Arte en “Abya Yala” para despatriarcalizar y sanar

Arde vagina seca

clítoris vencido

saliva espumosa

gemidos calculados por minuto

lubricando las culpas

raspa el cuerpo ausente

arde clítoris hinchado

pedacito de nadie

arde, lástima,

esta soledad tan seca.

(Rosa Chávez)

 

El pasado julio varias mujeres latinoamericanas reflexionaron en Barcelona  -a través de diversas actividades de arte y comunicación-  sobre como combatir las violencias patriarcales y las técnicas de sanación en la comunidad y en sus cuerpos. Participaron en el ciclo «Comunic-arte frente las violencias patriarcales» organizado por la asociación Suds, y tomo las palabras de dos guatemaltecas y una boliviana para este artículo.

Eran feministas de Abya Yala, el nombre que, históricamente, el pueblo kuna daba al territorio americano.

Todas las reflexiones y experiencias culturales tenían como denominador común el «feminismo decolonial«, término inventado por la filósofa argentina María Lugones que plantea una visión crítica de los feminismos hegemónicos, ya que estos acaban teniendo un efecto de colonización cultural los feminismos no occidentales, como en el caso de los movimientos mujeres de Abya Yala.

La activista dominicana Ochy Curiel escribe refiriéndose a los procesos de colonización cultural recientes (en una publicación de ACSUR-Las Segovias, descargable desde la web de Suds): «Todo este proceso condujo a la institucionalización de los movimientos sociales a través del surgimiento de las ONG, la irrupción de la cooperación internacional del Norte y la burocratización. Un grupo de feministas latinoamericanas y del Caribe comenzaron a evidenciar esta situación, que provocaba la pérdida de horizontes políticos más radicales y transformadores. Así pues, se fue construyendo lo que se llamó autonomía feminista latinoamericana. »

 

MARIA GALINDO, ARTE Y DESPATRIARCALIZACIÓN

Una de las participaciones más contundentes a estas jornadas fue la boliviana María Galindo de Mujeres Creando, un movimiento feminista que trabaja con las artes de la performance o el graffiti o con publicaciones, y que ellas mismas dicen que «Somos indias, putas y lesbianas juntas, mezcladas y hermanadas «. Galindo arremetió sin piedad, y no sin razón, contra todo el sistema de cooperación internacional.

«La categoría de género ha sufrido un proceso de banalización y simplificación extrema provocado de manera directa y deliberada por la dinámica de las ONG y la cooperación internacional (···) La banalización de la categoría de género y el surgimiento de» la experta en género «van de la mano. Estamos ante una generación de expertas que no vinculan la categoría de género con la matriz ideológica del feminismo ni tampoco con el análisis de relaciones de poder patriarcales. «

Galindo cree que hay un replanteamiento del feminismo desde la despatriarcalització. «Nos planteamos la redefinición del feminismo como este conjunto de luchas colectivas e individuales protagonizadas por las mujeres contra toda clase mandamientos patriarcales, a escala planetaria, de forma simultánea, en diferentes épocas y contextos sociales y culturales. (···) Al mismo tiempo, hace falta combinar esta definición con lo que llamamos el feminismo intuitivo, que es la desobediencia personal de cada mujer frente a la disciplina patriarcal, sea cual sea la cultura, edad, clase social o lugar al que pertenezca. Una desobediencia personal no a partir del acceso a un cuerpo ideológico, sino a partir de sí misma y de sus decisiones existenciales instaladas en su día a día. »

 

FEMINISMOS INDÍGENAS Y EL CUERPO-TERRITORIO

La activista guatemalteca Lorena Cabnal hace un análisis complejo de su sustrato cultural indígena y las relaciones del patriarcado histórico con el colonial, planteando las bases del feminismo indígena. Nos resume estos conceptos que fundamentan el edificio de unos feminismos propios dentro de las culturas de los pueblos indígenas. «Hay un patriarcado originario ancestral, que es un sistema milenario estructural de opresión contra las mujeres originarias o indígenas. Este sistema establece su base de opresión desde su filosofía que norma la heterorealitat cosmogónica como mandato, tanto para la vida de las mujeres y hombres y de estos en su relación con el cosmos. (···) La penetración colonial, nos plantea la penetración como la acción de introducir un elemento en otro y el colonial, como la invasión y posterior dominación de un territorio ajeno comenzando por el territorio del cuerpo. (···) Con esto afirmamos que el patriarcado originario ancestral se refuncionaliza con toda la penetración del patriarcado occidental (···) Con esto afirmo también que existieron condiciones previas en nuestras culturas originarias para que este patriarcado occidental fortaleciera y cargara.»

Unas semanas antes de las jornadas de Suds, se realizó el taller «mapear el cuerpos-territorios» (coordinado por Cooperacció y que proponía el Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo y donde participaba Suds). Este mapeo es una técnica sanadora y política donde, por medio de talleres comunitarios, las mujeres identifican partes de su cuerpo con el territorio que habitan, buscando además las propias debilidades en que generan los sistemas de expropiación masiva de terrenos por parte de las empresas extractivas.

Cabnal plantea el origen de esta técnica de exploración que engloba lo personal con las luchas políticas, y alude a algunas de las frases de los feminismos occidentales de la segunda ola: «Este planteamiento lo asumimos en principio como consigna política, para luego darle vida a través de contenidos que llevan a tejerse como una propuesta feminista comunitaria desde las mujeres xinkas. Implica la recuperación consciente de nuestro primer territorio cuerpo, como un acto político emancipador y en coherencia feminista con «lo personal es político «,» lo que no se nombra no existe «.

«En la última década se ha incrementado la defensa de la tierra y el territorio, como una consigna política de los movimientos indígenas continentales del Abya Yala, y luchas importantes se han generado allí donde las comunidades se han levantado para defender lo que históricamente les pertenece. Sin embargo, una contradicción a lo interno de los movimientos de defensa territorial es el hecho de que las mujeres que conviven en el territorio tierra viven en condiciones de violencia sexual, económica, psicológica, simbólica, y violencia cultural, porque sus cuerpos aún siguen expropiados. de esta cuenta que las mujeres xinkas, hemos iniciado un proceso histórico de defensa de nuestro territorio cuerpo»

 

ROSA CHÁVEZ Y MALCOLM, ARTE Y SANACIÓN COMUNITARIA

Desde la poesía y desde el teatro comunitario, las guatemaltecas Rosa Chavez y Malcom nos mostraron experiencias artísticas dentro de los feminismos comunitarios de las mujeres indígenas, y con una aproximación del cuerpo-territorio.

De la poesía de Rosa Chavez dice la crítica literaria Anabella Acevedo: «lleva a cabo a través de la palabra una constante exploración personal que igual toca la temática de la identidad cultural como la de los espacios más íntimos de su ser mujer, a veces con una ve tan desgarrada y explícita que sacude hasta el lector más experimentado. »

Ros Chávez nos dice que «Soy poeta y mi actividad artística la llevo desde el activismo, desde el arte para la transformación social. Para mí la poesía tiene que ver con la recuperación de la palabra y comparto los procesos artísticos con grupos que trabajan para la recuperación de la voz personal, pero también de la colectiva, que es parte muy importante para las mujeres. Cuando hablo de colectivo me refiero al poder de los pueblos; las mujeres, los grupos organizados … Desde la cosmología maya hablamos desde lo personal, pero también desde la colectividad, entendiendo el colectivo como vinculado con el comunitario. «

«La poesía es mi columna vertebral como ejercicio, pero también una manera de colectivizar la experiencia con acciones performativas, en el espacio público y comunitario. Y también he encontrado otras expresiones como el teatro y el vídeo. No considero que haga poesía maya o poesía feminista. Soy maya y feminista y como tal escribo, es feminista o maya porque yo lo soy. Es muy tramposo nombrar y encasillarse. Es mi vida, todas mis creaciones pasan por mi cuerpo y me toca hablar sobre mis vivencias y mis luchas y las luchas colectivas de las que soy parte. «

Por otra parte, Malcom (nombre chuj de María Domingo Paiz), es también maya y dinamizadora de grupos de teatro de sanación frente a las violencias sexuales. «Formo parte del colectivo actoras del cambio, una asociación feminista que nos dedicamos a acompañar procesos de sanación de mujeres supervivientes de violación sexual durante la guerra y en la actualidad. En nuestros talleres realizamos ejercicios de recuperación del cuerpo de la vida y del amor a nosotros mismos. De aquí tratamos de reconocer qué pasó en la historia de las mujeres, en Guatemala como colectivo, pero también en la historia individual de cada una.

