diu Hlaïmi Tarek-. Va arribar a comprendre que el problema era la mentalitat del règim de Ben Alí, incapaç de respondre a les necessitats de la població. Va esclatar una revolta en cadena de les associacions, al sindicat (UGTT) que fins al moment era proper al règim, fins als pobles propers… Durant sis mesos hi va haver marxes, assentades, xerrades públiques arribant fins a la confrontació amb la policia. Es volia fer una protesta pacífica, però la policia va acabar disparant, ferint i es va entrar en conflicte.”
La revolta de Redayef estava sòlidament organitzada i construïda des del propi poble. La seva originalitat es que per primer cop es va trencar el mur de la por que havia creat Ben Alí. Hofnaoui Ben Othmane, un dels activistes que van ser empresonats i actualment a l’atur explica: “És un dels millors moments que hem viscut: tot el poble sense excepcions es va revoltar per demanar l’alliberament dels militants presos: dones, ancians, estudiants… Va ser el primer cop que s’entrava en una vaga general il·limitada. Es va produir una treball d’igual a igual entre el poble i els militants. La gent assistia massivament i sense por a les xerrades que Adnane Hajji (el líder i sindicalista de la UGTT) feia cada diumenge a l’aire lliure denunciant la situació. La por en la que es basava el règim es va trencar, i això va ser clau per la revolució.”
Possiblement la revolució que es coneix de Tunísia, la que va passar de l’hivern del 2010-2011 iniciada al poble de Sidi Bouzid amb la immolació d’un jove, no hauria estat possible sense les revoltes prèvies de la conca minera de Gafsa. Bouslohi Muhammed enginyer de la CFG, diu “Per nosaltres Sidi Bouzid no és l’inici de la revolució. No hi ha una revolució que comenci del no-res sinó que es produeix una acumulació d’efervescències socials que preparen el terreny, i aquestes van començar aquí a la conca minera i concretament a Redeyef. Varem ser encerclats i no teníem cap suport extern, a més facebook i les xarxes socials no estaven encara desenvolupades, però ens organitzarem per crear un moviment nou. En aquell moment els militants van començar a comprendre les debilitats del règim, ja que malgrat semblés que era molt fort era, al contrari, molt feble. Era fort per sols per la policia i les tortures. L’haver viscut l’experiència de la conca minera del 2008 va donar energies a la revolució del 14 de gener.”
La sensació de cara el futur, però, no és optimista. Bouslohi Muhammed diu que “La revolució sols ha començat. Res més. Tunísia està en moviment però la troika que governa després de les eleccions no ha canviat res. El partit islamista al govern intenta ficar pertot arreu els seus militants creant una nova dictadura. S’han aprofitat tocant el sentiment religiós de la gent tunisiana per guanyar, però no tenen cap perfil polític. És l’antic règim amb vestuari religiós, res més.”
Vaig anar a Tunísia quatre mesos després de la “Revolució”, una revolta popular que va fer caure el dictador Ben Ali. En arribar a l’aeroport de Tunis, vaig agafar un taxi i vaig demanar que em portés a la plaça 7 de novembre. El conductor va somriure: “Voldràs dir a la plaça Mohamed Bouzazi…” El 7 de novembre és una data autoproclamada per Ben Ali, quan va donar el cop d’Estat i va fer fora Habib Bourguiba, antecessor i pare de la república tunisiana. Mohammed Bouzazi era el jove de Sidi Bouzid que es va suïcidar desesperat davant la seu del govern a causa dels abusos policials, i va iniciar la revolució tunisiana.
A Tunísia havia passat alguna cosa més forta que la caiguda d’un dictador: els pobres havien estat en el primer pla de la revolta. Un màrtir pobre i anònim era homenatjat a la plaça principal del país. Vaig comprendre que la revolta tunisiana no havia estat la revolució digital que molts mitjans ens havien ensenyat, sinó una revolta dels pobres.
Una pila de factors van coincidir però de forma simplificada hi podríem veure tres nivells:
– Una revolta dels pobres, en un moment d’esgotament per la descarada corrupció de la família del president, quan l’economia estava caient i l’atur pujant, especialment en zones deprimides com Gafsa, Kasserine o Sidi Bouzid.
– Una difusió a través de les xarxes socials, un efecte inesperat per al govern que fins al moment tenia un ferri control d’uns mitjans totalment oficialistes. Els i les ciberactivistes generaren una contrainformació alhora que una mobilització de la gent, i van aconseguir implicar un jovent que fins aleshores semblava aletargat.
– Un suport intel·lectual de l’advocacia, forta coneixedora dels mecanismes de tortura i repressió a l’oposició política, que va ser present a les manifestacions i va donar una credibilitat intel·lectual a les revoltes.
A Sidi Bouzid va esclatar la revolta, on el nivell de pobresa augmentava, fent créixer l’èxode cap a les grans ciutats. La història de la família de Monia, una amiga meva, dóna una radiografia d’aquesta situació. Originària de Sidi Bouzid, viu en un dels barris més desestructurats de Tunis, cité Helal. Les filles han llaurat el seu futur mentre que els fills no: ella és agroeconomista al Ministeri d’Agricultura, però el seu germà Rachid s’ha dedicat a traficar amb droga:
“El meu germà Rachid ha estat expulsat dels estudis pel seu mal comportament. El meu pare diu que no es vol fer càrrec d’aquest delinqüent, que no l’obeeix mai. He descobert que posseeix droga i he pensat a denunciar-lo, però he descobert que la ven a la mateixa policia o als funcio- naris del Ministeri de l’Interior. O sigui que el denunciaria al mateix circuit que compra la droga. He pensat d’enviar-lo a treballar, a Sidi Bouzid, on el pare encara té un fragment de terra, però ell no hi té cap interès. Fins i tot he pensat a matar-lo”.
2. Ciberactivistes
Ben Alí, a més de repressor i corrupte, va ocultar la pobresa del país mostrant una falsa imatge de desenvolupament. La jove ciberactivista Zohra Ben Khoud de Kairuán m’explicava que, amb la revolució, va descobrir quin nivell de pobresa hi havia al seu país, sobretot per la informació penjada pels blocaires a les xarxes socials, que van ser un element molt important en articular una xarxa de contrainformació i convocar mobilitzacions espontànies a través dels flashmobs:
“Abans es venia la imatge d’un país desenvolupat. La cadena nacional de televisió i ràdio ens enganyava i mai no vàrem saber que hi havia un nombre tan alt d’aturats i una situació tan mise- rable en aquest país. Com que els periodistes oficials no feien els deures, els blocaires van fer la feina de retratar la realitat: Lina Ben M’heni, Hana Trabelsi, Slim Amamou, Fatma Riahi, Yassine Ayari, o Ali Bouzazi a Sidi Bouzid… Es desplaçaven al terreny, filmaven el que veien i i ho publicaven als seus blocs personals, a Facebook, Twitter… Abans de la revolució, Lina amb Slim i Yassine ja van organitzar una manifestació contra la censura el maig del 2010 al centre de Tunis. Slim Amamou va ser detingut i el bloc de Lina va ser censurat. Era habitual veure el número 404 a les pàgines d’Internet, que indica un error tècnic, però que a Tunísia significava que el lloc havia estat censurat”.
La blocaire Lina Ben Mhenni (//atunisiangirl. blogspot.com) ha publicat un llibre traduït al castellà, La revolución de la dignidad, on descriu d’aquesta història.
3. Advocats i advocades
Els primers sittings –que a Tunísia es fan des del principi de les revoltes, molt abans del 15-M– van tenir lloc a les zones més deprimides com Kasserine, Menzel Bouzaïene, Meknassi, Jebeniana o Sidi Bouzid. Des del primer moment s’hi van sumar l’advocacia, que va ser clau, ja que la seva presència donava una especial credibilitat a les revoltes.
Un exemple és Mohammed Abbou, molt conegut per ser un dels pocs advocats que Ben Ali va empresonar. Com que era un personatge reconegut i públic, ràpidament hi va haver una forta pressió del sector i també de la diplomàcia internacional:
“Els advocats érem l’única força organitzada i independent del període de Ben Ali, no n’hi havia cap altra… Ben Ali ens detestava. Per això vam tenir una importància a la revolució. La meva detenció va ser el 2005, quan vaig publicar un article anomenat “Ben Ali-Sharon”: comparava els dos caps d’Estat de Tunísia i Israel ja que els dos eren militars, especialistes a reprimir manifestacions i amb problemes de corrupció dins la seva família.
L’endemà ja vaig ser detingut per la policia, i vaig estar-hi més de dos anys. Les repressions de Ben Ali a les presons eren més fortes que les d’Abu Ghraib a l’Iraq, però jo no vaig ser torturat, ja que hi va haver molta pressió externa”.
4. Futur
A les primeres eleccions democràtiques fetes a Tunísia, ha guanyat l’única força que estava mínimament estructurada durant el règim, Ennahda. S’ha produït un daltabaix a gran part de l’activisme de la revolució. A les xarxes o mitjans socials hi ha una frenètica activitat on tot- hom es pregunta per què han guanyat els islamistes (amb incomptables acudits sobre el vel, per exemple). L’apunt que va penjar una amiga a Facebook (i que deixo com a anònim) ho exemplifica:
– Pfff..
– Fa fred?
– No encara… però les coses no es presenten massa bé per al país… un govern de MERDA! Que ens fotrà de nassos contra la paret… Pitjor que els barbuts, ho són els mega esquerranosos frustrats que només pensen a venjar-se! Crec que seria millor estar en un fred nòrdic que a 20 graus i en la situació d’aquest país! Brrrr
Aquest documental pren l’exemple de Tunísia, país àrab amb una de les legislacions més avançades en els drets de les dones, per a trencar aquesta visió tòpica de les dones als països musulmans. I més en concret a través de la complexa situació social de les dones d’àmbit rural, víctimes de la societat patriarcal i alhora potents agents de desenvolupament. El tema eix és la tensió que viuen les dones entre la voluntat d’emancipació i el pes de la tradició.
