Mujer con alcuza (Dámaso Alonso)

La Ghalia de Kasserine

¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?

Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.

Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro,
por una voluntad
de esquivar algo horrible.

Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de la desesperanza.

Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y sacudía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan extrañas flores encendidas.

Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.

Pero el horrible tren ha ido parando
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.

Ella
recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables margaritas, blancas cual su alegría infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir.
Pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
solo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.

Y por fin se ha dormido,
sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
por lloros de niños que se despiertan mojados a la media noche,
o por cortantes chillidos de mozas a las que en los túneles les pellizcan las nalgas,
…aún mareada por el humo del tabaco.

Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
siempre con una ansia turbia, de bajar ella también, de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos inacabables.

…No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iban cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos a su alrededor:
sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla un instante en las sombras,
algún cuchillo como un limón agrio que pone amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Solo la velocidad,
solo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
solo el ruido del tren.

Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.

…Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
que aún hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
entre caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o un bosque de cruces, o una nebulosa de cruces,
de cercanas cruces,
de cruces lejanas.

Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra en putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
¿O es que como esos almendros
que en el verano estuvieron cargados de demasiada fruta,
conserva aún en el invierno el tierno vicio,
guarda aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan los pájaros?

Afganistán, la aniquilación de la música ( Música en Afganistan hasta el 2001: el impacto de la guerra)

Este texto pretende ser un ataque contra el fenómeno histórico más despreciable de la naturaleza humana: la guerra. Afganistán ha sido y es una víctima de esta vergüenza de la humanidad y todo un pueblo ha sido víctima de la sed destructiva de unos cuantos grupos de guerreros. La música, como expresión de la vida de las personas y los pueblos puede mostrarnos cómo un país puede tener un antes y un después, como toda su riqueza puede ser de golpe aniquilada, con difícil vuelta atrás.

Daud Khan. Foto: Javier González
Daud Khan. Foto: Javier González

El Rubab de Efrén López

En el año 2003, dos años después del 11 de septiembre, el músico valenciano Efren López me pidió un favor personal: que le comprara un rubab en Kabul, el instrumento de cuerda más identitario de Afganistán. En 2002 yo ya había estado en los caóticos mercados para comprar casetes, las primeras joyas musicales que se podían encontrar tras la caída de los talibanes. Un año antes era un acto de delincuencia el simple hecho de escucharlos. Los luthiers hacía años que habían huido del país, por lo que en un momento tan prematuro, fue una odisea encontrar un lugar donde vendieran instrumentos musicales. En medio de un barrio periférico de Kabul rodeado de edificios destrozados y llenos de metralla de guerra, me encontraba ante un hombre elegante de barba blanca afinando las cuerdas, un milagro en un país literalmente destruido. Efrén recibió el instrumento absolutamente alucinado, pero quizás dimensionaba del todo que aquello era casi un milagro en medio de un ambiente de posguerra. De una guerra donde todo se había destruido y prohibido hasta el absurdo, donde las crueldades más inimaginables se habían realizado por criminales de fuera y de dentro del país.

Cuando se leen las emotivas crónicas de viajeras de los años 30 como Ella Maillart (La via cruel) o de los años 70 como Ana Briongos (Un invierno en Kandahar), y cuando se escuchan las grabaciones de campo y los escritos musicales de etnomusicólogos especializados en Afganistán como John Baily, Veronica Doubleday o Mark Slobin en los 60 descubrimos un país hospitalario, tradicional y seguro para viajar. Uno no puede ni imaginarse que el país se convertiría en el epicentro de la guerra y de los intereses geoestratégicos que le llevarían a su aniquilación. Este artículo parte de la idea de cómo se puede aniquilar un país a partir de la guerra para convertirlo en una pesadilla de lo que era. La música es un perfecto pretexto para ver la vitalidad del país antes de estallar el conflicto.

Viajes hacia la cultura popular

En 2003 fui como cooperante a Now Bloque, un pueblo rural ubicado en el norte del país, una región turkmena montañosa y fría, llena de chatarra bélica. Había sido núcleo de resistencia contra los soviéticos en los 80 y después había sido marginalizada y atacada por los talibanes ya que sus habitantes eran de etnia hazara, un grupo étnico de ascendencia mongol y mezcla turkmena que odiaban (eran shiítas y no suníes como ellos). Era un pueblo completamente empobrecido, sin médicos ni escuelas, con una dieta basada en el consumo de patatas, y con esclavismo laboral e infantil como única fuente de ingresos, tejiendo alfombras. Pedí si podía escuchar algún músico local y les costó mucho encontrar un tocador de tuiduk (una larga flauta turkmenos). Nos regaló una melodía larga, repetitiva, una especie de mantra interminable, e intenso a pesar del poco virtuosismo del músico.