«Estas historias atraviesan la vida todas las mujeres, y aunque sean diferentes, hay muchas que se parecen. Buscamos como mujeres sentir que no nos da vergüenza nuestro cuerpo, que no necesitamos castigar nuestro cuerpo, que la violación no es nuestra culpa, sino que es responsabilidad del agresor. Hacemos acciones públicas donde se publica el nombre del violador para que sientan vergüenza y la atención caiga sobre él. Él es el violador. Él es quien debe ser juzgado y visto por la sociedad. En Guatemala los medios de información centran la información de una violación encima. Nosotros pretendemos revertir la vergüenza.»

«Muchas mujeres, después experiencias tan traumáticas decían» me siento muerta en vida «. A medida que los procesos de sanación avanzaban muchas mujeres decían «ahora me siento libre». Hay una que decía «Yo soy Catarina Grande, ahora puedo volar como un pájaro.» Con esta idea estamos en nuestros procesos de creación de obras de teatro. Nos permite hilar nuestras vivencias, y como las hemos curado pasando del dolor a la alegría. Hacer conciencia social, y decir que la violencia sí ocurrió, y poder recuperar la confianza en nosotros mismos.»

 

Nos quitan la cabeza y el corazón sigue latiendo

nos arrancan el pellejo y el corazón sigue latiendo

nos parten a la mitad y el corazón sigue latiendo

beben nuestra sangre y el corazón sigue latiendo

estamos criados para latir sin descanso.

(Rosa Chávez)

 

Sagar Malé, septiembre 2018

Article Art Abya Yala Directa

Lo más sencillo del mundo

HERMANA CARMEL, MONJA CARMELITA DESCALZA, BELENISTA

Tengo la sensación de viajar mucho, sin apenas moverme.

Hace unos años fui el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Mataró para visitar a la hermana Carmel Montcerdà Bas, una monja que modela figuras de belén de barro. Inicié con ella una larga amistad personal, y descubrí su gran apertura mental que apostaba por el diálogo entre religiones, y su sedienta curiosidad por el conocimiento de las culturas, muy alejada de la percepción popular que visibiliza las monjas de clausura como inaccesibles. Su misticismo la aproximaba a las emotivas poesías de San Juan de la Cruz o de Santa Teresa de Jesús, místicos que orientan la vida de las Carmelitas. Y descubrí como su creación artesana de figuras de belén (que había aprendido del religioso mallorquín Antoni Fontanet) puede estar en conexión con esta cosmovisión y es vivido por ella como una actividad espiritual. La misma actitud que tiene con su otra expresión artística, la de tocar la cítara.

 

¿Qué practico cada día? Lo más sencillo del mundo. Cocinar, adornar el altar y la iglesia, tocar la cítara, trabajar el barro, cantar la liturgia, convivir con las hermanas. Como diría Santa Teresa todo esto va iluminando las estancias interiores, y se trata de ir abriendo puertas, porque los límites se los pone uno mismo

 La hermana Carmel hace figuras de barro, una a una, sin pintar, directamente salidas de la tierra. Inventa nuevas figuras, ya que la suya es una creación libre, según lo que siente interiormente mientras modela escuchando música: José y María pueden estar abrazado, los reyes pueden ser reinas, los pastores pueden rezar agachados como lo hacen los musulmanes (mientras modela escucha música sufí) o incorpora nuevas figures en el mundo de los belenes como las prostitutas.

“El belén es la expresión de mi espiritualidad. Yo soy un trozo de barro en las manos de Dios. En el arte de modelar quisiera dejar hacer más a Dios, no ser yo la protagonista. Cuando estoy trabajando con el barro paso muchas horas en silencio. No es un silencio vacío. Es oración, forma parte del silencio que en vuelta la Palabra en la Liturgia, laudes, vísperas, las completas…

El barro es muy frágil y cuando he terminado una figura enseguida se puede romper, debe cocerse inmediatamente a 1.000 grados. Cocer el barro es como vivir en comunidad, un proceso lento de buena relación entre nosotros y de equilibrio diario: a 700 grados la figura ya empieza a cocerse por dentro, y hay un momento en que la figura y la llama son uno… Después se necesitan 8 horas más para enfriarla. Es un proceso lento. También nuestro canto, y la oración, se nutren de la Palabra de Dios que lo tienes que retener y te llena, debes meditar y asimilar, no tiene consistencia rezar mecánicamente. Estamos en la esfera de la belleza, que no tiene un por qué material.

Actualmente las figuras me salen medio sentadas y serenas. El camino interior es esto: cuando uno es joven, hace y hace sin parar, pero hacia los 50 años, todo camina hacia una actividad más serena. También me gusta la gente sencilla, campesina, que he visto en Mallorca donde he nacido y me pasé 20 años haciendo excursiones. Gente de la tierra con sabiduría, con un saber esperar, y callar… Trabajar el barro es tocar la tierra, la realidad, embarrarse.

He incorporado nuevas figuras en el belén. Por ejemplo, una prostituta, que es una figura evangélica cercana a Jesús. Cuando vas por la carretera y las ves no te dejan indiferente, a nadie dejan indiferentes las prostitutas. Me dan mucho respeto, son personas con sentimientos muy fuertes. Nos fijamos en el exterior de las personas, pero si traspasas la apariencia externa, todos somos muy similares, podemos encontrarnos unidos en unos mismos valores humanos, cada uno quiere su vida, y ama su cultura, su religiosidad… Dejemos que cada uno lo viva a su manera.”

 

Me gusta pensar en mí Mallorca, en las cuevas de Artà. Millones de años, gota a gota de forma continuada, se acaban formando columnas inmensas, impresionantes de estalactitas y estalagmitas.

El Carmelo nació en el siglo XII en las montañas palestinas del Karmel vinculado a los movimientos eremíticos que habían surgido en Oriente Próximo. Pero en el siglo XVI en Ávila, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz le dieron una nueva dimensión: la renuncia no es física, sino que se centra en la contemplación de Dios, viviendo la experiencia de Dios en la tierra, en la fraternidad y en la pobreza como expresión de la renuncia. En el siglo XX, sin embargo, el Carmel pedía una renovación y con el Concilio Vaticano II (1962-1965), y entró en un nuevo camino consagrando la vida a la reflexión y al estudio, a la formación permanente, a las reuniones comunitarias compartiendo una manera de abrir horizontes. Un cambio que no todos los Caramelos asumieron, pero el de Mataró sí.

“Me fui del monasterio mallorquín de Binissalem, donde había entrado en 1974, porque allí no lo vivía de esta manera. Debe existir coherencia entre lo que lees y lo que vives … Al venir aquí, vi que existía una libertad de pensar, un comportamiento sociable normal. Yo quiero un Carmelo de puertas abiertas. Estar atenta en el ahora y en el hoy, no ser arrastrada por costumbres o por el «siempre se ha hecho así».

 

Me gusta la repetición, ya que es una forma de llamar a la puerta de la sabiduría y esperar el momento que se te abra.

  “Yo creo figuras mientras escucho música, que me abre canales interiores para modelar. Me gusta la música sufí tocada con flauta turca: un tubo hueco que según como dejes pasar el aire suena de una manera u otra. Para mí es un vacío que hace una resonancia interna con la que me encuentro muy identificada. Así es la oración: vaciarse, hacer silencio prestando atención en el interior. Y esperar.