La legislació tunisiana a través del Codi de Família dins la Constitució té mesures com l’abolició de la poligàmia, la igualtat de drets davant el divorci o el respecte mutu davant el matrimoni (és a dir la no-submissió de la dona a l’home). Això ha permès que les dones siguin reconegudes dins les estructures polítiques, tinguin accés als mitjans de producció i en l’economia, i, sobretot, estiguin representades en un fort moviment associatiu. Això s’esdevé, amb dificultats, en els mitjans urbans.
En la vida rural però, els costums patriarcals i de predomini de l’home estan més arrelats que la llei. Tot i que el context tunisià permet que algunes dones puguin aprofitar el marc legal per a emancipar-se i per a generar en la seva emancipació un desenvolupament molt major que els homes. Molts homes estan estancats en hàbits patriarcals còmodes (per ells) frenant-los d’ésser motors actius de progrés i desenvolupament, a diferència de les dones.
El documental alterna la vida quotidiana d’una noia rural en el context de la seva família, la Ghalia, amb un viatge per diversos racons del país on es desenvolupen diverses converses amb dones i homes de diversa edat, condició etc.
Les imatges de la vida a la família de Ghalia van acompanyades d’una veu en off que llegeix les cartes reals que aquesta va escriure a un amic de Barcelona l’any 2001.
Les cartes de la Ghalia representen la voluntat de llibertat personal, d’autoemancipació, en un exterior hostil per la pobresa, la dificultat d’accés als mitjans i el pes de la tradició. I les imatges i converses amb altres dones tracten de la tensió entre la voluntat d’emancipació de les dones i el pes de la tradició en un context on la llei fomenta el seu paper en la societat.
La tradició pot ser vista com una amenaça al seu desenvolupament personal però també una condició que a vegades té punts positius.
El nom del documental “Silencioses i en Palaus” prové del film “Silencis en Palaus” de la directora de cinema tunisiana Moufida Tlatli on reflexiona sobre la condició de la dona en el context de la descolonització.
En el 14 de enero de 2011, una revuelta popular de 23 días hizo derribar una dictadura de 23 años. La revolución fue encabezada por los pobres, cansados de un injusto y corrupto régimen que a ojos internacionales era visto como el núcleo de estabilidad y paz del mundo árabe. En la revuelta participaron también mujeres, muchas mujeres. Pero, el suicidio «a lo bonzo» del vendedor de frutas Mohammed Bouzazi de Sidi Bouzid y las posteriores revueltas en regiones deprimidas como Kasserine o Gafsa (o en Redayef en 2008) corren hoy el riesgo de quedar olvidadas en una transición en la que ya casi no se habla de los pobres.
Rafika, una chica joven de Sers, en la gobernación de Kef, me escribía en 1999: «Te hablaré de mi vida. He quedado sola en casa, justo cuando llega el invierno, ya que mis dos hermanos se han casado. Tendré que ocuparme yo sola de la casa: de hacer y cocinar la comida, de preparar el pan de tavona, de lavar la vajilla, la casa y sobre todo de ocuparme de las vacas. A pesar del cansancio me siento fuerte porque me gusta trabajar para levantar la familia.» Sers es un pueblo rural del noroeste del país, una de las zonas pobres y olvidadas por las políticas de desarrollo de Ben Alí que priorizaba la zona costera oeste, y una parte del norte. Ella era una chica con fuerte iniciativa, que luchaba como podía para hacer rentable la producción lechera de las dos vacas que le habían otorgado un pequeño crédito. Pero la falta de un contexto de desarrollo no le permitía hacer milagros.
Era también independiente y con una visión autónoma de las relaciones. «En relación a las bodas quiero que sepas que la mujer tunecina es libre de tal manera que es ella la única responsable de su vida, y ella sola toma la decisión de casarse; para nosotros el amor es lo más importante.» Pero Rafika vivía en una contradicción. Por un lado, las políticas diseñadas por Habib Bourguiga en 1957, cuando en la independencia creó la moderna República Tunecina, y continuadas por Ben Ali, defendían la emancipación y el empoderamiento de las mujeres -Rafika era fruto de este empoderamiento- pero en la práctica estas leyes no redefinían la cultura patriarcal existente. Tanto ella, como gran parte de mujeres tunecinas estaban mentalmente liberadas pero en un contexto conservador. Así, Rafika vivía una historia de amor imaginada, con un chico andaluz que había conocido en un campo de voluntariado entre españoles y tunecinos. «Yo quiero un hombre que trabaje como yo. Yo busco un amor como Fernando, porque los hombres de aquí no buscan el amor. El hombre que busco no existe en Túnez, no busco un hombre tunecino porque no creen en el amor, en cambio los españoles sois muy fieles. Yo imagino mi vida con él aquí, en mi pueblo, en mi casa, con mis vacas.»
En la vida íntima de muchas mujeres tunecinas de zonas empobrecidas hay una tensión entre su voluntad de emancipación y una «huída mental». Como consecuencia buscan estímulos externos a su entorno y a su país. En una ocasión la Rafika me escribió: «le he enseñado una foto tuya a Anissa, una amiga de Sers, y me ha pedido si puede ser amiga tuya y mantener correspondencia. Le he dado tu dirección.»
Al cabo de unos días a Anissa me escribió esta carta: «Querido, he terminado hace dos años mis estudios en economía internacional y todavía estoy en el paro en mi región. Me apasiona mantener amigos de diferentes nacionalidades para descubrir otras civilizaciones y discutir con personas de diferentes mentalidades. Quiero conocer personas de otros países a través de la correspondencia y transmitir nuestras ideas sobre el mundo, ya que no tengo oportunidad de viajar. Rafika me ha dicho que tú trabajas para ayudar a las regiones pobres de nuestro país y eso me parece increíble, ya que pienso hay demasiada gente que sólo piensa en destruir la humanidad. Esta vida está llena de contradicciones: amor y odio, paz y guerra, ricos y pobres, fuertes y débiles, y cada uno intenta resistirse como si viviéramos en una jungla donde dominan las leyes de los fuertes o los débiles.»
La microhistoria nos cuenta mucho sobre la macro-historia: las historias íntimas de las mujeres tunecinas de zonas empobrecidas nos explican cómo los procesos políticos y sociales impactan a la microhistoria. Las leyes progresistas en temas de género apoderaron las mujeres de Túnez, y esto se hacía patente en su participación en la vida pública. Pero también en el plano personal se producía un choque entre las mujeres, que mentalmente se habían emancipado, y los hombres, aferrados en su fortaleza patriarcal. El interés de Bourguiba y de Ben Alí era la oficialización del feminismo para tener las mujeres como aliadas, no el cambio estructural de la cultura patriarcal. En zonas rurales esta tensión era irresoluble.
Hablaba hace unos meses con varios blogueros y blogueras que habían participado de las revueltas en Túnez, y me decían que fue entonces cuando descubrieron la pobreza de su país. El gobierno de Ben Alí, cuánto más corrupto se volvía más enmascaraba esta situación. En su caída el panorama se ha vuelto abierto y complejo: la pobreza se ha hecho evidente aunque no sea claro que sea la beneficiaria última de la revolución. Las mujeres activistas no-oficiales (como las blogueras por ejemplo) se han hecho mucho más activas, pero los ultraconservadores religiosos (los salafistas) se están extendiendo sin control.
En 23 días de revuelta popular espontánea, han caído 23 años del gobierno de Ben Alí en Túnez. 23 años de mordaza, de control de todo, de un gobierno pensado para y por el presidente. Ha caído también el estilo de régimen autoritario que construyó su antecesor y padre del Túnez moderno, Habib Bourguiba.
– Creo que ahora es el momento de hacer un viaje a Túnez, visitaros de nuevo. Ver con mis ojos todo lo que ha ocurrido, esa revolución social que nunca hubiera esperado- comento a un amigo tunecino.
– ¡Bienvenido! Pero ven cuánto antes, y con los ojos cerrados. No vaya a ser que los abras y te des cuenta que sólo ha sido un sueño.
Agradecimientos
No. Yo no imaginaba ni de lejos que en Túnez todo un pueblo podría levantarse contra el sátrapa que lo había tenido secuestrado durante tantos años. Levantarse contra toda la estructura política y el clientelismo social que tenía montado. Mi amigo Mohsen me comenta que nadie en Túnez lo imaginaba, ni siquiera una semana antes del suicidio del desesperado vendedor de frutas Mohamed Bouzazi en la localidad de Sidi Bouzid, tras ser abofeteado por una funcionaria municipal que le pedía dinero para poder seguir vendiendo en su pequeña tienda.
– Pero al final va a resultar que tendremos que agradecérselo al anterior dictador, Habib Bourguiba. Su gobierno fue una férrea dictadura de partido único sin libertades sociales. Pero sus políticas reforzaron una sociedad civil laica y con alto nivel de educación. Él creó las condiciones para que la gente se levantara civilmente, en vez de dejarse llevar por otros potenciales dictadores.
País tranquilo
… pero cuando fui a Túnez por primera vez nada me advirtió lo que me encontraría. Túnez era el caramelo árabe de la industria turística y el socio mimado de los países europeos que muy excepcionalmente elevaban una crítica al férreo gobierno absolutista y personalista de Ben Alí.
Túnez, el país árabe tranquilo, amable, de gente hospitalaria y abierta, nada fanática, de bonitas playas, desiertos y ruinas romanas…
Una capa de silencio opresivo ahoga esa imagen de un país fácil y seguro, de gente abierta que facilita la estancia al visitante. Una capa fina y transparente, invisible, pero impenetrable.