La música popular había sido una manifestación artística muy presente en los diversos momentos de su vida social. La guerra aniquiló la vida social y las manifestaciones musicales. Now Bloque, por ejemplo, había casi desaparecido cuando los habitantes se refugiaron en Pakistán. Uno de los recopilatorios más fascinantes, el «Afghanistan Untouched» (editado por «Traditional crossroads») contiene las grabaciones de campo de Mark Slobin a lo largo de todo un período de paz de 1967 a 1972, un momento en que el país se dirigía hacia una modernización relativa y era bueno fijar las fuentes de las tradiciones. Este viaje musical es actualmente inimaginable. Él mismo escribe en el CD: «Antes de que las tierras fueran aplastadas, su gente dispersada y su música silenciada por el caos, Afganistán desbordaba de tesoros musicales…”.

Encrucijada de culturas

La música de tradición oral afgana es la de un país que es una cruzada de culturas, a veces en convivencia, a veces en conflicto. Por un lado están las culturas vinculadas a las repúblicas centroasiáticas, sobre todo la uzbeca y la tayica, que comparten el uso del instrumento de cuerda del tanbur (aunque con diferente tonalidad). También están los turcmenos, provenientes de migraciones soviéticas en los años 20 y adaptados a la cultura musical de los anteriores, o los kazajos de tradiciones musicales muy propias sin relación con el resto. También están los hazaras musicalmente vinculados a los anteriores.

La etnia mayoritaria en Afganistán son los pashtun que están conectados a las áreas tribales de Pakistán, una frontera impenetrable y ambigua. Tienen un sentimiento identitario muy fuerte. A pesar de ser profundamente patriarcales tienen una expresión poética y musical sorprendente, los landai, poemas cortísimos y metafóricos que expresan sentimientos de amor, de pérdida, de amor hacia la naturaleza etc. Al parecer la mayoría de landai son compuestos por mujeres y, además de temas del ámbito doméstico o de la tristeza por el exilio o la pérdida del marido en la guerra, algunos tienen un contenido altamente erótico. Un ejemplo que encontramos en el libro «El suicidio y el canto» en Ediciones del Oriente y del Mediterraneo es este: «De buen grado tiene daría mi boca, pero ¿para qué remover mi cántaro? Ya estoy toda mojada.»

Música para hombres y para mujeres

La música en Afganistán se desarrolla sobre todo en el ámbito privado, aunque sea practicada en ocasiones de vida social. Los músicos tienen prestigio por su función social, pero también un cierto anonimato ya que el trasfondo de conservadurismo religioso musulmán les lleva a la discrecionalidad. Slobin dice que el músico es transmisor de pasión y por eso se le tacha de ausheq (portador de pasión o Souq, de una manera similar a los sufíes) o de diwana (loco). Esto mismo ocurría con las danzas, muy apreciadas en el ámbito doméstico o en fiestas privadas pero a menudo mal vistas en el espacio público.

En la vida pública las expresiones musicales de la música afgana son sobre todo masculinas. Uno de los lugares de encuentro más representativos son las “casas de té” (chaihanas), espacios muy vivos a veces censurados por los «guardianes de la virtud». Allí se desarrollan tradiciones musicales diversas como los poemas épicos acompañados del tanbur, el glichak o las flautas locales, o incluso el rubab, cordófono usado en la música culta.

Las fiestas son una ocasión especial para la música, en especial las bodas. En Kabul, tras la caída de los talibanes, la ciudad estaba prácticamente en ruinas. Los primeros edificios nuevos o restaurados que aparecieron eran las casas lujosas y kitsch de los señores de la guerra o las enormes salas de bodas. En Afganistán las bodas y los sistemas de dote son el sistema familiar en sí mismo. Y el origen de las bodas convenidas como sistema de negociación entre familias que forman parte del sistema social. Cuando reina la impunidad legal, como ha ocurrido en los años de guerra, se extreman las prácticas de matrimonios prematuros con casos hasta de bodas de niñas de 8 años.

En las bodas la segregación entre sexos es estricta. Las bodas masculinas, al ser más accesibles, están más estudiadas. Por ejemplo en el área de Kabul los grupos de músicos profesionales tocan instrumentos de origen indio como la tabla (membranófono) y rubab. Las bodas son el gran momento expansivo de la vida de las mujeres y ha podido ser estudiado y registrado en la zona de Herat por la etnomusicóloga Veronica Doubleday (con CDs como «Female musicians of Herat» publicado por la Unesco o libros como «Three women of Herat»). La Doubleday recoge testimonios de mujeres profesionales, las golpasand, que hacen una música muy rítmica con daireh, un gran pandero, o instrumentos de origen indio como el harmonium (especie de acordeón) o la tabla donde las mujeres danzan energética y sensualmente. Grabó varias golpasand como la Zainab Herawi, cantante de gran calidad que después grabó para Radio Kabul y que actualmente ha asesorado grupos como el Ensemble Bakhtar. En estas grabaciones se hacen patentes temas del canto de mujeres como las relaciones familiares, la maternidad, el amor pasional, los temas personales, los temas espirituales… Un ejemplo es este: «Cuando yo te veo, mi corazón late y mis labios ríen. Dicen que renuncie a mi amor. ¿Cómo podría renunciar a ti? Moriría.»