Necesitamos escuchar otras culturas, mezclarnos: las religiones nos pueden separar, pero la experiencia religiosa puede unirnos. Me siento cerca a la experiencia espiritual de la chica india que canta música sufí del artículo que escribiste para el Dialogal, Ragini Rainu. Los músicos indios tienen un maestro en su vida, entran en su casa y están con el él toda la vida. Yo también tengo por maestro Jesús, ha entregado su vida por mí, para que yo me pueda acercar. Me dice: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.»

Todo lo que vemos es la primera capa. Pero la persona es la misma en todo el mundo. No podemos mirar el color, la cultura, las costumbres. El cambio vendrá para ir profundizando en la conciencia de saber quiénes somos. Todo es una continuidad, un ciclo, una circunferencia donde el principio y el final se encuentran en el mismo punto.”

Publicado en catalán  en Dialogal, 2011

COMUNIDAD ARMENIA EN JERUSALÉN, VÍCTIMAS POR DOBLE PARTIDA

COMUNIDAD ARMENIA EN JERUSALÉN

Si miramos el plano de la ciudad vieja de Jerusalén, vemos que se divide en 4 barrios: el musulmán, el cristiano, el armenio y el judío. Sorprende ver que el armenio se define por su origen, y no por la religión de su comunidad como los otros tres barrios, ya que de hecho los armenios son cristianos ortodoxos (y algunos católicos). Los tres primeros barrios son porosos, y cristianos y musulmanes viven bastante mezclados. La zona armenia también, pero predominantemente está poblada por la comunidad armenia, que no es árabe, pero sí que es históricamente palestina.

«Somos armenios nativos aquí en Jerusalén. Provenimos de los que hace cientos de años vinieron como peregrinos, y que el patriarca armenio los alentó a que se quedaran para cuidar los lugares sagrados… ¡que en Jerusalén hay muchos!  –nos dice Anshelous Zakarian, una anciana de 80 años ingeniosa e irónica -. Así fue como se estableció una comunidad muy numerosa, que había llegado a tener unas 20.000 personas. »

Sus calles se caracterizan la apariencia amurallada, escondiendo casas con floridos jardines interiores que acogen vecindarios con varios hogares. Los nombres de las casas están escritos con el alfabeto propio de la lengua armenia, y el de algunas de sus calles principales mencionan sus referentes históricos como Ararat, una montaña que es un referente nacional para esta comunidad. Su presencia religiosa queda manifiesta en ricas catedrales como St. James, o en una destacada presencia en el Santo Sepulcro. Hay restaurantes de cocina armenia, museos o tiendas de alfarería policromada y de fotografía con reproducciones de la Jerusalén centenaria, cuando los fotógrafos armenios fueron más activos.

Hay un detalle que llama la atención: los carteles en las paredes con textos, mapas y fotos recuerdan el genocidio la comunidad armenia en manos de los jóvenes turcos en 1915. Carteles que a menudo están arrancados, como si alguien no quisiera que los vieran los numerosos turistas que pasan por sus calles. Muchas personas de la comunidad aseguran que lo hacen los israelíes (que desde la creación del estado de Israel ha presionado tanto la comunidad armenia como la árabe) con la voluntad de no hacer evidente su genocidio. Sea verdad o sea un mito, lo que si es cierto es que el barrio armenio recibe el acoso por la parte israelí de Jerusalén para apropiarse de sus propiedades pellizco a pellizco, ya que además está pegado al barrio judío el que se hay adentra.

Y es que, si algo encontramos en la comunidad armenia en Palestina, son numerosos ejemplos de dobles víctimas: víctimas de un genocidio en 1915 en Turquía y posteriormente víctimas de la expulsión en la limpieza étnica en Palestina en 1948 por parte de las tropas sionistas (sobre todo los que vivían en el lado oeste).

Llibre Towards Golgota sobre la comunitat armènia a Jerusalem

GENOCIDIO

El libro «Towards Golgota» Arda Arsenian es un conmovedor testimonio que recoge y revisa las memorias del largo viaje a Jerusalén su abuelo Hagop Arsenian huyendo del genocidio. «Después de catorce meses de mortal y tortuoso exilio, llegar a Jerusalén y situarse como familia en uno de los barrios del convento armenio fue una de las alegrías mayores que he sentido. Lejos quedaban los miedos a las espadas y las escopetas de los gendarmes, lejos quedaban los golpes que nos llenaban de terror a lo largo de todo el camino, lejos quedaba la espada de Damocles que pendía sobre nosotros semana a semana.»

Anshelous, como armenia palestina, recuerda lo que le contaban sus padres sobre la llegada de la segunda generación de armenios, los del siglo XX, que escapaban del genocidio. Fueron acogidos con los brazos abiertos e integrados. Pero siempre han sido diferenciados, incluso se les distingue por tener un habla rota del árabe. «Llegaron cientos de huérfanos a Palestina en tren. Los fueron colocando en los conventos, les dieron ropas, ya que muchos ni llevaban, y les dieron una escuela… Algunas familias abandonaban sus hijos en el tren para ver donde los llevaba al azar, ya que, si se quedaban, habrían muerto.

Las naciones árabes aceptaron la comunidad armenia y la cuidaron. Además, casi todas las familias armenias nativas de Palestina acogieron un huérfano por familia. La mía, por ejemplo, adoptó uno y le trató igual que un hijo. Y se produjeron bodas entre ellos. Algunos terminaron encontrando familiares suyos. El que adoptó mi familia, por ejemplo ¡encontró su madre en Irak algunos años después!

¡Nosotros, no paramos de hablar sobre el genocidio! Muchos armenios han sufrido mucho y nadie ha querido reconocer su dolor. Nadie nos apoya. Y nos conformaríamos que Turquía nos dijera, «Sí, pasó». Pero hasta ahora no lo han hecho. Por eso estamos enfadados, después de todo lo que ha pasado.»

48 y 67

Anshelous fue, también, víctima de los conflictos con Israel del 48 y del 67. «Antes del 48, y durante el Mandato Británico, hasta cierto punto nos trataron bien y nos dotaron de educación. ¡Tuvimos mejor vida que con el Imperio Otomano, que éramos pobres! Los británicos nos llevaron a una vida mejor. Es cuando se crearon, por ejemplo, buenos fotógrafos armenio. Éramos muy felices y no había ninguna diferencia ni con los árabes, ni con los judíos. Los judíos de aquella época eran palestinos como nosotros, hablaban árabe y no hebreo. Fue la llegada de los sionistas que lo cambió todo. Algunos de ellos, después del 48, nos visitaron y se sorprendieron de que mi familia, que tenía una propiedad muy bonita, ahora viviera en una casa en el sótano con una sola ventana. Mi padre murió pobremente, sin dinero… ¡con la casa que tenía!»

La vida del Anshelous y la de cualquier persona armenia en Jerusalén cambia de nuevo cuando en 1948 la ciudad se divide en dos, y después en 1967 la parte israelí ocupa la parte palestina que estaba ocupada por Jordania. «Cuando me casé al poco tiempo mi marido fue asesinado. Fue en el 48. Cuando comenzaron las expulsiones de las tropas sionistas a la población palestina, un comandante del ejército Transjordano nos ofreció ir con él a Jordania para estar seguros. Fuimos, pero en un momento en que hubo una tregua él volvió. Cuando cruzó la calle fronteriza entre Jerusalén Este y Oeste una bala que venía del edificio de Nôtre Dame lo mató atravesándole la cabeza de atrás al frente. Me llevaron de Jordania a Palestina diciendo que mi padre estaba enfermo, pero encontré mi marido muriéndose en el Hospital.

Después, en la guerra del 67 recuerdo que disparaban alrededor de nuestra casa sin parar, las 24 horas al día. Murieron varias personas de mi familia. Después de seis días metidos en los refugios, salimos. Un militar israelí que nos habló francés nos preguntó si teníamos miedo, y que nos aconsejó que dejáramos el país, y que la carretera a Amman estaba abierta. Ya estábamos preparando las maletas cuando un vecino nos dijo que no lo dejáramos, que perderíamos las casas. Finalmente, no salimos, pero muchos perdieron las casas.