Por todas partes una vital necesidad de florecer y comunicarse. Por todas partes un silencio implosivo, autoimpuesto. Casi sin mordazas (si están no se ven, ya que están entre rejas), mas bien con las lenguas cortadas.
En este texto acudo a mi memoria personal sobre como fui descubriendo poco a poco esa Túnez asfixiante de la dictadura de Ben Ali. Escribo en presente, sobre cómo fui levantando cada capa de los mecanismos del poder absolutista hasta descubrir que al final de la cebolla no existía nada. Un absolutismo que se ha evaporado, porque sólo lo formaban capas de pura ambición de poder…
Guías
Las guías turísticas son la carta de presentación de la mayor parte de visitantes de un país, su imagen. Muchas veces son también un buen sismógrafo de las percepciones internacionales erróneas. La primera vez que fui a Túnez llevaba la «Footprint Handbook» de 1993, una guía de calidad aceptable. Estaba editada 6 años después del «golpe de estado médico» que en 1987 llevó al poder a Ben Ali, un momento en el que ya estaba clara su deriva dictatorial. Pero la guía casi no indicaba nada de ello: «President Ben Alí has genuine popular support and, once the Islamist threat seems dimmer, he might move Tunisia more towards a democratic structrure of government, assisted in this by the country’s tightening economic and diplomatic contacts with EU.» Estos contactos europeos no parecían muy interesados en democratizar Túnez. Ni siquiera los medios de comunicación estaban por la labor de romper el silencio sobre lo que ocurría en Túnez.
La guía Michelín de 1998 dice que Ben Alí «introduit rapidement des réformes démocratiques» o que después de las elecciones de 1994 «a réussi jusqu’au présent à contenir la progression des islamistes en maintenant sur eux une pression qui touche également l’opposition modérée incarné par le Mouvement des Démocrates Socialistes.»
La guía Trotamundos en la edición española del 2000 era absolutamente ambigua, citando que Ben Alí «democratiza poco a poco» (entre comillas en la guía) y que «el pluralismo político no sólo es posible, sino que además es un imperativo dictado por el grado de madurez alcanzado por el pueblo tunecino…» Y más adelante dice: (entre comillas por cita) «Ben Ali dirige el país de forma rigurosa, sin oposición alguna. Los integristas musulmanes no tienen un espacio en el panorama tunecino. El partido en el poder es todopoderoso. Los resultados económicos son buenos. En el ámbito social, cabe destacar la creación de un fondo solidario nacional financiado por donaciones voluntarias destinado a la realización de infraestructuras en las zonas desfavorecidas.»
En esos momentos Ben Alí ya era denunciado abiertamente por organizaciones de derechos humanos. Yo había visitado el país multitud de veces y no era difícil descubrir, rascando la superficie de silencio, su absoluta falta de democracia. Las guías turísticas también parecían dispuestas a dar una imagen suavizada y ambigua de un dictador que actualmente el pueblo ha decidido expulsar. Las guías cedían incluso al chantaje del propio Ben Alí usando los islamistas (para mi difícilmente calificables como «integristas » en el caso tunecino) como «cortina de humo». Y destacando sus grandes logros económicos, que han sido el motivo inicial de la revuelta actual, y su solidaridad social.
Ojo del estado
El primer síntoma visual de que algo extraño ocurre con el presidente es su fotografía omnipresente en todas partes. En el aeropuerto, de entrada al país. En el salpicadero del taxista. En las grandes avenidas de la capital, a tamaño gigante. En los carritos con ruedas llenos de frutos secos y tabaco de las minitiendas por la calle.
Entro en un café Internet del zoco de la capital y, aparte del obligatorio póster de Ben Alí, advierto que hay muchas páginas web que no puedo abrir. Al preguntarle al dueño del establecimiento si la red funciona mal me contesta, sencillamente, que en Túnez no se puede entrar en algunos sitios web. Un amigo que me acompaña me mira sonriente. Me pregunta: ¿sabes lo que es Internet en Túnez?… Internet es el ojo del estado. Se va, sin dar a pie a continuar la conversación, seguido de una discreta sonrisa de complicidad del dueño del local.
Silencio
Voy a tomar té de menta con piñones en un pequeño café de un pequeño pueblo rural, una simple agrupación de casas llamada douar. La gente tunecina es de fácil comunicación, y les encanta conversar. Les pregunto por qué hay retratos de Ben Alí, si es una obligación o es un acto espontáneo de la gente. En general la respuesta es elusiva, ambigua, se sienten incómodos. Dicen que nadie está obligado, que el presidente es muy votado, que lo vota un 99% de la gente, pero no quieren darle más vueltas al tema.
Cuando insisto sobre cómo es posible que alguien tenga el 99 % de los votos, que esto es literalmente imposible, despachan el tema diciendo que yo vivo en un país rico y que en Europa es todo mucho más fácil. Acto seguido me preguntan sobre fútbol, sobre el Barça. Tema del cual, además de no tener ni idea, no me interesa ni lo más mínimo.
Cuando muchos de ellos se han ido se acerca un chico y me advierte: «Habla de fútbol, de turismo, de lo que quieras. Pero no insistas en hablar de política. Hay oídos por todas partes. Hay bocas por todas partes. Nos encantaría hablar pero nunca sabes cuándo qué oído podría oírnos y que boca podría denunciarnos.»
Líderes y ONG
Voy a Túnez para poner en marcha las actividades del proyecto de una ONG. Acudo a un taller de participación democrática con un grupo de jóvenes de la zona de Sers. Estamos en plenos juegos preparativos. Nos dividimos en tres grupos y tres personas de la organización hacen de líderes de cada uno de los grupos, comportándose cada uno de forma diferente. El primero da instrucciones y no deja participar al grupo, es un líder dictatorial. El segundo resuelve los problemas por consenso, es un líder democrático. El tercero deja opinar y discutir, pero decide lo que le da la gana, es un líder autoritario. Al discutir sobre cuál de los tres líderes es democrático no hay consenso, pero casi todos dicen que es el tercero. Según la mayoría de ellos, la democracia se basa en poder votar, aunque finalmente decida el líder, ya que cuando el líder decide por consenso lo consideran un líder totalmente débil.
Uno de los jóvenes había asistido a sesiones de formación organizadas por el propio gobierno en las que el líder democrático era una cosa, pero en la práctica se da cuenta que el líder democrático era otra cosa. Se pregunta cuál de los dos es el correcto, el teórico o el práctico. El gobierno tunecino ha jugado siempre a este doble rasero. Practica una política social y se atribuye la palabra democrático simplemente para esconder líderes, asociaciones, movimientos, e ideas de un sistema absolutamente dominado por el poder único, por la más absoluta autocracia.
Cuando el grupo de jóvenes se reduce a unos pocos podemos hablar en la intimidad. Reconocen que en Túnez las ONG existen, pero son una extensión de las políticas del gobierno. Nunca representan la sociedad civil ni la transformación social. Existe el partido, único, el único autorizado para diseñar las políticas sociales del país, y eso se hace a través de las ONG. Las ONG son organizaciones del gobierno usadas para implementar sus políticas sociales y en especial para la captación de votos en las zonas rurales. No existe en Túnez la voluntad popular. Sólo el gobierno, que es igual al partido único, que es igual al poder en todas partes.
Algunas ONG internacionales, incluso españolas, que financian proyectos en Túnez saben que sus ONG son extensiones del gobierno, que financian la estructura de la dictadura de Ben Alí. Las que no lo hacen trabajan casi en la clandestinidad… Yo mismo he oído cínicas argumentaciones a los socios de las ONG españolas que trabajan en Túnez, diciendo que las clases medias en algunos países son las portavoces de transformación social, aunque esas tengan que estar en la estructura del poder. Algunas ONG son meras estructuras de gestión económica y en muchos casos legitimadoras de las políticas de confusión de algunos gobiernos dictatoriales.
El sistema
Paseamos por el paseo marítimo de rocas con las olas chocantes en Tabarka. Mis amigas Jamila y Monia trabajan en una ONG, que dada su dependencia del régimen de Ben Alí habría que llamarla OG (Organización Gubernamental). Las dos quieren hacer un cambio en su rumbo profesional. Jamila está harta de servir indirectamente al poder. Quiere trabajar en una ONG algo más independiente, de enfoque inter-árabe, llamada ENDA. Se sentirá menos colaboracionista. Monia, en cambio, quiere trabajar en el Ministerio de Agricultura.
Las dos provienen de familias relativamente humildes. Pero la de Monia es más desestructurada pues vive en los barrios marginales de Túnez. Necesita un futuro seguro, y se está planteando afiliarse al RCD (Ressamblement Constitutionel Démocratique), el partido único guiado por Ben Alí, su brazo político. Monia no quiere quedarse fuera del sistema. Está confundida políticamente, porque sabe que el gobierno de Túnez tiene ventajas sociales.
Ella es un ejemplo: es mujer y de un barrio muy pobre, y aún en ambas condiciones Monia ha podido desarrollar su carrera de agroeconomista porque en su país las mujeres tienen oportunidades, y las clases bajas también. Desde que se proclamó su independencia el fundador de la Túnez moderna Habib Bourguiba impulsó un código de familia que establece mecanismos para la igualdad y la promoción social de las mujeres. El modelo de país se inspiró en el estado del bienestar de la república francesa, con lo que hay políticas sociales que garantizan una cierta protección social en salud y en educación. Pero creó también una férrea dictadura en la que no existían otras voces que las oficiales, de manera que fuera imposible crear sociedad civil.