Música culta

Las tradiciones cultas en Afganistán, denominadas «Klasik», tienen fuertes lazos con las tradiciones hindustàniques de la India, incluyendo los patrones melódicos de la raga y los rítmicos de la tala. Las ragas afganas, sin embargo, tienen muchas más variaciones rítmicas. Esta influencia india afecta hasta todo en la zona oeste de Herat, especialmente cuando en los años 30 adopta el estilo de Kabul. Herat había sido un epicentro cultural de cultura persa, pero que estaba en lentísima decadencia desde el siglo XV. En Afganistán también se desarrollan los géneros vocales, especialmente los ghazal vinculados con Pakistán y el norte de la India.

El instrumento nacional afgano es el rubab, el llamado «león de los instrumentos», un cordófono tan relevante que aunque habitualmente la música india ha influido en la afgana, en este caso ha sido el rubab que ha influido la creación de un instrumento muy importante para la música india, el sarod. Es un instrumento solista o de acompañamiento, que tiene una caja de madera de dos cuartos, mástil corto, con multitud de cuerdas simpáticas y que empieza a tocarse el siglo XVIII. Algunos de los grandes maestros o «Ustad» (palabra árabe-persa que significa maestro) son Daoud Khan (maestro de la Efrén López), Mohammed Omar, Sardar Mado, Essa Kassemi, o Mohamed Rahim Khushnawaz. A este último tuvimos la suerte de verlo tocar en Barcelona en diciembre de 2001, en plena invasión de Estados Unidos en Afganistán. Él pertenecía a una familia de Herat de músicos profesionales a lo largo de varias generaciones. Su padre había favorecido la introducción del estilo kabulí en la provincia, influido por el sistema de la raga india. En Herat tocaba con Gada Mohamed, músico de otra adscripción social, ya que era amateur que había aprendido a tocar por observación el dutar (cordófono creado en 1965 en el contexto de Radio Kabul). Gada se refugió durante la guerra civil en Irán, y el ustad Rahim se quedó en Herat.

Lady Parwin

«Yo fui la primera mujer cantante en la radio, a principios de los años 50, y me decían Lady Parwin. En aquella época cantábamos temas indios o música local tradicional, pero fue en Radio Afghanistan que se empezó a introducir el jazz. Las mujeres de todos los orígenes nos apoyábamos a pesar de la discriminación que había entre las etnias. Yo, por ejemplo, cantaba en todas las lenguas del país. Los mullahs no nos podían restringir como hacen ahora ya que no tenían el mismo poder. En el período soviético pudimos desarrollar nuestras carreras hasta que llegó la guerra y las luchas sangrientas nos obligaron a marchar a refugiarnos a Peshawar, en Pakistán. Nosotros vivíamos en Kabul en el barrio donde vivían muchos artistas, que fue objetivo de muchos ataques. Marchamos tan rápido que ahora no tengo nada de aquella época, ni siquiera mis fotos.»

En 2003 visité una de las grandes estrellas de la música afgana, una mujer aún recordada por mucha gente, Lady Parwin. Tenía origen aristocrático pero ahora vivía en Kabul en un edificio destrozado de un barrio que había sido bombardeado, de vuelta de su período como refugiada. Era muy vieja y muy pobre, y había perdido todo lo que tenía, hasta los recuerdos de cuando había sido una famosa estrella. Pero el peso más grande era haber perdido el estatus y la libertad que había tenido. Ella mantenía su dignidad. Incluso fumaba. Pero el país era sólo una sombra de lo que había sido.

Radio Kabul

En este contexto cultural afgano Radio Kabul (nacida en 1925 y destruida en 1928) que luego fue Radio Afghanistan (nacida en 1940 gracias al apoyo alemán) suponía un giro copernicano para la música afgana aportando dos cambios cruciales: las mujeres pasaban a participar en el ámbito público, y además como estrellas famosas, y la diversidad étnica del país participaba en un mismo nivel, o en fusión interétnica.