Actualmente creo que quedamos unos 2.000 ¡y habíamos sido unos 20.000! Somos una minoría aquí, no tenemos buenas posiciones y muchos han emigrado. ¡Los que viven en Cisjordania no sé cómo viven! Al menos los de Jerusalén tenemos ciertas ventajas, pero en Cisjordania no hay ni trabajo ni nada. ¡Ahora no sabemos ni dónde estamos! No somos israelíes, ya que nuestro documento sólo nos reconoce como residentes de Jerusalén. Somos ciudadanos de segunda clase y eso no nos pasaba antes del 48.»

Versión en catalán publicada en el Dialogal, septiembre 2013

SÀGAR MALÉ VERDAGUER

LOS CRÍMENES CONTRA EL PUEBLO HAZARA: LOS MUSULMANES CHIITAS EL CORAZÓN AFGANISTÁN

La etnomusicóloga británica Veronica Doubleday escribió “Tres mujeres de Herat”, uno de los legados más completos y literariamente ricos que tenemos sobre la música y la vida cotidiana de las mujeres en Afganistán, donde vivió en los años 70, antes de su devastación a causa de más de treinta años de guerras intestinas y parasitarias. Cuando describe al músico Latif Khan, el padre de una de las protagonistas, comenta: «en el pasado hubo desarmonías sectarias en la ciudad de Herat, muchos suníes aún mantenían prejuicios sobre los chiitas, y los rechazaban abiertamente. Como músico y como chiita, la posición de Latif Khan en la comunidad era doblemente vulnerable. Los prejuicios contra la música persistían: algunos mulás decían que la música era el trabajo del demonio y que distraía a la gente de rezar y de vivir correctamente.»

Afganistán limita al oeste con una zona predominantemente chiita de cultura persa: el actual Irán. Pero a la vez es un país multicultural donde viven pueblos suníes como el pastún (también presente en la actual Pakistán) y otros como los uzbekos, los tayikos, los turkmenos, o los aimaqs. Los hazara, ubicados en el corazón de Afganistán, en la zona de Hazarajat, son fácilmente reconocibles por su fisonomía mongoloide ya que, a pesar de su naturaleza mixta como otros pueblos afganos, tienen vinculación con los pueblos de Mongolia. Los estudios genéticos incluso confirman un mito, y es que podrían provenir de las tropas de Genghis Khan; de hecho, los nombres de algunas de sus tribus vienen de nombres de sus militares.

Los hazara son los chiitas de Afganistán, una de las ramas del Islam surgida de los musulmanes que creían que sólo Ali Ibn Abi Talib (primo del profeta Mahoma y casado con su hija Fátima) y sus descendientes podían ser dirigentes de la comunidad de fieles. La rivalidad entre chiitas y sunitas ha sido una constante en los conflictos de naturaleza religiosa en Oriente Próximo. Esta tensa relación también ha existido en Afganistán, fomentada muy especialmente por los talibanes a finales de los años 90, pastunes radicalmente defensores de la naturaleza suní del Islam que consideran el chiismo como una traición. Como ejemplo de la importancia de esta rivalidad, recientemente ha crecido entre las prácticas de los hazaras una celebración religiosa chií que hasta el momento tenía poco peso entre ellos, la del martirio del imán Hussain (una celebración que en otros países es muy importante) que se le da una significación politizada recordando las masacres que los talibanes cometieron contra ellos.

De hecho, los abusos y las masacres de los talibanes contra los hazaras están documentados por la ONG Human Rights Watch, en especial en un informe del 2001 que documenta el caso de Yakaolang y en Robatak, en la zona central de Hazarajat. HRW menciona: «Las minorías étnicas y religiosas y los hazaras en particular, han sido especialmente vulnerables en zonas de conflicto, y las fuerzas talibanes han cometido abusos a gran escala contra civiles hazara con impunidad.»

En el año 2002, justo después de la caída de los talibanes, visité el país de la mano de una mujer hazara que después se convirtió en una figura política relevante, Habiba Sarabi (después gobernadora de la provincia de Bamyan). Conocedora de algunos de los capítulos más aterradores de la historia reciente del país visitamos un campo de desplazados internos hazaras en Kabul que provenían de una región cercana, el Valle de Shomali. La escena era dantesca, de escombros sobre los escombros. La gente habitaba edificios destruidos que habían sido atacados en la devastadora guerra entre facciones de señores de la guerra antes del dominio de los talibanes, y que había sido una antigua colonia de rusos en el periodo de dominación soviética. La sensación aniquiladora de los escombros era el escenario de la devastación de personas humanas viviendo de los restos de basura en una ciudad destruida como Kabul y sin recursos para alimentar a sus parias.

Las mujeres de la comunidad, rodeadas del humo de un horno improvisado de pan, el único alimento que hacía semanas que se llevaban en el vientre, me explicaban: «En estos edificios destruidos vivían las familias rusas antes de que los muyahidines (los señores de la guerra), los expulsaran en atacar Kabul. Nosotros somos desplazados de la región de Shomali. Llegamos aquí cuando los talibanes ocuparon nuestra región, deportaron toda la gente y nos llevaron directamente a estos edificios destrozados. Ya hace tres años que estamos aquí, ya han caído los talibanes, pero nadie aún se ha hecho cargo de nosotros. Hay algunas organizaciones internacionales que han venido aquí para distribuir formularios de ayuda humanitaria, pero nosotros los extraviamos, y nuestros nombres quedaron sin ser apuntados en sus listas. Nos hemos quedado sin racionamiento y ahora nos han abandonado, no nos hacen ningún caso, estamos aquí sin ningún tipo de atención. Muchas somos viudas que vivimos con nuestros nietos mientras las hijas mendigan por las calles.»

Otras familias fueron a otras zonas, como el barrio de Khai Khona: «Cuando los talibanes tomaron nuestro pueblo en el Valle de Shomali nos forzaron a salir. Nos llevaron con un camión hasta Jalalabad, y de allí nos querían llevar a los edificios bombardeados de la antigua embajada rusa. Pero nos escapamos, y de Jalalabad vinimos aquí a Khai Khona, en Kabul. Cuando los talibanes aparecieron en nuestro pueblo nos cerramos en nuestras casas gritando: ¡no queremos dejar nuestras casas! Ellos nos dijeron que sólo las dejaríamos por tres días, y que después nos dejarían volver. Ahora ya llevamos tres años, y estamos aquí en Kabul sin casa y sin pueblo.»

Aún más duros son los testigos de los ataques cometidos en 1998 en la zona de Mazar-e-Sharif donde se cuentan unos 8.000 civiles asesinados. Los ataques contra los hazaras eran un objetivo declarado por los talibanes. Un grupo de mujeres víctimas del pueblo de Qezl Abad me contaba su experiencia personal de la masacre: «A muchos hombres los llevaron a la plaza donde los mataron, mientras que a otros los mataban cuando los encontraban por la calle. Recuerdo a uno que lo mataron por la calle cuando iba con su hijo: estaba de pie y le golpearon fuertemente la cabeza hasta decapitarlo. Incluso un niño pequeño les preguntó por su hermano y por sus padres, y le dijeron que estaban allí tirados por el suelo. Los habían matado a todos. Después, se llevaban todos los muertos, los cuerpos, y los enterraban todos juntos en una fosa común. Los arrancaron la piel, los desfiguraron, pero los reconocimos por la ropa, por su altura… una madre siempre sabe reconocer el cuerpo de su hijo.»

Finalmente cabe mencionar los abusos contra los hazaras cometidos durante el destructivo asedio en Kabul entre abril de 1992 y marzo de 1993, antes de los talibanes. Si bien ninguna facción ni grupo étnico se libra de la responsabilidad de las atrocidades cometidas durante este período (por ejemplo, el partido chiita Harakat-e Islami también es responsable de numerosos crímenes), los testigos de los barrios de hazaras son especialmente impresionantes. Y el problema actualmente, y que afecta a la totalidad de víctimas afganas sin distinción de religión ni grupo étnico, es que los criminales forman parte de las estructuras del poder en el país con absoluta impunidad con un descuido total de transición en términos de justicia.