Jamila no aprueba para nada la opción de Monia. Pero la comprende. Jamila me cuenta que en Túnez hay solamente «El Partido». Que es igual al gobierno, que es igual al presidente, que es igual al «Sistema». Todo pertenece al «Sistema». Nada escapa al «Sistema» (o sea al presidente). Es una trama complejísima, que no solamente incluye toda la red de políticos (de ministros a pequeños alcaldes rurales) o a miles de policías, sino a toda la gente que hace de chivato del sistema, al control desde Internet (el «Ojo del Estado»). Hasta el sistema de corrupción social depende del «Sistema» ya que por ejemplo el hermano de Monia trafica con droga a través de la policía, que es el gran aparato del estado de Ben Alí. Todo es el «Sistema», si no entras en él sencillamente quedas marginalizado. Según Jamila esa era la razón por la que hay un 99% de votos al partido de Ben Alí en las elecciones.
Por esa razón mi amiga Monia, menos comprometida contra la dictadura de Ben Ali que Jamila, se plantea afiliarse al RCD. Para poder entrar como funcionaria del Ministerio de Agricultura. Pero sobretodo no quedar excluida del «Sistema». O te integras en el «Sistema» o sencillamente quedas excluido de todo. Porque Todo es «Sistema».
Es cierto que Monia tiene sus dudas respecto a lo que es y lo que no es democrático (no muy distintas a las que pueda tener mucha gente en España, claro), pero su punto de vista es más complicado que el de Jamila. Es tunecina, y quiere (y debe) moverse en los márgenes que le da su país. Además debe tomar parte activa ya que ella, originaria de un barrio marginal de la capital, sabe que debe luchar por el desarrollo de los barrios marginales. El Túnez rural tiene unas políticas de desarrollo claras, pero ¿qué ocurre con la marginalidad urbana? Estar en el partido es la única manera de tener una parte activa en el país. El partido es una oportunidad y es una limitación a la vez. No es lo deseable pero es lo real. Monia se pregunta: «¿Son las ideas del partido o sus las personas las que no son buenas?»
Chistes
Existen multitud de chistes sobre Ben Ali. Sólo se cuentan en ambientes íntimos:
«Ben Ali hace el amor con su esposa, pero él se agota antes que ella tenga un orgasmo. Llama a uno de sus sirvientes para que le abanique y deje de sudar, pero ni siquiera abanicándole ella logra tener un orgasmo. Ben Ali no reconoce su impotencia y le pide al sirviente que cambien los papeles: él le enseña como abanicar, mientras su sirviente le hace el amor a su mujer. Finalmente ella tiene el orgasmo él le replica: ¡¡Lo ves hombre, así se abanica!!
Islamistas
Otra tarde en el café del douar. En vez de hablar de política y de fútbol me aproximo hablo de otro tema a los hombres que toman té y café “J’aime beaucoup la musique tunisienne et arabe”. Emocionados me preguntan “Tu connais Oum Kaltsoum?” (la gran diva árabe de Egipto). “Oui mais j’aime aussi Saliha et Lotfi Bouchnak” (grandes mitos de la música de Túnez). La aproximación es directa, infalible. A partir de aquel momento cada día me hacen una sesión de músicas regionales…
Pronto me doy cuenta de la interpretación que a ojos tunecinos tienen determinadas músicas. El raï, por ejemplo, no es para ellos una evolución de sonoridades oranesas en los extrarradios franceses, sino una expresión de modernidad enfrentada al islamismo. Esto ocurre en un país donde el gobierno dictatorial toma la lucha contra el islamismo como bandera de laicismo. En un país donde, todo hay que decirlo, el partido islamista es relativamente moderado. El chantaje ideológico del islamismo funciona. Así, por ejemplo, el asesinato del cantante argelino Cheb Hasni supuestamente a manos de islamistas es recordado con rabia y lágrimas.
En otra ocasión respiro en el café del douar una tensión fúnebre en un ambiente normalmente alegre. “Les integristes… une autre fois. Ils ont assassiné Lounès Matoub”. Matoub era sobre todo un líder musical de la causa amazigh (bereber) y las razones de su muerte aún no están muy claras, aunque la versión oficial e interesada del gobierno argelino es que había muerto a manos de los integristas. Para los tunecinos la causa de la muerte es la misma que el asesinato de Hasni, y supone un grito de denuncia contra el islamismo radical.
En el 2009 en Túnez les pregunto a mis amigos por el contundente informe de Amnistía Internacional publicado en el 2008 «En nombre de la seguridad» en el que denuncia sin pelos en la lengua los abusos del régimen de Ben Alí contra presos políticos, especialmente islamistas. No saben absolutamente nada, la web de Amnistía Internacional es inaccesible. El informe no es el único que esta organización ha elaborado sobre Túnez, pero si el más largo. Su contenido es estremecedor dejando clarísima la falta absoluta de independencia del poder judicial, ayudando en ocasiones a ocultar los casos de detención por incomunicación o de desaparición forzada. En estos casos se aplican torturas como golpear las plantas de los pies, colgar el preso de los tobillos o en posturas forzadas, introducirle la cabeza en un cubo de agua sucia, descargas eléctricas o abusos sexuales. En muchos casos son presos que han sido repatriados a Túnez de otros países como Italia, Estados Unidos, Francia, Luxemburgo etc.
Control
En la revolución del pueblo tunecino contra su dictador en diciembre y enero del 2010/11, hubo momentos de violencia. Era causada por la parte más siniestra de régimen de Ben Ali, la policía. Éste nunca dio ningún papel específico al ejército, reducido al mínimo. Pero la policía era el órgano de poder por excelencia, con unos 30.000/130.000 efectivos en el 2005 (según Sadri Khiadri) en un país de unos 9 millones habitantes. Eran los leales del presidente, su órgano de terror y poder que temían más que nadie a la revuelta popular. Ben Alí optó por multiplicar el control social a pequeño nivel, casi a la ciudadanía normal, más que a las estructuras como el ejército: chivatos, policías, representantes del partido en todas las organizaciones civiles, pequeños alcaldes etc… Chivatos y policías son indistinguibles. Hasta policías y traficantes de drogas son indistinguibles. A veces la policía reprime amparada por leyes aleatorias que eluden a conceptos vagos como «atentado contra la imagen tunecina…»
RCD
Los Congresos del partido único, el RCD, constituyen en Túnez verdaderos fenómenos sociales seguidos por gran parte de la población. En el congreso de 1998 se cuentan chistes sobre el mismo que explican perfectamente el contexto político del país. Por ejemplo se cuenta que una vez un hijo pidió a su padre bañarse con él. La bañera se llenó completamente de agua y el niño resbaló, pero pudo agarrarse al pene de su padre que impidió que se ahogara. Con su madre no se hubiera salvado. En Túnez, políticamente, hay que asegurarse políticamente tener un buen padre con un buen pene al que agarrarse antes de morir ahogado en el panorama del país. En el Congreso de 1998 parece que hubo ciertos cambios inesperados que hizo que muchos hijos políticos quedaran despistados, sin pene al que agarrarse.
Periódicos
La portada del periódico tunecino Le Renouveau del 9 de junio del 2.000 abre con un mensaje de la «Unión Tunecina de Agricultura y Pesca» en la que agradecen el gran interés del jefe de estado por las preocupaciones de los agricultores, y expresan que están dispuestos a seguir los objetivos del programa electoral del partido del gobierno. En la portada hay tres fotos, dos de ellas del presidente Ben Ali. En el periódico del 9 de agosto de 1998 hay una foto, por supuesto de Ben Ali, en la que se habla de una justicia equitativa y eficaz bajo su mandato.
Un amigo periodista me habla sobre los tres únicos periódicos que existen en Túnez. Le Renouveau, es el órgano del partido al poder (RCD) y La Presse es el hermano de Le Renouveau. En efecto casi todas las portadas de La Presse tienen también la foto del presidente, y también tomando al azar dos ejemplares hablan en el 30 de julio de 1999 de la fiesta de acogida en la Gobernación de Nabeul del presidente en visita y sus extraordinarios planes para dinamizar la región; y el 5 de junio del 1998 habla de la gran mutación futura de la Gobernación de Mahdia en ocasión de la visita que hizo del jefe de estado.
Mi amigo comenta que el tercer periódico es el primo de Le Renouveau. Le Temps, «independiente» según subtítulo también tiene fotos del presidente en casi todas sus portadas, y en el número del 3 de agosto del 1998, por tomar un ejemplo, habla del gran éxito del Congreso del RCD, de una impecable organización y de su gran calidad. La única diferencia de este periódico es que da más espacio a noticias internacionales en su portada.
Buscando una diferencia entre «el órgano del partido, su hermano y su primo», sólo encuentro una: en la última página de Le Renouveau no se publican fotos de mujeres como Claudia Schiffer, Salma Hayek, Natalia Estrada, o Pamela Anderson… Pero no logro encontrar otra diferencia, nada de nada…
Sociedad civil
Siempre pensé que Túnez era un ejemplo de país con la sociedad civil muerta. O más bien asesinada. La primera vez que fui a Túnez fue en el 1995. La última vez en el 2009, y creí ver exactamente el mismo país inmóvil, sin cambios… Pensé que Túnez, como Jordania, como Siria, como tantos países, era el ejemplo de un país sin sociedad civil. A pesar de ser una sociedad madura, dialogante, con pocos fanatismos, absolutamente preparada para la democracia, pensé que no había sociedad civil. Eso creí.
Mi amiga Jamila estaba de acuerdo conmigo. Cuando el 13 de enero de 2011 dimitió Ben Ali después de una revuelta social completamente inesperada hablé con Jamila: «Entonces, ¿estábamos equivocados?». «Estábamos equivocados -confirma Jamila.- Olvidábamos que la sociedad tunecina es una sociedad madura, dialogante, con pocos fanatismos, absolutamente preparada para la democracia, y que esto es sociedad civil. Las propias políticas sociales que Bourguiba diseñó (y Ben Alí continuó) han preparado una sociedad que ha optado por dejar de ser una dictadura. Pero hay otra cosa a tener en cuenta: el Sistema era una complejísima red, pero dependía de un pilar central, el Presidente… si eliminas el presidente todo el sistema montado tambalea y cae.» Es decir, cuando quitas todas las capas de la cebolla no queda nada.