Mark Slobin apunta que la radio fue uno de los factores unificadores claves en un país marcado por la fragmentación étnica, lingüística, urbana, rural… La radio reducía espacios ya que llegaba a todas partes y hablaba de unos valores de una modernidad muy adaptada al país. Además recogía músicas de artistas folclóricos respetando sus orígenes (como un excelente músico popular de cordófonos, Baba Naím), también creó una orquesta propia con una gran actividad, o llevó músicas de países como India, Pakistán, Irán, Tajikistan. Radio Afghanistan fue una escuela en un contexto donde la música no estaba en el currículum escolar. De ella salieron otras grandes estrellas como Ahmed Zahir, fenómeno de masas y que usaba elementos musicales modernos (órgano eléctrico, guitarra eléctrica, trompeta) o Ustad Mahwash, todavía viva y una de las pocas mujeres que recibió la categoría de ustad.

Afganistán, pues, era un país con unas tradiciones populares definidas, con una tradición y unos instrumentos nacionales, y hasta con un fenómeno de música moderna de masas y mujeres divas… Pero el peor parásito y la peor vergüenza de la humanidad aniquiló un país, una cultura, un pueblo y sus personas: la guerra.

Censura

Mónica Bernabé, destacada por su trabajo periodístico en defensa de los derechos humanos (con galardones como el «Premio Julio Anguita Parrado» o el «Premio Proteus») entró en el país el periodo talibán y nos dejó el año 2000 uno de los pocos testigos en nuestro país de los efectos de los talibanes en la música: «los talibanes controlan el 90% del país bajo un régimen de terror. Están prohibidas las fotografías, la televisión y la música. Yendo hacia Kabul, en la carretera, hay cintas de vídeo y casete destrozadas y colgadas sobre postes de madera. La imagen es surrealista.» Publicó en El Punt su experiencia entrando en el país en pleno período talibán con uno de los pocos visados de turista que se debían haber emitido en aquella época.

Los talibanes no fueron los únicos, y quizás ni los más destructores, ya que 30 años de guerra con armas, torturas, violaciones y prohibiciones de todo tipo tenían muchos responsables, y muchos de ellos ocupan puestos en el poder avalados internacionalmente. La cantante Parwin no debió marchar por los talibanes sino por los asesinos que destruyeron Kabul y que actualmente forman parte de la estructura política (como Dostum) o alzados como héroes nacionales (como Masud).

El etnomusicólogo John Baily ha hecho para la asociación Freemuse (en defensa de los derechos de expresión musical) el informe «¿Puedes detener el canto de los pájaros?» («Can you stop the birds singing?» Descargable desde su web) imprescindible sobre la censura en la música de Afganistán. Baily nos informa de las visitas que hizo en los años 80 a los campos de refugiados de Irán, donde la música era altamente restringida y censurada por las políticas del régimen censor del Ayatollah Jomeini (muy en especial durante el período de la guerra entre Irán y Irak). Los campos de refugiados de Pakistán, cerrados en sí mismos y con poco contacto con las ciudades, estaban controladísimos por mujaidines (guerreros del Islam) que estaban batallando contra los soviéticos y que a menudo provenían de las zonas fronterizas donde había una sociedad tribal ultraconservadora. Estos presionaban para censurar la música especialmente en directo (de entrada prohibían la amplificación) y a veces también los casetes o la radio. Esta presión de los mujaidines sobre las expresiones musicales era aún más fuerte cuando se fueron los soviéticos en 1989, ya que los señores de la guerra que crecieron iniciaron una cruel guerra entre ellos que tomó la sociedad civil como campo de batalla, con una guerra abierta que especialmente en Kabul afectó totalmente y, como nos explicaba la Parwin, especialmente del barrio donde ella vivía.

En la ciudad de Herat dominada por el señor de la guerra Ismail Khan, por ejemplo, Baily nos habla de la creación de la «Oficina para la propagación de la Virtud y la prevención del vicio». Se ordenó varios edictos que, sin llegar al extremo de los talibanes, eran un preludio. Controlaban la vida civil y limitaban la música de danza o de temas de amor, también la música amplificada y prohibían a las mujeres ser profesionales de la música. A los hombres no se les prohibió pero la vigilancia de la policía religiosa era muy fuerte.

Talibanes

«Prohibir la música … En tiendas, hoteles, vehículos y rickshaws los casets y la música están prohibidos … Si se encuentra un casete de música en una tienda, se pondrá en la cárcel el tendero y se cerrara la tienda … Si se encuentra un casete en un vehículo, el vehículo y el conductor serán encarcelados … Se prohíbe la música en bailes y bodas. En caso de violación el cabeza de familia será arrestado y castigado.»(Edictos talibanes después de 1996 recogidos por Ahmed Rashid).