«A nosotros nos atacaron los pastunes… Yo lo he visto con mis propios ojos, que si una mujer llevaba un anillo le cortaban los dedos para robárselo. También los cortaban los pechos y las mutilaban. Y las violaban. Degollaron un bebé de seis meses y lo colgaron en la entrada del pueblo. A mí me mataron todos mis hijos pequeños. ¿Qué más nos podían hacer? Han hecho un daño irreparable pero ahora nadie escucha nuestro dolor.

Nosotros siempre nos preguntaremos: ¿por qué todo esto? Mis tres hijos asesinados: ¿qué crimen han cometido mis hijos? Ni siquiera han llegado a ser adultos, sólo eran niños… ¡ni los niños se libraban! ¿Dónde están nuestros líderes para hablar de justicia? Es nuestro enemigo el que se ha beneficiado de la justicia: ¿por qué les perdonan nuestra sangre derramada?»

Publicado en Dialogal, 2013.

SICILIA. Musicanostra i la música siciliana. Una persona amb un sac penjant (llibre de Mapasonor)

Mapasonor i Musica Nostra
Mapasonor i Musica Nostra

9. Musicanostra i la música siciliana

Nada Gitto, Grazia Magazzù, Orazio Rantuccio, són la gent de l’associació Músicanostra (que hem conegut gràcies a en Jordi Fàbregas del Centre Artesà Tradicionàrius de Barcelona i a en Toni Torrens de Mallorca). Una associació que, com hem dit, ens ha permès arribar als racons més íntims de les tradicions musicals de les illes.

El navegador del cotxe ens condueix fins un barri residencial, als afores de Milazzo, al nord-est de l’illa. És de nit. Hem estat conduint, durant tot el dia per les estretes carreteres que travessen el nord de l’illa, des de Palermo. Sicília és massa gran pel nostre concepte «d’illa».
NADA: Carissimi, benvenuti… Fa molte ore si è in attesa!

Arribem tard. Fa hores que ens esperen però se n’alegren. La casa de la Nada a Milazzo, és una casa gran i àmplia, plena de llibres, CD’s, partitures i instruments musicals. Ens convida a entrar amb presses i la seguim escales amunt fins al seu estudi, al primer pis. Ens presenta diversos músics i a la cantant i actriu Silvana. Amb tots ells i l’Orazio tenim una agradable vetllada amb xerrada, música i ball. Tot molt improvisat i espontani. La Nada, a més de contactar-nos amb una pila de bons músics, ens ha donat una interessantíssima lliçó d’Etnomusicologia siciliana mentre la Silvana ens canta.

NADA: Aquest cant que fa la Silvana cridant és típic del sud. Les diferències entre el nord i el sud provenen del repertori o en la manera com es construeixen les cançons. El sud i el nord d’Itàlia són completament diferents: la manera d’usar la llengua, la sonoritat… Al sud es fa més polivocalitat i improvisació, fins i tot en els texts, mentre que al nord tot està molt més regulat i estructurat. És quelcom comú en la Mediterrània, especialment on hi ha mar i intercanvi i estàs obert a prendre el que et ve de fora. És diferent fins i tot en la manera de viure. És antropològicament diferent. També la manera de pensar, la manera de ser.

SILVANA: Fins i tot ho podeu observar als mercats. Als mercats del sud qui vol vendre algun producte ho fa d’una manera diferent dels mercats del nord. Els venedors de Catània han d’embellir el producte. Te l’ofereixen de forma espontània i de manera sempre diferent. Al nord hi regna el silenci. Tu mateix agafes el què vols i ja està! La nostra manera de comercialitzar s’’assembla al nord d’Àfrica però no al nord d’Itàlia. També regategem.

ORAZIO: És possible que aquest ús ens vingui dels intercanvis comercials. Aquest intercanvi de gent constant, ara et porto una cosa que no tens, ara em portes una cosa que no tinc… Som una cultura acostumada a intercanviar. Hi ha un hàbit d’intercanvi i d’hospitalitat, l’obertura a una persona que no coneixes.

L’etnomusicòleg Bruno Nettl (1985:113) defensava que a Sicília, les tradicions musicals del pobles que s’hi han establert han arribat als nostres dies sense moltes mutacions: «L’estil antic es troba principalment a les regions d’Itàlia que s’han mantingut relativament subdesenvolupades, que no s’han modernitzat i que, fins i tot després de 1950, tenien un nivell de vida notablement més baix que la resta de la nació: parlem de les muntanyes d’Itàlia meridional i central i de les illes de Sicília i Sardenya».

Però aquesta circumstància no significa que l’illa hagi tingut poca relació amb d’altres zones. Des de sempre, els sicilians i les sicilianes s’han relacionat amb les regions del sud d’Itàlia (Puglia i Nàpols) i amb el continent africà. Per Calàbria ha arribat a Sicília la tarantella, la lira i la zampogna. La tarantella, dansa de ritme sincoopat, de compàs 12/8, té múltiples variacions locals a l’illa. Per aquesta raó existeix a Sicília una gran diversificació i tarantelles de moltes tonalitats. També per influència de les regions del sud es festegen a Sicília diverses celebracions relacionades amb el calendari agrícola.

De Nàpols arriba la tradició d’acompanyar-se cantant amb un instrument de percussió. A través d’aquestes dues regions, també arriben a Sicília tradicions de tot Itàlia, com el fet d’interpretar per Nadal la «Novena di Natale».

Pel que fa a Àfrica, d’aquest continent arriba la tradició musical àrab a l’illa, avui exemplificada amb el grup Shamal de Palermo. Podria ser que una de les característiques més importants africanes que trobem a l’illa siguin les melodies d’estructura crida-resposta. Alguns investigadors també defensen que hi ha hagut una gran influència àrab en la tonalitat perquè moltes melodies sicilianes són de tonalitat menor.

Però sens dubte, el què realment identifica l’illa són els cants dels lamentatori durant la Setmana Santa que ja hem descrit, i tota una sèrie de cants de vida com els dels pescadors i els dels venedors anomenats alla carrettiera. També la poesia i els contes són tradicions molt arrelades.

A part del gran treball que estan realitzant a l’illa els companys i ls companyes de Musicanostra, destaquen les investigadors de Roberto Leydi, Diego Carpitella, i Alan Lomax.

Criminales en el Parlamento

Víctima de guerra de l'Afganistan
Víctima de guerra de l'Afganistan

Estoy ante un grupo de 30 mujeres afganas, víctimas de guerra, de cualquiera de las que han asolado (y asolan) el país durante 30 años. Cuentan historias de crímenes vividos en sus propias carnes, ante sus propios ojos. Todas ellas escalofriantes, y quizás las más cruentas son las del periodo anterior a los talibanes y posterior a la invasión soviética, cuando las guerrillas de muyaidines que habían luchado contra los rusos se lanzaron a luchar entre ellas cometiendo las barbaridades contra la población civil como arma de guerra. Señores de la Guerra apoyados internacionalmente en los 80’s en un país que se convirtió en un laboratorio más de la guerra fría. Estas mujeres recuerdan perfectamente sus asesinos, o las miradas de sus violadores, o los nombres de los responsables que ordenaron esos castigos: Sayaf, Dostum, Rabbani, Ismail Khan…

Nombres y apellidos escritos en los informes de la ONG de derechos humanos Human Rights Watch. Nombres y apellidos de asesinos que actualmente forman parte del gobierno o del parlamento afgano, que dirigen el país y gestionan los fondos de “reconstrucción” del país sin que la comunidad internacional intervenga especialmente legitimando a unos criminales bajo el “no intervencionismo en asuntos internos”. Se legitima la “intervención” militar, esa sí, pero no la “intervención” política como si esa panda de criminales fueran unos santos. Unos criminales que esas mujeres víctimas que tengo delante recuerdan sus actos detalle a detalle, criminales que esas mujeres quieren expulsar, mucho antes que a las tropas internacionales (que al menos su presencia da cierto grado de seguridad). Su prioridad numero uno es sacarse de encima esa pesadilla de su historia que ahora está en el poder, que se reparte el país, y que quién sabe hacia donde puede dirigirse.