«Además la estructura de control que se creó en Túnez estaba pensada para una estructura social de la época de Bourguiba, como mucho por una como la del 1987 de la entrada de Ben Alí. Pero no para hacer frente a las redes sociales e Internet. Su solución era controlar el acceso a Internet, cosa que ya casi es imposible. Nunca se pensó como un grupo de hackers internacionales como Anonimouspudiera bloquear los ordenadores centrales del gobierno o que Factbook tuviera el efecto inmediato de extensión social.»
Feminismo de estado
La «Oficialización de Todo» tiene impacto especialmente en las mujeres. En el momento en que empezaron a emanciparse, en un país que oficialmente se lo permite, solo pudieron hacerlo desde lo oficial. No había otro espacio. El feminismo es la carta de presentación bonita y barata ante cualquier gobernante que quiere parecer simpático a la comunidad occidental: sólo tiene que aprobar unas leyes, poner unas cuantas mujeres en ministerios poco relevantes y crear algunos centros para mujeres o centros de acogida y ya está… ¡ya se puede proclamar el estado paritario!
En países como Túnez la legalización de la situación de las mujeres está escrita desde la fundación de su estado post-colonial en un Código de Estatuto Personal (en 1957 se legalizan el derecho a formar asociaciones, el acceso al trabajo, a la planificación familiar y a la relativa igualdad jurídica). Además tiene medidas prácticas más o menos reales de aplicación. Así el estado tuvo de entrada las simpatías occidentales. Se creó un «feminismo de estado», que es casi lo mismo que asesinar el movimiento feminista (anular su poder transformador).
Algunas de las asociaciones feministas que conozco (no las de base, las que trabajan sobre el terreno) financiadas por ONG españolas, están más preocupadas por la inauguración de sus centros de mujeres y la presencia de la Ministra de la Mujer (que de facto es la presidenta de la asociación) que por sus prioridades en el empoderamiento de las mujeres. Innegablemente hacen un trabajo, aunque sólo sea porque innegablemente el estado tunecino hace un trabajo respecto a las mujeres. Pero su preocupación básica es ser la cara visible y bonita de un estado autocrático.
Un artículo de Ihem Marzouki sobre la más gubernamental de las asociaciones, la UNFT (Unión Nacional de Mujeres Tunecinas), llega aún más lejos en su crítica: «la UNFT ha sido concebida como una correa de trasmisión para aplicar la política del Estado en materia de emancipación femenina. ¿En qué consiste esta política? Consiste en la afirmación absoluta y primordial de la institución familiar como célula de base de la sociedad. Esta célula debe ser un referente para cada miembro de esta sociedad ya que es a través de ella que se infiltra la idea de la preeminencia del Estado.» (Le mouvement des femmes en Tunisie, 1993)
Imposiciones
Cenamos con la familia de una de las dirigentes de la UNFT en Túnez. En el momento de la sobremesa pongo tímidamente en duda el carácter participativo y democrático del estado tunecino, sabiendo que me arriesgo. El hijo reacciona. Es la primera vez que veo alguien reaccionando cuando se cuestiona a Ben Alí; habitualmente se calla. Alude, como siempre, a nuestra arrogancia europea de democracias estables y consolidadas, sin ubicarse que en mi país durante 40 años la deriva autoritarista ha sido mucho más dura y criminal que en el suyo, y que nuestra democracia dista mucho de ser perfecta.
«La democracia es una dictadura que se nos impone desde fuera. Nadie desde fuera tiene derecho a meterse en las decisiones de los tunecinos y obligarnos a instaurar una democracia en un país. Para decidir esto hay que captar el alma tunecina, entenderla. Meterse en eso es injerencia. Cada pueblo debe saber cuando está preparado para la democracia y éste no es el momento de Túnez. Si hiciéramos elecciones completamente democráticas seguramente ganarían los integristas y eso ¿os gustaría a los europeos? Serían mucho más autoritarios, incluso sanguinarios. Hace pocos años que Ben Alí está en el poder, y ya se espera de él resultados. No está preparando el terreno pero hay que darle un margen de confianza, y tal vez sean sus hijos quienes hagan el cambio.»
Microelecciones
Todas las redes sociales tienen en su estructura interna un representante del partido único. Todas, sin excepción y desde todos sus rincones. Cuando no lo hay se impone o se ilegaliza la entidad.
Una de esas grandes ONG gubernamentales para el desarrollo rural, la «Unión Tunecina de Solidaridad Social», tiene una «Célula de Programas para el Desarrollo» que dentro de los estrechos márgenes legales y sin salirse de la oficialidad para no ser descartados, intenta aplicar ciertos criterios de desarrollo del tejido civil. Pero sus intentos de desarrollo protodemocrático casi siempre son frustrados por las autoridades locales del partido único.
Por ejemplo, en un proyecto forestal se ha creado una Asociación Forestal de Intereses Colectivos (AFIC) formado por la población local, y con criterios de supuesta representatividad colectiva. Presencio su formación, ejemplo de prácticas habituales de control del poder a pequeña escala. En la mesa de votación hay tres miembros del colectivo de trabajadores, el alcalde (por supuesto del partido) y un miembro del partido. Hay una urna para votar, pero no se usa, y todo se realiza a vista de todo el mundo. El voto no es secreto. Quien se oponga a algo se sabe públicamente quién es. La junta directiva ya estaba constituida y el voto abierto pide su confirmación. Por supuesto el presidente es un miembro del partido. Cuando se abre el turno abierto de palabras para los que se oponen nadie dice nada, por supuesto… los tunecinos y las tunecinas ya saben qué riesgos viven. Se cierra el AFIC con una junta con absoluta presencia del partido único votada por la totalidad de sus miembros.
Elecciones de la Henna
Entre conversaciones siempre en petit comité se cuentan mitos como el de las «elecciones de la henna». Se cuenta que en el recuento de los votos ocurrió como con la henna, polvo verde que tiñe de rojizo los cabellos o la piel: las papeletas verdes del partido de la oposición, por arte de magia, se habían convertido en rojas, color del partido de Ben Alí.
En los billetes y monedas, en anuncios o en monumentos públicos de Túnez vemos siempre una fecha mítica: 7 de noviembre de 1987. Ben Alí tuvo la desfachatez de proclamar una fecha hipotéticamente «clave» en el devenir de la historia de Túnez el día del «cambio». Ben Alí dio ese día un golpe de Estado «médico» contra un Bourguiba cada vez más faltado de facultades y con un entorno político desacreditado por sus constantes intrigas palaciales. Ben Alí fue astuto en ese momento para ganarse el favor internacional y el del país: derogó la condición de presidencia vitalicia que había impuesto Bourguiba y jugó a la apariencia democrática, convocando elecciones y legalizando partidos (incluso el partido islamista) o instituciones de derechos humanos. Una pantomima para ganar por todos los medios posibles las elecciones del 1989 con un 99,27% de los votos (y las de 1994 con un 99,91%) para paralizar y prohibir después el proceso en un camino de deriva dictatorial cada vez mayor. Hasta llegar a los extremos actuales, que han provocado su caída.
Estatuas y relojes
Las medianas o las rotondas de las carreteras tunecinas están llenas de unas horribles estatuas geométricas coronadas por un reloj, como la que se encuentra en la avenida central de la capital. Irónicamente estos engendros artísticos son una substitución de antiguas estatuas de Habib Bourguiba. Al parecer fueron cambiadas por Ben Ali al entrar en el poder. En el paseo central del pueblo marítimo de Tabarka hay, según se dice, la única estatua que aún queda de Bourguiba.
A la muerte de Bourguiba en el 2000 se crea un malestar muy fuerte ya que Ben Alí no ha declarado día de duelo nacional para el fundador del estado. La decisión ha tocado el corazón de mucha gente, ha sido un día muy triste. Especialmente en su tierra natal Monastir. Conozco un estudiante del país que me cuenta que ha visto manifestaciones de protesta, de auténtica cólera, reprimidas por la policía y silenciadas, arrinconando a los periodistas que asistieron sin poder tomar la noticia. La periodista de Le Monde Dominique Le Guilledoux escribe una tristisima crónica de esos funerales del silencio (11-04-2.000): «La journée n’est pas fériée, l’événement n’est pas retrasmis en direct par la télé. On murmure que des cars venus d’autres régions de Tunisie ont été réfoulés. On murmure seulement, on a peur de parler. Inevitablement, les policiers en civil s’approchent pour écouter.»
Para colmo de la ironía el cuerpo se ha transportado en el avión oficial llamado como el día que Bourguiba fue expulsado del poder, «7-novembre-1987». «Sept jours de deuil national ont été décrétés, mais aucun signe visible de ce deuil n’est perceptible.»
El sentimiento hacia el fundador del Túnez moderno es contradictorio. Por una parte se reconoce que fue el responsable del autoritarismo político del país. Pero también hay la consciencia de que Bourguiba fue un líder civil, a diferencia de Ben Alí que fue militar (y responsable éste de una de las más sangrientas represiones de la llamada «revuelta del pan»). Se le reconoce la responsabilidad de los logros sociales, muchos de los cuales no han sido continuados por Ben Alí a pesar de sus promesas al tomar el poder.
Al Jazeera
Los medios de comunicación hace tiempo que estaban preparando críticamente la sociedad tunecina. A finales de los 90 viajaba a menudo por toda Túnez, especialmente por las regiones rurales más deprimidas, y recuerdo que hasta losduras más pobres tenían antenas parabólicas para captar los canales televisivos internacionales. Se había creado un tráfico de parabólicas en la frontera argelina y se obtenían ilegalmente a precios baratos.