Los talibanes lo llevaron al extremo. Su aparición súbita ocurre en un contexto de pérdida de crédito de los mujaidines, en una guerra interminable y despiadada entre los que habían defendido el país contra la invasión soviética. En las zonas pashtunes, una cultura ya de por sí conservadora, los mullahs más ultraconservadores se organizan para «poner orden» en un país en caos con una ideología que lee el Islam de forma sesgada, única y simplista inspirada en la corriente pakistaní deobandi. Es decir los talibanes mezclan los aspectos más conservadores de la cultura pashtun y de determinadas interpretaciones del Islam, sin que realmente representaran ni la sociedad pashtun ni la religión musulmana. La cultura popular pashtun es plural y rica y los edictos talibanes la destruye de raíz. No sólo eso sino que se cargan la existencia del oyente en sí. Además ataca una parte de la tradición islámica muy arraigada en Afganistán, la sufí, interpretación del Islam que ha sido pero el caballo de batalla de muchos movimientos ultraconservadores del Islam.

Epílogo

La situación posterior a la caída de los talibanes es extremadamente compleja y fuera del alcance de este artículo. Al fenómeno de masas de la música comercial india (sobre todo el Bollywood) se le suma la reactivación de artistas como Farhad Darya o Naghma vinculados a la última época de Radio Afganistán, o el nacimiento de otros artistas de ancho resonancia como Shafiq Moreda, Amir Jan Saburo o Takhar Shobab & Sidiqi Shobab, incluso el hip hop de raperos como Dj Beshir. Pero el trasfondo sigue siendo el de acoso y censura tanto gubernamental como de la insurgencia vinculada a los talibanes.

Todo Afganistán ha sido la víctima de unos intereses geoestratégicos y la música es la imagen de cómo la política puede aniquilar la vida de las personas, puede aniquilar la justicia y la dignidad de un pueblo. Los afganos y las afganas nunca han merecido ser víctimas de este vergonzoso juego de ajedrez del que todos y todas somos un poco responsables.

Nota: este artículo fue publicado en catalán en la revista Caramella.

Articulo publicado originalmente en El Inconformista Digital

Silenciosas y en palacios, Rafika y Anissa de Sers (Retratos de mujeres tunecinas, la cara escondida de la revolución)

Silencioses i en Palaus

En el 14 de enero de 2011, una revuelta popular de 23 días hizo derribar una dictadura de 23 años. La revolución fue encabezada por los pobres, cansados de un injusto y corrupto régimen que a ojos internacionales era visto como el núcleo de estabilidad y paz del mundo árabe. En la revuelta participaron también mujeres, muchas mujeres. Pero, el suicidio «a lo bonzo» del vendedor de frutas Mohammed Bouzazi de Sidi Bouzid y las posteriores revueltas en regiones deprimidas como Kasserine o Gafsa (o en Redayef en 2008) corren hoy el riesgo de quedar olvidadas en una transición en la que ya casi no se habla de los pobres.

Rafika, una chica joven de Sers, en la gobernación de Kef, me escribía en 1999: «Te hablaré de mi vida. He quedado sola en casa, justo cuando llega el invierno, ya que mis dos hermanos se han casado. Tendré que ocuparme yo sola de la casa: de hacer y cocinar la comida, de preparar el pan de tavona, de lavar la vajilla, la casa y sobre todo de ocuparme de las vacas. A pesar del cansancio me siento fuerte porque me gusta trabajar para levantar la familia.» Sers es un pueblo rural del noroeste del país, una de las zonas pobres y olvidadas por las políticas de desarrollo de Ben Alí que priorizaba la zona costera oeste, y una parte del norte. Ella era una chica con fuerte iniciativa, que luchaba como podía para hacer rentable la producción lechera de las dos vacas que le habían otorgado un pequeño crédito. Pero la falta de un contexto de desarrollo no le permitía hacer milagros.

Era también independiente y con una visión autónoma de las relaciones. «En relación a las bodas quiero que sepas que la mujer tunecina es libre de tal manera que es ella la única responsable de su vida, y ella sola toma la decisión de casarse; para nosotros el amor es lo más importante.» Pero Rafika vivía en una contradicción. Por un lado, las políticas diseñadas por Habib Bourguiga en 1957, cuando en la independencia creó la moderna República Tunecina, y continuadas por Ben Ali, defendían la emancipación y el empoderamiento de las mujeres -Rafika era fruto de este empoderamiento- pero en la práctica estas leyes no redefinían la cultura patriarcal existente. Tanto ella, como gran parte de mujeres tunecinas estaban mentalmente liberadas pero en un contexto conservador. Así, Rafika vivía una historia de amor imaginada, con un chico andaluz que había conocido en un campo de voluntariado entre españoles y tunecinos. «Yo quiero un hombre que trabaje como yo. Yo busco un amor como Fernando, porque los hombres de aquí no buscan el amor. El hombre que busco no existe en Túnez, no busco un hombre tunecino porque no creen en el amor, en cambio los españoles sois muy fieles. Yo imagino mi vida con él aquí, en mi pueblo, en mi casa, con mis vacas.»