Las víctimas se pudren en sus lágrimas y sus recuerdos siniestros. Pero en los movimientos sociales de nuestro país parece que se ha extendido una crítica casi unidireccional hacia la retirada de las tropas internacionales, y casi no se debate nuestra irresponsabilidad política por la falta de una presión para dejar fuera de juego a los criminales. Cuestionar las tropas internacionales es un debate legítimo (y más con la cantidad de “daños colaterales” que provocan, especialmente las norteamericanas), pero monopolizar el debate en este tema, colocar por delante el dolor y la mala consciencia moral occidental, al miedo y la voz de las víctimas. Las 30 mujeres pertenecen a una shura (asamblea) de víctimas que organiza la ONG “Fundation for Solidarity and Justice” dirigida por Horia Mosadiq. Esos ministros, esos parlamentarios que se reparten el botín de la ayuda internacional y el propio país, fueron los responsables de violar hasta la muerte, matar a los hijos a clavos en la cabeza, arrancar la piel de los maridos hasta la muerte… Ellas sólo quieren que esos carniceros desaparezcan del país.

Después de visitar un grupo de mujeres de una zona absolutamente mísera que fue devastada por Masud (hoy “héroe nacional” al ser asesinado justo antes del 11 de setiembre, y recibido hace años oficialmente por la Unión Europea), se acerca un hombre y una mujer y me dicen: “Gracias por registras nuestras desgracias, y por difundirlas, y por hacer algo para que esto se conozca. Esto puede cambiar más nuestras vidas que cuándo vienen a traernos harina o leche”

El Inconformista Digital

Camino del muro

Dones palestines al mur de de l'apartheid a Cisjordania

– La construcción del muro dentro de los territorios ocupados y su régimen asociado son contrarios al derecho internacional.

– Israel debe parar con la vulneración a dicho derecho. Asimismo, debe cesar la construcción del muro en los territorios ocupados, desmantelar la parte construida del mismo y realizar todos los actos administrativos y legislativos que se correlacionen con ello.

– Israel debe reparar todos los daños causados como consecuencia de la construcción de dicho muro divisorio.

– Los estados no deben reconocer la situación ilegal resultante del levantamiento del muro ni tampoco proveer ayuda o asistencia para sostenerla. Todas las partes contratantes del IV Convenio de Ginebra deben asegurar el cumplimiento de todas las disposiciones de derecho internacional por parte de Israel, tal como se contempla en dicho convenio.

– Naciones Unidas debe considerar que acción se deberá tomar para finalizar con esta situación ilegal resultante de la construcción de dicha división.

Corte Internacional de Justicia, 9 Julio de 2004.

Más allá de profundos análisis legales o politológicos de la situación actual del conflicto y la ocupación en Palestina por parte de Israel, hay multitud de personas en Palestina que viven día a día el castigo colectivo al que son sometidas. Las personas anónimas están convirtiendo el simple desarrollo de su vida cotidiana, siempre complejo y tenaz, su dignidad personal, en una de las mejores y más duraderas formas de resistencia a la ocupación. En Palestina las voces de las personas anónimas ante la situación adversa son la mejor prueba que la microhistoria a veces supera a la macrohistoria.

Recorremos del Sur al Norte de Cisjordania a través de las voces de las víctimas de una de las mayores vergüenzas de la historia del siglo XXI: el Muro del Apartheid que Israel está construyendo para segregarse de Palestina y anexionarse recursos y territorios.

Los papeles. Umm Salamuna (Belén)

En el pueblo de Umm Salamuna los planes israelíes han planificado la confiscación de tierras fértiles de la población palestina para construir en un futuro el muro, entrando dentro de los límites establecidos internacionalmente entre Israel y Palestina para robar tierras. El alcalde de Umm Salamuna nos cuenta la situación: “Nuestro pueblo está cercano a la línea verde, el límite con Israel. También lo está de la colonia israelí de Efrat. Lo que el muro va a hacer en toda la zona cercana a Umm Salamuna es coger una parte importante de tierras agrícolas y confiscarlas para el lado israelí. Es una zona muy importante para Palestina ya que son las únicas tierras realmente fértiles de la zona, yendo al este la zona es ya desértica. El muro aislará toda una zona de pueblos palestinos robando 1.700 dunum de tierra (cada dunum son unos 1.000 m2). Israel se quedará con la zona fértil y nosotros con la zona desértica”

Mahmoud es un de los abuelos del pueblo al que se le confiscan las tierras:

“Este documento que te enseño es de la Corte Israelí hace 25 años. Dice que estas tierras pertenecen a los campesinos de Umm Salamuna, no a la colonia israelí de Efrat tal como la Corte lo considera actualmente, y no se puede confiscar ninguna parte. Tengo también documentos del periodo jordano, de antes de 1967 donde se cita el nombre de esta tierra y el propietario.“
“Yo nací en esta tierra, mi padre y mi abuelo ya estaban aquí, y hasta ahora hemos estado viviendo de esta tierra. Los israelíes dicen a Europa o a los Estados Unidos que fueron a un desierto, a una tierra sin población. Pero puedes ver que estamos aquí desde hace centenares de años, ¿y los israelíes han venido hace cuánto…? ¿60, 40 años? Nuestras tierras son históricas, no estamos en un desierto, estamos en tierras que cultivamos.”

Tumba de Raquel: Belén

En los límites de Belén y en el cruce de carreteras que va a Hebrón o a Jerusalén se encuentra una tumba de la bíblica Raquel. Israel se ha anexado este lugar sagrado para los judíos construyendo un muro que literalmente envuelve las casas palestinas cercanas y ha convertido en una zona muerta el que era uno de los principales centros comerciales de Cisjordania sur.

Antoinette, propietaria de la casa que el muro envuelve totalmente.

“Nuestra casa es una cárcel. Esta zona es considerada por Israel una zona militar, una zona de seguridad y siempre hay presencia militar al lado de nuestra casa. El muro envuelve completamente nuestra casa, entre el área militar y la Tumba Bíblica de Raquel, que los judíos consideran como su zona sagrada. Por eso nos han envuelto completamente con el muro, para separarnos. Nunca hubiéramos imaginado algo así.”
“Pero estamos en una zona de Área C, y según los acuerdos que firmaron con Arafat la seguridad está bajo control militar israelí. Seguridad para los israelíes, no para los palestinos. Para los palestinos es al contrario, es una zona en peligro para nosotros. Estamos bajo control de todo. Nadie nos puede visitar, la gente tiene miedo. Esto es un área muerta, hay muchas casas vacías, y en cambio antes esto era una de las zonas más ricas. Todo el mundo que iba del Norte al Sur debía pasar por esta calle. Nosotros teníamos cuatro tiendas en la zona que funcionaban mucho y ahora las hemos cerrado todas, todo el mundo tiene miedo, es una área horrible. Hace 6 años había muchas tiendas. Ahora no hay nada.”
“Área C, Área B… nosotros no tenemos idea de esto, hemos oído que esta zona es Área C pero nosotros no somos políticos sino civiles. No sabemos nada de política. Somos seres humanos y punto. Nuestra vida a ido peor y peor, vivimos en una gran cárcel y pedimos a nuestros líderes que busquen una solución para nuestro futuro y el de nuestros hijos.”
“No queremos irnos. Es nuestro hogar, nuestra casa, nuestra tierra y el muro la ha robado. Alguna vez han sugerido pagarnos por abandonar nuestras casas. Pero esto es nuestra tierra, y no podemos abandonar nuestra tierra. Esta tierra la hemos heredado de nuestros parientes, abuelos y bisabuelos y tiene que ser heredada por generaciones futuras.”