La cadena de televisión Al Jazeera cada vez tenía más impacto y sus debates sobre temas de Túnez eran puntos débiles que escapaban al control del estado. En abril del año 2000 ha estallado el asunto Ben Brik que se convierte en el héroe nacional anti-benaliano. Taoufik Ben Brik es un periodista más dentro de los que han sufrido los abusos del poder de un país al que lo que más le falta es libertad de expresión. O sea libertad de prensa. Ben Brik es uno de los tantos colaboradores en medios internacionales (en su caso La Croix, Le Courrier, etc.) reprimidos y encarcelados por contar cuatro verdades. Escribe un polémico artículo sobre la situación de los derechos humanos en Túnez. Me cuentan que la policía ha rodeado su casa en todo el barrio donde vive cortando cualquier contacto telefónico, por fax, Internet… Ben Brik se ha declarado en huelga de hambre durante más de tres semanas al ser confiscado su pasaporte. El caso Ben Brik ha sido ampliamente informado en la prensa francesa y ha sido de los primeros casos con repercusión internacional convirtiéndose en el popular «affaire Ben Brik». Con el boca a boca la población tunecina sigue día a día, a pesar de la falta de información o de estar intervenido Internet. Ben Brik tiene la ventaja que colabora en medios extranjeros, sino se hubiera podrido en la cárcel como cualquier periodista tunecino detenido.
También Al Jazeera, la cadena televisiva de Qatar se ha hecho eco del caso. En esa fecha ha organizado un programa debate sobre la libertad de expresión en Túnez que se ha convertido en el programa más esperado y visto en Túnez en ese mes, a pesar de los intentos del poder evitarlo. A la hora de su emisión las calles están vacías, como ocurre con cualquier emisión de fútbol importante: casi todo Túnez está tan atento al debate de Al Jazeera, el régimen no puede controlar que un una enorme cantidad de gente vea el programa.
Injerencias
En una cena con uno de los directores de las ONG con las que trabajaba el director carga contra la prepotencia de la crítica «occidental». Una crítica absolutamente tibia o, en el mayor de los casos, inexistente.
«Sociedades como la nuestra no pueden tomar el poder por vías democráticas así como así. No están estructuradas, ni educadas. Sería el caos. Existe el islamismo que siempre intenta tener el poder. Eso es propio de vuestras sociedades, basadas en la participación de la sociedad civil ya que vuestra sociedad está desarrollada. Pero intentar trasladar el modelo de participación de la sociedad civil a sociedades en desarrollo es un error. Nosotros necesitamos una estructura fuerte que controle y hacer los cambios poco a poco. Sino el peligro del integrismo está siempre cerca»
«Occidente ha criticado que Ben Ali no hizo un duelo a Bourguiba adecuado. ¿Quién tiene que contarnos a nosotros como se hace un funeral? Ben Alí no podía declarar un día de duelo nacional ya que hubiera sido usado por los integristas para crear revueltas. Además Bourguiba ya está muerto.»
Injerencia
El cambio actual de Túnez da un giro radical a la impunidad dictatorial de muchos estados que, tras él, se han ido sumando a los cambios. También da una nueva visión al prejuicio de las sociedades árabes, vistas como sumisas y dejadas llevar por la manipulación del islamismo. Da mucho que pensar sobre éstos prejuicios en España, un pueblo que en 40 años de repugnante dictadura no pudo articular este levantamiento. Los condicionantes eran completamente diferentes pero en todo caso el prejuicio sobre las sociedades en los países árabes debería replantearse radicalmente.
Y tener en cuenta que todo cambio no se produce de un día para otro y sin apoyo de la ciudadanía global. El concepto de «no injerencia en asuntos internos de los estados» ha llevado a situaciones grotescas. Por ejemplo a no impedir el crecimiento de sátrapas, dictadores o criminales al poder en países en los que la comunidad internacional sí está llenando de tropas militares o de suculentos negocios que dejan fuera de juego la sociedad civil del país. No «injerencia», siempre bajo intereses económicos o estratégicos… como si la sociedad civil de un país siempre fuera capaz de librarse de sus propios monstruos.
Lo que está ocurriendo es solamente un punto de partida y hay que estar alerta.
Los mensajes de mis amigos tunecinos son alentadores: «lo que ha ocurrido en Túnez es una insurrección popular, una revuelta popular… que la queremos transformar en revolución… Otra cosa es que la gran parte del aparato de Ben Alí está aún en el poder y no están dispuestos a dejarlo… No es fácil, entre el cambio con ruptura y el cambio dentro de la continuidad… Es una lucha continua.»
Pero hay otras respuestas como este enigmático y casi poético mail:
«Pienso que desde España no llegas a ni a imaginarte que este cambio extiende el poder del presidente. El círculo cercano al presidente crece más.»
Llego a Túnez. Viajo hacia Tabarka por una carretera del norte. El sol va cayendo. Quedo fascinado por un paisaje de bosques de alcornoques y de casas blancas. Me resulta conocido por mediterráneo. La vida se alarga sin solución de continuidad a lo largo de toda la carretera. Por todas partes hay pequeñas poblaciones, los duares. Hay pequeños puntos de venta de miel, de fruta o de artesanía en madera. Hay cafés o minúsculas tiendas donde se puede encontrar de todo (épiceries) y que parecen no cerrar nunca. Va cayendo la noche pero la vida no desaparece en un país inquietantemente tranquilo.
2
Mi amigo Lotfi me lleva a su locutorio en Bizerta. Chequeo mi correo electrónico y busco en internet alguna información sin éxito. La página web de vídeos youtube o la de la organización de derechos humanos Amnistía Internacional no se abren. Mi amigo se ríe cuando le pregunto si hay algún problema con la red. En voz baja, para no ser oído por los clientes, comenta: “¿sabes lo que es internet es este país? Es el ojo del Estado. Aún quedan inocentes que se creen que internet es la libertad informativa.”
De hecho me sorprendió que Lotfi, izquierdista y crítico con su país, no conociera el durísimo informe de Amnistía Internacional sobre la represión en las cárceles de Túnez. Ahora me doy cuenta que es imposible encontrarlo o descargarlo porque internet, en Túnez, está intervenido por el estado.
En la pared del local hay colgada una foto del presidente tunecino Ben Alí, la misma que hay en cualquier rincón del país, hasta en los pequeños puestos callejeros de frutos secos. Creo que esta foto no está aquí por las simpatías de mi amigo con el presidente…
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Hizaoui es un joven que vive en un duar de la zona montañosa de Aïn Draham, al noroeste, en una de las regiones más deprimidas del país. Trabaja en lo que puede para sobrevivir, en la construcción o en la agricultura. Es curioso y me pregunta muchas cosas sobre mi país que parece conocer un poco.
Me sorprende cuando me pregunta: ¿vous aimez le théâtre? (¿te gusta el teatro?). Él ve mucho teatro e incluso conoce algo de autores europeos como Molière. Hizaoui nunca se ha movido de su casa excepto para ir a Tabarka, a unos 30 km. Solamente una vez en su vida fue a Túnez como trabajador temporal en la construcción, y compartió piso con 10 chicos más en un barrio periférico. En su casa no tiene electricidad y él es un espectador compulsivo de teatro y música a través del televisor que funciona con batería. Hizaoui es poético y extremadamente sensible. Posiblemente sea un intelectual que ha nacido en un entorno equivocado.
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Jamila y Monia trabajan en Jendouba en proyectos de desarrollo rural. Jamila es una educadora social de mujeres originaria de Ain Draham. Monia es una agroeconomista originaria de un barrio marginal de Túnez (Cité Helal). Superan los 30 años, una edad en la que en Túnez, socialmente, ya deberían estar casadas.
Discutimos sobre amor y sobre sexo. Jamila es radical defendiendo su autonomía personal. Critica y huye descaradamente de la cultura patriarcal. Un posicionamiento que según comenta le ha distanciado de todas sus relaciones sentimentales. Sus parejas comenzaron aparentando progresismo y acabaron exigiendo control sobre su vida. “Estoy segura de lo que quiero pero veo que no cedo nunca en determinadas cosas, así que nunca encontraré el hombre de mi vida. Aunque tampoco estoy segura que quiera encontrarlo.” Jamila ríe cuando habla de sexo, de una manera totalmente abierta: “Imagínate, yo dando clases de sexualidad a los grupos de mujeres rurales y soy virgen. Pero… ¡he leído mucho sobre el tema!”
Monia también acepta que difícilmente va a encontrar el “hombre de su vida”. Ni loca se casaría sin amor. Pero para ella su prioridad es el desarrollo profesional y el apoyo a su familia absolutamente desestructurada, que necesita completamente de su apoyo pero que a la vez la presiona para que se case.
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Cualquier visita oficial o acto social en Túnez, por mínimos que sean, pasar por el rito de visitar al delegado del partido único: el Rassemblement Constitutionnel Démocratique. Es un rito absurdo de saludos cordiales y estereotipados cuyo único sentido es marcar terreno y demostrar que todo en la vida tunecina todo debe pasar por el partido.
Túnez es un país de tranquilidad inquietante, espantosa. Túnez se sume en un silencio asfixiante.
Habib Bourguiba, el líder de la descolonización, se inspiró en la República Francesa como base del estado moderno de Túnez. Pero a sus indudables logros sociales en educación, salud o derechos de las mujeres (incomparables a la mayor parte de los nuevos estados árabes), se le suma la represión política. Ésta ha sido continuada por Zidi Abdine Ben Alí, que en 1988 destituyó a Bourguiba cuando el país estaba sumido en un caos político. Con la excusa de democratizarlo, dio un “golpe de estado médico” ya que su argumento era la incapacidad mental de Bourguiba para gobernar. Túnez se convirtió aún más en un férreo estado del silencio.