En la vida íntima de muchas mujeres tunecinas de zonas empobrecidas hay una tensión entre su voluntad de emancipación y una «huída mental». Como consecuencia buscan estímulos externos a su entorno y a su país. En una ocasión la Rafika me escribió: «le he enseñado una foto tuya a Anissa, una amiga de Sers, y me ha pedido si puede ser amiga tuya y mantener correspondencia. Le he dado tu dirección.»

Al cabo de unos días a Anissa me escribió esta carta: «Querido, he terminado hace dos años mis estudios en economía internacional y todavía estoy en el paro en mi región. Me apasiona mantener amigos de diferentes nacionalidades para descubrir otras civilizaciones y discutir con personas de diferentes mentalidades. Quiero conocer personas de otros países a través de la correspondencia y transmitir nuestras ideas sobre el mundo, ya que no tengo oportunidad de viajar. Rafika me ha dicho que tú trabajas para ayudar a las regiones pobres de nuestro país y eso me parece increíble, ya que pienso hay demasiada gente que sólo piensa en destruir la humanidad. Esta vida está llena de contradicciones: amor y odio, paz y guerra, ricos y pobres, fuertes y débiles, y cada uno intenta resistirse como si viviéramos en una jungla donde dominan las leyes de los fuertes o los débiles.»

La microhistoria nos cuenta mucho sobre la macro-historia: las historias íntimas de las mujeres tunecinas de zonas empobrecidas nos explican cómo los procesos políticos y sociales impactan a la microhistoria. Las leyes progresistas en temas de género apoderaron las mujeres de Túnez, y esto se hacía patente en su participación en la vida pública. Pero también en el plano personal se producía un choque entre las mujeres, que mentalmente se habían emancipado, y los hombres, aferrados en su fortaleza patriarcal. El interés de Bourguiba y de Ben Alí era la oficialización del feminismo para tener las mujeres como aliadas, no el cambio estructural de la cultura patriarcal. En zonas rurales esta tensión era irresoluble.

Hablaba hace unos meses con varios blogueros y blogueras que habían participado de las revueltas en Túnez, y me decían que fue entonces cuando descubrieron la pobreza de su país. El gobierno de Ben Alí, cuánto más corrupto se volvía más enmascaraba esta situación. En su caída el panorama se ha vuelto abierto y complejo: la pobreza se ha hecho evidente aunque no sea claro que sea la beneficiaria última de la revolución. Las mujeres activistas no-oficiales (como las blogueras por ejemplo) se han hecho mucho más activas, pero los ultraconservadores religiosos (los salafistas) se están extendiendo sin control.

El Inconformista Digital

Barcelona, 15 Abril 2012.

Vidas podridas de guerra (Afganistán y las víctimas de guerra)

Identidad

– Yo no me enteré de nada, cayó en mi casa un misil de los soldados de Dostum y no me desperté hasta unos meses más tarde con medio cuerpo quemado.
– ¿Tu padre y tu hermano también fueron víctimas del misil?
– No. A mi hermano le dispararon en plena calle y murió en el acto. A causa de esto mi padre fue enloqueciendo poco a poco, casi sin darnos cuenta. Hasta que quedó completamente inútil para trabajar.
– ¿Cuándo tuviste que dejar de ser mujer, Malalai, y pasaste a ser hombre, Sumarai?
– Primero tuve que sobrevivir a mis quemaduras en un hospital en el que no había nada, como todos los de Afganistán. Tenía medio cuerpo quemado. Pero al salir del hospital el panorama familiar era desastroso, ya que no había hombres para tirar adelante con la familia. En mi país en ese momento sólo los hombres podían trabajar. Así que tuve que coger la ropa y el nombre de mi hermano, simular que era Malalai la que había muerto y Sumarai quien había quedado vivo. Desde entonces a ojos de mis vecinos y conocidos soy Sumarai y no Malalai.

(Nota: Malalai, nombre ficticio para preservar su identidad, actualmente vive en España)

Patrimonio

Naciste
Muerta
Arrastrando
La muerte toda tu vida

En la ciudad afgana de Herat, cercana a Irán, se está construyendo el “Museo de la Yihad”. Es un homenaje a las “gestas heroicas” de los guerreros musulmanes que se alzaron en armas y bajo la consigna de yihad, primero contra los gobernantes prosoviéticos afganos y después contra las tropas de la URSS que invadieron el país en los años 70.