La responsabilidad de Europa: Abu Dis (Jerusalén)

Abu Dis queda literalmente pegada a Jerusalén y fue uno de los primeros tramos de muro que se construyeron. Algunos habitantes ya no creen en ningún tipo de promesa de solidaridad.

Abu Ahmed, pastor.
“¿Si te pones un sombrero para protegerte del sol, porque no debería gustarte que otros se pongan sombrero para protegerse del sol? Si tienes una sonrisa, los otros también, si tienes un pensamiento la gente también. ¿Por qué hay gente que necesita robar lo que los otros tienen? A Europa, América o Israel, les gusta robar lo que los otros tienen y dicen que los otros son terroristas. Nosotros no somos terroristas. Quien roba, quien asesina es terrorista, no quien no puede hacerlo.”
“Muchos europeos vienen aquí a preguntarme cosas, como vosotros… ¿por que tienes que preguntarme a mi? Ve a tu gente a tu gobierno que tienen aviones, bombas, armas… Yo no voy a América ni a España a luchar contra nadie. ¿Por qué venís a luchar en nuestro país si nosotros no vamos a vuestro país a luchar?”
“La gente de España por ejemplo no lucha contra su gobierno, están de acuerdo con lo que su gobierno hace. Pero si no estás de acuerdo tienes que decirlo. Cuándo vuelvas a tu país debes ir a tu gobierno y decir que no estás de acuerdo en nada y que tienes que expulsarlo. Pregúntales cuantos euros pagan por este muro, por la guerra de Irak, por la de Afganistán. Después, tal vez tendrás razón, mientras tanto no la tienes.“

Rodeado de muro: Masha (Salfit)

El diseño de los ingenieros israelíes del trazado del muro no advierte si pasa por casas particulares. El muro tenía que pasar por la casa del campesino Hani Amer y a su familia que se negaron a abandonarla. La solución fue un espanto: a su paso el muro envuelve literalmente su casa. A un lado tienen un check point permanente y detrás tienen una colonia. No acceden directamente a sus tierras confiscadas por Israel.

“Como puedes ver me han rodeado de muro, a un lado muro de cemento, al otro lado valla electrificada, a un lado este puesto de control militar, y como vecinos varias familias de colonos israelíes. Yo tenía muchas tierras que han confiscado y que han quedado del lado israelí, aquí donde están los colonos. Tenía un buen negocio antes, ganaba mucho dinero. Para las pocas cosas que me dejan cultivar tengo que ir al otro lado del muro y supongo que al final ni me dejarán cultivar estas. Antes tomaba esta carretera para ir a mi tierra, pero ahora este check point que ves cierra todos los caminos y cuando voy tengo que salir por la carretera desde Masha y dar la vuelta pasando cuatro pueblos más.“
“Además tengo muchos problemas con estos colonos de al lado, 30 personas que nos acosan, nos tiran piedras durante la noche a las 12 etc. Tiran piedras por la noche, por el día, por la tarde… Los soldados vienen a menudo a mi casa, entran cuando quieren, por la noche, a la 1, la 1 y media… Y la familia o los amigos no siempre pueden visitarnos porque los soldados un día les dejan entrar, otro no… son aleatorios, les llenan de preguntas y al final prefieren no venir.”

Entre el muro y la línea verde: Baq Ash Sharqiya (Tulkarem)

Jamal de Tulkarem nos da una visita y nos cuenta:

“La línea verde que separa Palestina de Israel pasa por este pueblo en el que estamos, Baqa Ash Sharqiya y el pueblo vecino Baqa Ash Gharbiye que ahora es israelí. Esto también pasa por Rafah un pueblo de Gaza que ha quedado dividido en su parte egipcia y la palestina. Este pueblo es nuestro Rafah.”
“Aquí vemos seis familias delante del muro cruzando un check point. Van a sus casas, palestinas, de Cisjordania, pero que debido a la construcción del muro han quedado del otro lado, el israelí. Tienen ID palestino pero tienen que cruzar un check point y viven en una área muerta entre Israel y el muro. Cuando van a ver a su familia, cuando van a la escuela, cuando van a rezar… siempre tienen que cruzar un check point absurdo en su país. “
“Esta casa que vemos tiene el tejado confiscado por el Ejército Israelí y ocupado 24 horas. Su pared hace de muro, es como un bloque más del muro. El hombre está en su casa pero diariamente va a vivir en esa casa pequeña al lado porque no puede soportar la presencia constante de soldados israelíes en el tejado de su casa. Además esta calle que era justo el centro vital y económico de esta zona y él era propietario de varias tiendas. Pero la construcción del muro ha creado un pueblo muerto. Desde su casa ve la casa de su hermana que está al otro lado, una palestina de Baqa As Gharbiye, pueblo palestino en Israel. Cada vez tiene que pedir permiso y si tiene suerte que se lo concedan, para una casa que está a poco más de 100 metros, tiene que dar la vuelta por el sur y hacer unos 120 km entre ir y venir.”
“¿Dónde estamos? ¿Esto es la democracia que cuentan? ¿Crees que esto es realmente una democracia? ¿esto es seguridad? Destruir casas, poner muros, separar familias, cerrar tiendas… demoler todo en nuestra vida… ¿esto es seguridad? ¿Quién desea seguridad? Los israelíes tiene hasta la bomba atómica y nosotros no tenemos nada… En la Unión Europea se construye un solo país con gobierno y moneda, pero aquí en una área pequeñísima nos separan… Incluso separan el mismo pueblo, las mismas familias. ¡Eso es aún peor que el apartheid! Quieren transferirnos, pero ¿dónde? ¿dónde podemos ir? No tenemos otra tierra.”

Samer vive en esta área aislada de Baqa Ash Sharqiya

“El muro nos ha aislado a unas cuántas familias de Baqa Ash Sharqiya entre la línea verde y el muro porque Israel ha querido construir el muro justo delante mío. Para ir a Baqa al Gharbiye que es un pueblo palestino de Israel donde tenemos nuestros parientes y amigos necesito permiso especial y si me capturan paseando aquí a 20 metros de mi casa me pueden encarcelar. A mi pueblo puedo entrar pero tengo que seguir los horarios del check point de 7 de la mañana a 8 de la tarde. Me dan un permiso anual para ir a mi pueblo desde esta franja en la que estamos aislados. Somos 10 familias viviendo en 8 casas de esta manera, 4 casas fueron destruidas. Si cierran el muro no tengo nada que hacer, solo quedarme aquí entre el muro y la línea verde, en esta línea de 20 metros. ”
“Esta es nuestra tierra y nuestra casa, no tenemos alternativas. De aquí no voy a moverme, esta es mi tierra. Tengo documentos que lo prueban desde la época otomana, británica, jordana… Los ladrones siempre tienen miedo. Los israelíes tienen miedo de los palestinos porque los ladrones siempre tienen miedo.“*

*Los testimonios se recogieron entre 2006 y 2007.

El Inconformista Digital

Esto es Gaza, así es nuestra vida

“Mira fuera…
F-16 sonriendote…
APACHES bailando para ti…
ZANANA cantandote…
… porque les pedí a todos que expresaran su deseo de FELIZ AÑO NUEVO”

(sms mandado por Manal Awad desde Rafah, en Gaza, la noche de fin de año en medio de los bombardeos de las Fuerzas de Ocupación Israelíes con un balance en ese momento de 2.400 víctimas, 400 mortales)

– ¡Qué le vamos a hacer, esto es Gaza, así es nuestra vida!, me dijo Manal Awad, mi admiradísima amiga que vive en Rafah.
– Por supuesto que me preocupo, eres mi mejor amiga.