Actualmente no hay críticas abiertas, sólo en grupos pequeños de confianza, porque la policía secreta está por todas partes y se cuenta a miles (aunque no hay cifras oficiales se habla de entre 80.000 y 130.000 policías en una población de unos 10.000.000 de personas). El colaboracionismo es la única manera de no quedar excluido del sistema. Todo es una pirámide social de delegados de los delegados del partido. Todo. Desde las estructuras del poder hasta las ONG (dirigidas por miembros del partido) o los medios de comunicación. Quien quiera formar parte de algún sector de la sociedad debe formar parte del partido, o al menos callarse, no expresar su voz propia.
Este silencio convierte a Túnez en un país espeso, impenetrable…
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Cuando Túnez se formó como estado moderno después de la descolonización en los años 50, Habib Bourguiba dictó un Código de Familia con toda una serie de leyes progresistas inspiradas en la República Francesa. Túnez era el único estado árabe que contemplaba el divorcio, la mayoría de edad para casarse, la repartición igual de bienes, etc. Además, se crearon medidas prácticas para que se aplicaran estas leyes, así como asociaciones, ministerios, etc. Pero Túnez como Estado siempre tiene dos caras. Los derechos de las mujeres son la cara amable de un régimen dictatorial y una coartada del poder que, creando un “feminismo de Estado”, lo integra en la estructura y neutraliza su capacidad transformadora.
En la práctica, se produce un salto entre la mentalidad de mujeres y hombres. Muchas mujeres tienen una mentalidad mucho menos conservadora y además aprovechan el progresismo político para su ascenso social. Mientras que muchos hombres ven el conservadurismo como una manera de preservar su estatus.
Les comento a Jamila y a Monia si están de acuerdo en que ellas son el ejemplo de una “soltería forzada” en una sociedad en la que las mujeres han avanzado mucho más en mentalidad que los hombres. Ellas difícilmente encuentran en su país el tipo de hombre que se adecúe a sus aspiraciones. Monia, que no le gusta ser analizada, no parece estar muy de acuerdo. Jamila dice que sí rotundamente.
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Acudo a un taller de participación democrática con un grupo de jóvenes tunecinos de Sers y estamos en plenos juegos preparativos. Nos dividimos en tres grupos y tres personas de la organización hacen de líderes de cada uno de los grupos, comportándose cada uno de forma diferente. El primero da instrucciones y no deja participar al grupo, es un líder dictatorial. El segundo resuelve los problemas por consenso, es un líder democrático. El tercero deja opinar y discutir, pero decide lo que le da la gana, es un líder autoritario. Al discutir sobre cuál de los tres líderes es democrático no hay consenso, pero casi todos dicen que es el tercero. Según la mayoría de ellos, la democracia se basa en poder votar, aunque finalmente decida el líder. Cuando el líder decide por consenso lo consideran un líder totalmente débil.
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Dhaouia de Gafsa es una chica inteligentísima, con una personalidad muy fuerte. Cuando la visito me comenta que va a casarse. La felicito con una sonrisa efusiva. Reacciona secamente. No parece muy feliz. Hay confianza y le pregunto si en realidad no es muy feliz…
“es muy buena persona. amarle no lo amo. pero quizás con el tiempo lo amaré. pero si quiero quedarme a vivir en esta región tan rural no puedo aspirar a mucho, no puedo quedarme sin casarme hasta los 30 años. en el fondo he tenido suerte, es una buena persona y con los años seguro que acabaré amándole”
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Carta de Ghalia desde Lajred, un pueblo remoto de Kasserine.
“Amigo mío, no sabes lo feliz que me hace haber recibido tu carta en mi pequeño y lejano pueblo. Me da una inmensa alegría saber que quieres visitarnos a mí y a mi familia. Pero quiero hacerte una pregunta: ¿aceptarás vivir unos días de pobreza en una casa que no tiene nada? ¿Vivirás en un pueblo que no tiene ninguna de las cosas que son obligatorias en el paraíso de tu vida cotidiana? No hay ni radio, ni casete, ni televisión… ¿Quieres compartir nuestra vida trágica? Si vienes vas a llenar de alegría nuestra vida negra.”
“aunque mi entorno es bonito, no puedo negarlo, mi corazón está roto ya que me siento lejos de mi familia, de mi padre, de mi madre, de mis hermanos y hermanas. no he encontrado quien comprenda mis ideas y mis sentimientos. me siento perdida aunque tenga muchos sueños. vivo con un gran sentimiento de soledad pero sé que es mi destino. no he podido desarrollar mis estudios ni he encontrado un trabajo para ayudar a mi familia y para afirmar mi existencia. yo quiero vivir como una mujer que tenga su propia personalidad, quiero tener mi libertad para afirmar mi existencia.”
10
Mongi es de Gabés y está a punto de casarse. Es un poquitín chulo y decido hacerle preguntas directas sobre sexualidad. Mongi me cuenta que nunca ha hecho el amor con su novia sino que lo hace con prostitutas, y que su récord son 10 polvos en una hora. También me comenta que el sexo oral es lo que más le gusta, pero cuándo le pregunto si le gusta hacerlo o recibirlo exclama: “¡No, no se te ocurra hacérselo a una mujer, que sus flujos son venenosos!”
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En el paseo central de Tabarka observo una estatua de Bourguiba con un perro a sus pies. Es la única estatua del antiguo presidente que escapó a la quema que hizo Ben Alí en 1988, al llegar al poder. Las demás, fueron sustituidas por relojes.
Cuando murió Bourguiba, el estado tunecino no organizó ningún homenaje, ni siquiera en su ciudad natal, Monastir, donde las manifestaciones espontáneas fueron reprimidas. Esto indignó profundamente a la población ya que en el fondo Bourguiba es el “padre de la patria”, el que simboliza la lucha por la independencia de Túnez. Y Ben Alí ha sido un continuista que además ha empeorado los tics autoritaristas de su antecesor…
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Monia, la amiga de Jamila, ha trabajado en ONG’s y actualmente está en el Ministerio de Agricultura. Su hermana menor estaba estudiando una carrera de ciencias, otra hermana había montado un pequeño negocio de téxtil que le estaba funcionando bien y la hermana mayor también trabajaba en Roma casada con un italiano.
Con su dinero Monia está pagando la construcción de la casa de su familia, que está en la zona más marginal de la capital, Cité Helal. Cuando la visité, el taxista no se atrevía a entrar en el barrio. Su hermano Rachid me dio una vuelta y todos sus amigos le insistían que les comprara droga. Él me contó que traficaba incluso con la policía. Sus otros dos hermanos vivían en Italia, pero Monia no sabía definirme en qué trabajaban exactamente, aunque no parecía que tuvieran una vida de lujo.
La gran diferencia entre la situación de las mujeres y los hombres en la familia de Monia es algo común en las familias de Túnez.
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Historia contada Rafika de Sers, de 70 años
“Mi marido era mi primo. Me casé a los 15 años. Después de casarnos tuve que cubrirme de pies a cabeza, con excepción de los ojos. Él me encerraba en casa y si intentaba salir me pegaba con un bastón. La gente miraba desde fuera por curiosidad pero él me tapaba para que nadie me viera. Se decía que Bourguiba había dado libertad a las mujeres, pero para nosotras eso eran sólo palabras.”
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Conversación con Mohammed, de la ciudad de Túnez, hijo de una de las mujeres militantes del partido RCD trabajadora del Ministerio de la Mujer.
“La prensa francesa está utilizando el tema del encarcelamiento de periodistas tunecinos críticos con nuestro gobierno para desacreditarnos como país. Pero Francia no es nadie para meterse en cómo queremos llevar nuestro destino y en cómo queremos conducir nuestra democracia. Francia es, en el fondo, una dictadura que viene de fuera para imponernos una forma de gobierno. Hay que ser tunecino y no francés para saber cómo nos sentimos y qué queremos en Túnez. Nuestra democracia no es perfecta, es cierto. Pero no ha llegado la hora de abrir el país a una democracia ya que si las elecciones fuesen completamente libres ganarían los islamistas. Y serían mucho más represivos y sanguinarios que nuestro presidente. Cada pueblo sabe cuando está preparado para la democracia y nuestro momento aún no ha llegado. Esto quizás ocurre en un país occidental como el tuyo donde la gente está instruida, pero no en el nuestro. Hay que darle a Ben Ali un margen de confianza y no venirle con imposiciones desde Europa.”
15
Carta de Hizaoiu
“Querido amigo, lejos de ti desde esta región rural te escribo con mi corazón lleno de alegría, te escribo muy feliz por tener noticias tuyas. Tu visita a mi región donde nos conocimos me llenó de felicidad, pero tu retorno a España me dejó un gran vacío. “
“Amigo, quiero visitar España y quiero encontrar un trabajo ya que en mi país no tengo. Quiero saber cómo puedo venir contigo. ¿Puedes ayudarme? Espero que me escribas para explicarme cómo puedo llegar a España, cómo puedo encontrar trabajo y cómo puedo encontrarte a ti.”
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Carta de Monia:
“Mi hermano Rachid ha sido expulsado del instituto por su mal comportamiento. Mi padre dice que no quiere hacerse cargo de este delincuente que nunca obedece sus órdenes. He presentado una carta al Ministerio de Educación diciéndoles que ellos serán los responsables si mi hermano cae en la delincuencia. Pero aunque finalmente lo han readmitido en el instituto, ahora es mi hermano el no tiene ningún tipo de interés. Además he descubierto que posee droga y que la vende a la policía, o sea, a los propios funcionarios del Ministerio del Interior. He intentado comportarme con calma y me he ofrecido a comprarle la droga. He pensado en denunciar a mi hermano a la policía pero es una tontería, ya que es el mismo circuito que le compra la droga. He pensado también en mandarlo a trabajar lejos de esta ciudad, a Sidi Bou Said, donde tenemos un trozo de tierra para cultivar. La última solución que he pensado es matarlo. “
17.