El edificio es similar a una mezquita con cúpula, de estructura circular, forrada exteriormente de azulejos con suras del Corán. Sus jardines exteriores están repletos de chatarra bélica. En el interior, decenas de obras de arte de todo tipo de formato, instalaciones, fotografías o maquetas humanas que homenajean losyihadistas. Relieves de cobre, vitrinas con centenares de fotos personales de estos personajes y pinturas pseudorealistas. Todos ellos son sobradamente conocidos por los afganos y las afganas. Se conoce especialmente a Ismail Khan, gobernante de Herat. Pero también a Massud, a Dostum, a Sayyaf, a Qanuni… Todos ellos son, hoy en día, “héroes nacionales” que ni la comunidad internacional se atreve a discutir.

La joya del museo es la reproducción totalmente kitsch, a lo largo de dos pisos en forma de espiral, de figuras de yeso en tamaño casi real y reproducciones en relieve de paisajes de las batallas y hazañas bélicas con todo tipo de detalle de sangre y muerte.

Tuve la suerte de ir, rodeado de vehículos armandos, con el director del museo a un local a las afueras de Herat. Allí estuvimos hablando con una asamblea de unos 20 hombres. A juzgar por sus palabras, todos ellos eran tan inofensivos como un rebaño de corderos. Juzgados por sus actos, todos los corderos de la reunión tenían las manos manchadas de sangre: todos ellos, incluido el director del museo, habían sido yihadistas.

Víctimas

“Nuestra familia es hazara y a pesar de no tener ningún problema con nuestros vecinos de otras etnias, hemos sido perseguidos por todo tipo de milicias. Las de etnia pastún, como los talibanes o las del señor de la guerra Sayyaf cuando atacó Kabul en 1992, porque nosotros somos musulmanes shiíes y ellos son suníes. En este mismo año también nos atacaron milicias de tayikos pero ellos sólo se dedicaron a destruir. Los pastunes en cambio querían eliminar a las personas y a toda una generación, por eso ataban directamente a los niños”

“Era el año 1992. Una mañana tranquila nos pusimos a cocinar fuera de casa. Pero la tranquilidad acabó y cayó una lluvia de misiles. Nos refugiamos en el subterráneo de nuestra casa. Los pastunes entraron en el subterráneo y presencié como mataban a varios de mis familiares: mi hijo, mi padre, mi cuñado, mi sobrino. Recuerdo que mi nieto se puso a llorar, y sin otra razón lo mataron gritándole: tú eres hazara, no eres musulmán. Además querían destrozar la reputación de las mujeres y las violaban o les cortaban los pechos. Nuestro barrio fue también atacado ya que había sido construido por los comunistas y los pastunes decían que querían barrios puramente musulmanes”.

“Lo más triste es que estos mismos asesinos están actualmente en el poder, roban todo el dinero de las ayudas internacionales y nosotros continuamos igual de pobres.”

Guerra

La vida pasa
Por un momento
Despiadada
Gente de existencia suicidada

Afganistán es un país podrido de guerra, de guerras, de muchas guerras a las que sólo los criminales están escapando. Unos asesinos que colocan en los museos y se veneran en los días nacionales. Unos criminales a los que se les da responsabilidades políticas, desde los ministerios a los gobiernos regionales, y que se reparten el control de provincias enteras o el suculento botín de las ayudas internacionales. Unos criminales perfectamente documentados por organizaciones de derechos humanos: desde las calamidades de los soviéticos en los años 80 jugando al siniestro ajedrez de la guerra fría, pasando por las masacres y la violencia social de los talibanes, o por las víctimas “colaterales” de las invasiones americanas.

Pero especialmente Afganistán es un país podrido por los “señores de la guerra” de los años 90, que al igual que los talibanes malversaron las palabras de la religión (Dios o Guerra Santa) para justificar su orgía de sangre o violaciones. Estados Unidos, en plena guerra fría contra la URSS, alimentó en Afganistán a esta clase guerrera para que resistiera tenazmente la invasión soviética. Al caer los soviéticos, los señores de la guerra ya no interesaban y cayeron en una guerra interna sin cuartel entre ellos mismos, y la mayor víctima fue la sociedad civil afgana. Las calles de Kabul aún tienen las cicatrices de centenares de casas destruidas.

Después del 11 de septiembre del 2001 Estados Unidos no quería manchar de sangre sus tropas y contó de nuevo con ellos para hacer caer a los talibanes. Los señores de la guerra, como compensación, se repartieron el poder controlando provincias enteras, ministerios, el parlamento, etc. Ni los “Acuerdos de Bonn” auspiciados por las Naciones Unidas y que marcaban el plan de transición del país, ni las condiciones de la ayuda internacional ayudaban demasiado a arrinconar a los criminales. Bajo el lema de “no interferir en asuntos internos” se suponía que la clase que tomaba el poder tenía algo que ver con la sociedad afgana. Sólo un departamento de Naciones Unidas dedicado a la Justicia Transicional intenta inútilmente aunque imprescindiblemente implantar una paz con justicia. El “Plan de Justicia Transicional” fue aprobado totalmente por un parlamento que sabe de sobras que puede aprobar lo que quiera ya que el incumplimiento no comporta sanciones.