Al cabo de un rato, como si fuera ella la que debiera mandarme ánimos a mi, recibí este sms al móvil de un humor negro típicamente palestino. Una hora antes un mísil acertó muy cerca de su casa, y asomándose a las ventanas se dedicaron ella y sus hermanas a calcular que grado de posibilidad había de ser alcanzadas por la onda expansiva y convertirse en un “daño colateral”. Su vida en estos días es una vida bajo la guerra: las diez personas de su familia están encerradas sin salir en la habitación más oculta de su casa, abasteciéndose de lo que tienen almacenado. La calle es lugar de muerte posible, los almacenes están cerrados, el mercado negro está a precios prohibitivos, toda frontera está cerrada y la ayuda humanitaria hace meses que está bloqueada por Israel (“por razones de seguridad” supongo…). Y los túneles entre Gaza y Egipto, excavados como única vía para paliar castigo colectivo que desde hace meses Israel somete a Gaza con el bloqueo de todas las fronteras, han sido prácticamente destruidos… ¿Qué hacer? Nada. Esperar a no ser alcanzados por un mísil… probabilidad alta y esta nueva locura destructiva de Israel se supone que va dirigida a miembros del Hamás, pero en Palestina las personas no viven segregadas en barrios del Hamás o del Fatah o del Frente Popular, o…

“Esto es Gaza, así es nuestra vida”, un mensaje habitual de la gente de Gaza, tal vez interiorizado. Una cruel afirmación que debe imagino funcionar como mordaza moral a los ojos de aquellos israelíes que no sienten vergüenza ante las políticas criminales de su propio estado. “Así es nuestra vida”, una afirmación que sirve como amnesia ideológica a la patética comunidad internacional (empezando por nuestra clase política, continuando por la intelectual e incluso mediática) y quedarnos vergonzosamente pasivos, callados ante la última locura destructiva de Israel, una de las últimas locuras destructivas, una de las tantas y tantas locuras destructivas que tiene Israel en su curriculum como estado criminal… ya olvidadas hasta por las víctimas. Un silencio que nos hace vergonzosamente cómplices. Un silencio chantajeado hábilmente por una baraja de calculadísimas frases que siempre funcionan “apoyas el terrorismo”, “Israel tiene derecho a defenderse”, “eres un antisemita”, “eres un islamista”, “los palestinos quieren destruir Israel”… Y mientras tanto las víctimas, a centenares (a miles teniendo en cuenta que toda la población está bajo guerra) les importa un bledo a los ocupantes, nos importa un bledo a la comunidad internacional, y hasta les importa un bledo a la mayor parte de los estados árabes que sólo denuncian la causa palestina como una feria para evadir sus propias incapacidades sociopolíticas. Y mientras las víctimas pudriéndose de guerra. Pero “Esto es Gaza, así es nuestra vida”.

Así es la vida de mi amiga Manal de Rafah en Gaza, una vida podrida de guerra y en su caso, como mujer progresista que es, una vida tensa de presiones sociales en una sociedad conservadora. Pero Manal es una “afortunada” en esa cárcel política que es Gaza. Manal no tiene la mitad de la familia asesinada, ni la otra mitad raptada y metida en una cárcel por las Fuerzas de Ocupación Israelíes. Como la mayoría del más de un millón de “presuntos terroristas” que viven en Gaza (ya que el látigo israelí cae en todas las personas de Gaza). Por ejemplo los policías: al ser Gaza gobernada por el Hamás inmediatamente han sido las primeras víctimas civiles en una acción claramente calificable como terrorismo de estado por esa cobardía criminal en la que está sumida el estado de Israel. Manal tiene la suerte de no ser objetivo directo de esos crímenes, y “afortunadamente” solamente puede ser “daño colateral” de los mismos. Un riesgo alto el de ser “daño colateral”, a juzgar por la cantidad de veces que he hablado con ella tras presenciar un atentado israelí (los cínicamente llamados “asesinatos selectivos”). En concreto recuerdo una llamada suya justo después de haber asesinado delante un militante de la Yihad Islámica (y su chófer, claro…); los cristales de su casa se hicieron añicos, pero también fue destrozado un coche cercano donde fue asesinada una familia entera ilusionada por estrenar el coche nuevo que se habían comprado. Perdón, fueron “daño colateral”, no vaya a ser acusado de pro-palestino…

Así es la vida de Manal, una “afortunada” en Gaza. Ella ha podido salir alguna vez de Gaza gracias a la intercesión de ONG internacionales, cosa que la mayor parte de la población de Gaza no puede decir. Ha podido salir a Italia, España… ¡no a Palestina claro! ¡Por supuesto! Ella como el 100% de los “presuntos terroristas” palestinos, no pueden visitar su propio país desde hace décadas, ni Jerusalén, ni Nablus, ni Belén, ni… Israel les impone una férrea fortaleza, tanto de Gaza a Cisjordania como de Cisjordania a Gaza. Quién ha podido cruzar la frontera Norte, el llamado paso de Eretz, sabe que aquello es prácticamente una cárcel de alta seguridad, una frontera vergonzosa, humillante, propia del régimen más autoritario y fascista (como el muro del apartheid, por cierto…). Manal, la afortunada Manal, que sueña con visitar la ciudad vieja de Jerusalén o Hebrón, o comer un knafee en Nablus, sabe que nunca le será permitido. Eso sí, ella es una afortunada y alguna vez podrá soñar con pasearse por las calles de Toledo o de Roma. Ese secuestro de la mitad de un país, ese obligado exilio parece que a la “ejemplar” comunidad internacional no nos escandalice mucho, de hecho deber ser lo normal ya que “así es la vida en Gaza”.

Manal tuvo “suerte” de no morir aplastada por su propia casa. Una suerte que también tuvo su tía de 70 años, que si no fuera por la ayuda de sus vecinos no hubiera podido trepar la valla que la separaba y su cuerpo estaría bajo las ruinas de su casa. Su casa, que fue demolida por Israel, “por razones de seguridad”. De hecho era la tercera casa de Manal demolida por Israel en su obsesivo uso de la destrucción y el crimen como forma de exterminar cualquier expresión contraria a “su seguridad”. Manal vivía en una casa a 500 metros de la frontera con Egipto, cosa considerada peligrosa para la seguridad de Israel y su plan fue la destrucción sistemática de casas particulares palestinas de Rafah en una la operación poéticamente llamada “Arco Iris”. El objetivo era la eliminación física de la presencia palestina en la zona fronteriza para crear un área “clareada”. En muchos casos sin previo aviso, como en la familia de Manal. Lo perdieron todo y ella recuerda con lágrimas perder un mueble fabricado por ella donde iban guardando todos los recuerdos familiares. Una memoria perdida, destruida (como Israel viene haciendo desde 1948, la destrucción sistemática de la memoria histórica palestina).

Pero esta operación, y tantas y tantas escenas de crímenes de estado en Gaza son olvidadas, incluso muchas ni fueron condenadas (¿alguien recuerda ya la escena de la niña llorando desesperadamente en la playa con su familia muerta por un mísil israelí, por ejemplo? ¿o el infierno de la vida de los habitantes cercanos a una colonia israelí de Al Mawasy?). Como parece que no va a ser enérgicamente condenada esta nueva locura criminal de este estado “democrático”. “Esta es su vida”, la de la gente de Gaza así lo asumimos. Y como comunidad internacional nuestro papel es sólo la vergüenza y la complicidad, ante unos hechos que si no los vemos es porque no queremos verlos.

El Inconformista Digital

48_Cultura (documental 24′ min.)

En 48_Cultura a través del testimonio de las bailarinas del grupo de danza “El Funoun” de Ramallah descubrimos la crueldad con la que está trazada la red de check-points en Palestina y vemos cómo la cultura se convierte para las palestinas y palestinos en una forma de ejercer su derecho a la resistencia ante la ocupación.

48_Territori (documental 23′ min.)

Un paseo por la zona sur de Cisjordania donde los palestinos nos muestran los efectos en la vida cuotidiana, de la construcción de colonias ilegales judías: en el caso de la ciudad de Hebrón donde un asentamiento ultraradical se ha ubicado en el centro de la ciudad vieja, y en Nahalin donde un pueblo está rodeado de colonias.