Carta y poema de Ghalia, mujer rural de Túnez de la zona de Lajred (Kasserine)
“Amigo mío, he dejado mi familia y mis amigos de Lajred. Desde hace una semana trabajo en una gran fábrica de Monastir. Trabajo en otro mundo, en un mundo más vivo que el mío. El mundo de la mujer trabajadora. Estoy agotada ya desde el primer día, pero estoy ante la gran experiencia de la vida. Voy a intentar ser la misma “Fuerza”, voy a trabajar sean cuales sean las condiciones. Triunfaré, probaré la vida, saborearé mi existencia…”
No olvides el sentido de mis palabras
No olvides mi historia
No olvides mi sufrimiento
No olvides que tengo el corazón roto
Tengo tristeza de amor
Y a pesar de todo
Me siento obligada a cantar la vida
Sé que sabes que en el fondo el amor es loco
Sé que eres el molino de mi corazón
Ahora me siento como un pequeño pájaro que ha caído de su nido
L’any 2010 vaig anar a Síria. Viatjant per Damasc, per Alep, per Homs o pel monestir de Mar Musa vaig viure sensacions paral·leles a les que anys abans havia viscut a Tunis, a Tabarka, a Kairouan, al Kef o a Sidi Bouzid. Mai vaig notar perill ni vaig sentir cap mirada d’hostilitat o d’ésser mal rebut pels seus habitants. Estava segur que mai em sentiria amenaçat a cap racó del país. Sentia que viatjava per una de les zones més segures i fàcils de moure’s que mai havia estat. Res no em feia conscient que estava a un país centre de conflictes.
La població d’ambdos llocs era oberta a la comprensió i a la discussió, i no semblava que visqués a un búnker tancat i segellat. Una sensació estranya… Jo ja sabia que a Tunísia governava una fèrria i asfixiant dictadura que penetrava en tots els racons de la vida quotidiana dels seus habitants. Però la sensació a Síria encara era més estranya ja que a més de ser una despreciable autocràcia el país semblava surar damunt d’aigües pantanoses: era el centre d’un conflicte internacional, enmig de dos estats tensos, poderosos i malalts d’arrogància com Israel i l’Iran. Síria era un país tranquil a l’epicentre de conflictes perillosíssims a escala internacional.
El que no podia sospitar és que a Síria i Tunísia esclatarien un temps més tard revolucions populars, una d’èxit fulminant (Tunísia) i una sagnant i complexíssima (Síria, una revolució l’èxit de la qual no interessa ni a l’Iran ni a Israel).
Tunis-Kabul
A l’abril del 2002 vaig viatjar per primer cop a Kabul, quatre mesos després de la invasió de l’Afganistan pels Estats Units i de la caiguda del règim Talibà. Al maig del 2011 vaig anar a Tunísia, quatre mesos després de la revolució que va fer caure el seu dictador Ben Ali. Als dos llocs la gent semblava viure una sensació similar: el país era desconegut fins i tot pels seus habitants. No sabien ben bé què fer amb les noves possibilitats que els donava el nou país. No donaven l’abast de fer tot el que durant tants anys no havien pogut fer.
A Tunísia la població no parava de fer concentracions de protesta o debats oberts en espais públics. Arrencaven els símbols de la dictadura precedent i no sabien com trobar temps per fer-ho tot al mateix temps: obrir noves publicacions, nous blogs, nous partits polítics… Bromejàvem dient que Tunísia era, actualment, un brainstorming (una pluja d’idees).
A Tunísia no sabem què passarà. Podem ser una mica optimistes amb la revolució ja que és un país on, malgrat la repressora dictadura, hi ha hagut unes bases fortes de construcció de la societat. Hi ha un bon nivell d’atenció sanitària, d’educació. Però cal ser prudents amb la transició…
de la ciutat
A l’Afganistan la població no s’acabava de creure que es pugui sortir al carrer sense trets, sense repressió. Em vaig passejar per qualsevol racó de Kabul, fent fotos sense reticències. Vaig creuar zones que sols uns mesos abans havien estat fronteres d’una ciutat microparcelada i destruïda per batalles brutals. Vaig visitar llocs públics que uns mesos abans havien vigilats per cruels guardians del puritanisme musulmà. Molta gent ens cridava al nostre pas “How are you!”, possiblement la única expressió en anglès que coneixien, però que necessitaven compartir. Als edificis ferits de bales i de parets enrunades estaven encaixades botiguetes de fruita o ferralla, o fotògrafs amb aparells antiquats. La gent encara no sabia com es feia això de viure en un país on ja no trobes la repressió o la mort a cada cantonada. Se’ls feia grossa la sensació de llibertat i volien abastar- la tota.
Aquesta sensació a l’Afganistan va ser temporal i fugissera, durà mesos, potser setmanes. Era un país on al llarg de 30 anys tot havia estat destruït: les cases, les famílies, les estructures polítiques, la justícia, la vida social o la vida íntima. El virus de la guerra havia penetrat per tots els racons, quelcom molt difícil de desempallegar-se’n. Però a més els EUA pactaven amb els criminals que uns anys abans havien destruït el país durant els 80’s o ens 90’s donant-los el poder (alguns dels mujaidins), mentre que el Pakistan deixaven que els dèspotes que havien segrestat el país als 90’s ressorgissin (els Taliban). Omplien l’Afganistan de tropes però ningú tenia la intenció de reconstruir-lo des de les seves bases.
Es cert que les similituds del que vaig viure als dos països s’aturen aquí, amb aquesta sensació de viure en un país nou i encara desconegut. Tunísia no coneix la guerra, ni el desordre, i si bé en caure la policia (lleial al dictador) ha caigut el nivell de seguretat, es irrisori comparat amb l’Afganistan, un país on tothom sembla haver-se posat d’acord per continuar destruint-lo i torturant-lo. Afganistan és un país on tot ha estat destruït. Tunísia, al contrari, té una base fortíssima a tots nivells per un canvi madur i seré.
El juliol passat vaig anar a Tunísia, un país que cinc mesos abans havia viscut una revolució popular per expulsar el seu dictador. Vaig assistir a unes jornades sobre el paper de la societat civil a les transicions democràtiques (organitzades la fundació Anna Lindh, que treballa pel diàleg entre les cultures de la conca mediterrània). Entre les organitzacions europees hi havia un discurs benintencionat, però amb un transfons d’inconscient arrogància: “ara és, definitivament, el moment en que hem de donar suport a la societat civil tunisiana per fer una correcta transició política.”
Sí, hi havia bona intenció. Però jo em preguntava si no era abans quan calia donar suport, en els 28 anys que va durar la dictadura de Ben Ali (sense comptar que el seu antecessor i pare de la Tunísia moderna, Bourguiba, també és considerat per molta gent com un dictador). Per part dels governs europeus hi havia un mutisme quasi total sobre els nivells de repressió als que arribava aquest règim. Com deia Taoufik Ben Brik, un dels periodistes tunisians perseguits, era “Una dictadura tant dolça!”. A més ajudava a aturar l’emigració il·legal a un bon preu, i era un tap magribí a l’extensió de l’islamisme radical (ja és ben curiós que a Europa hi hagi més preocupació pel terrorisme i la immigració que per la impunitat bancària i per la destrucció sistemàtica de l’estat del benestar!).
Però quan jo parlo d’arrogància no em refereixo al retard de l’ajut. Em refereixo a l’arrogància moral de considerar que es pot ajudar a un país que s’ha alçat tot solet contra el seu tirà fins enderrocar-lo. Ens creiem el colmo de la maduresa democràtica com per ajudar “democràcies i societats civils incipients”? L’anomenada “revolució tunisiana” va ser feta pels tunisians i les tunisianes. Cap suport extern: primer es van aixecar els pobres, ho varen difondre els bloguers, ho vàrem legitimar els advocats i va permetre la seva rapidesa i manca de violència l’exèrcit (negant-se a disparar contra els manifestants). La societat tunisiana va fer una exemplar revolta, se les va apanyar soleta per trencar la por que Ben Alí havia creat.
En un context com l’actual, qui ha de demanar ajut a qui? No som nosaltres qui hem de demanar l’ajut dels tunisians i les tunisianes per aprendre de la seva experiència? En un context al nostre país on acampades populars massives amb manifestacions que arriben a les 250.000 persones per demanar mesures reals de poder a una democràcia desgastada, i per dir a la classe política que “no ens representeu”, la resposta és el mutisme total. O encara pitjor, la repressió, com fóssim masses de delinqüents sense cap mena de criteri… No som més aviat nosaltres qui hem de demanar ajuts als tunisians i a les tunisianes per saber com s’ho han fet?
No. Jo no imaginava ni de lluny que a Tunísia tot un poble es pogués aixecar contra el sàtrapa que el tenia segrestat durant anys. Aixecar-se contra tota l’estructura política i el clientelisme social que tenia muntat . El meu amic Mohsen en comentava que ningú a Tunísia s’ho imaginava, ni tant sols una setmana abans del suïcidi del desesperat Mohamed Bouzazi venedor de fruites a la localitat de Sidi Bouzid, després de rebre bufetades per una funcionària municipal que li demanava diner per poder seguir venent a la seva petita botiga.
– Al final encara li haurem d’agrair a l’anterior dictador, Habib Bourguiba- em dèia en Mohsen- . El seu govern era una fèrria dictadura de partit únic sense llibertats socials. Però les seves polítiques reforçaren una societat civil laica i amb un nivell molt alt d’educació. Ell va crear les condicions per que la gent s’hagi aixecat cívicament, enlloc de deixar-se emportar per altres potencials dictadors.
Al llarg de varis articles i en varis mesos aniré a la meva memòria personal dels 90 i es primers anys del 2.000 sobre com vaig anar descobrint mica a mica aquesta Tunísia ofegada per la dictadura de Ben Ali. Aniré traient capa a capa els mecanismes del poder absolutista fins a descobrir que al final de les capes no existia res. Un absolutisme que s’ha evaporat, perquè sols el formaven capes de pura ambició pel poder…?