La historia evoluciona en una espiral peligrosa y cínica para las personas que fueron violadas, amputadas, que vieron como arrancaban la piel a tiras o los pechos a sus familiares. Ahora, además de soportar una espantosa pobreza, tienen que ver cómo esos criminales dirigen su país.

Criminales

Suave brisa
Penetra
En los agujeros de los cuerpos

Estoy en Shibergan, una pequeña localidad del norte de Afganistán y de las pocas con jardines cuidados y electricidad 24 horas al día. Las calles se han vestido de fiesta, las han regado, las han adornado con guirnaldas de luces y rosas de plástico, las han llenado de carritos con comida y dulces, de hombres que visten sus mejores turbantes y de mujeres que visten sus mejores velos blancos o azules. Hay radiocasetes por todas partes por los que suena música afgana, índia o uzbeca.

Hay hombres armados en cada esquina que no se pierden un detalle de todo lo que ocurre. La gente los observa con precaución. No tengo muy claro que sea alegría festiva lo que hay en sus caras. El campo de fútbol está a rebosar. Un grupo de música completamente masculino marca el baile de un público completamente masculino y completamente desmotivado, “animado” a palos por los soldados desplegados cerca del escenario. Y por un cantante que no para de gritar “Dostum, Dostum”, el gobernador provincial a quien se supone que se dedica esta fiesta, el rostro de cual luce en cada esquina.

Vidas podridas

“Mi marido tenía una tienda. Los soldados uzbecos de Dostum entraron y la destrozaron. Miraron los zapatos de mi marido, le dijeron que eran demasiado bonitos y le dispararon a los pies. Desde entonces está discapacitado. No tuvo ni puede tener tratamiento médico y desde entonces toma droga para aliviar el dolor.”

“Además en Sharkona, el barrio donde vivimos de Kabul, fue bombardeado por los soldados de Dostum. En nuestra casa cayó un misil y todos mis hijos quedaron afectados: el mayor tiene problemas mentales, otros dos hijos y una hija tienen problemas de desorientación y pérdida del sentido del gusto. Nuestra casa está destrozada desde entonces y por eso vinimos a vivir en casa de nuestros parientes.”

“El nuevo gobierno no ha hecho nada por nosotros ni por la gente que ha perdido las familias. Y casi todos ellos tienen poder y son los que nos han hundido las vidas, como por ejemplo Dostum. A pesar de ello estoy segura que no se hará nada contra ellos, no se les llevará a juicio, seguro que van a continuar en el poder.”

Justicia

Aún podemos sentir los niños
Muertos
Jugando
Ya viejos
Sobre la chatarra

Dostum, que actualmente gobierna algunas provincias del norte de Afganistán, está entre el grupo de “señores de la guerra” que mueven las esferas del poder en el país. La periodista Mónica Bernabé escribía en El Mundo (08-08-07): “Abdul Rashid Dostum bombardeó zonas residenciales de Kabul durante la guerra, y ahora es alto cargo del Ejército afgano. Ismail Khan obligaba a las mujeres a someterse a pruebas ginecológicas para comprobar su virginidad si eran vistas con un hombre que no pertenezca a su familia. Ahora Khan es ministro de Aguas y de Industria.”

Dostum, Sayyaf, Massud y muchos otros “señores de la guerra” están documentados y denunciados en el informe que Human Rights Watch (HRW) realizó en el 2005: “Manos manchadas de sangre. Atrocidades del pasado en Kabul y la impunidad legal en Afganistán.” En concreto se comenta de Dostum y de la facción armada que dirigía, el Junbish, que “están implicados en numerosos asesinatos, pillajes y saqueos. Muchos de estos abusos fueron serias violaciones al Derecho Humanitario Internacional.” Así, por ejemplo, la violación de mujeres con tortura y asesinato fue usada como arma de guerra al igual que en Bosnia-Hercegovina. En este informe un hombre fue testigo del asesinato de un inocente a manos de las fuerzas del Junbish. Cuando les preguntó el testigo si habían asesinado a su amigo le contestaron: “¡Que pregunta! ¿Puede quedar vivo un panshir (habitantes del valle del Panshir) cuando está encarcelado con nosotros o cuando está bajo nuestro control?”

El mismo año de la aparición del informe de HRW se presentaba un “Plan de Justicia Transicional” aprobado por el gobierno afgano y con el asesoramiento de las Naciones Unidas (UNAMA) La Justicia Transicional es un proceso para resolver los problemas derivados de los abusos a gran escala con actividades que tratan estos problemas integralmente: curando las heridas sociales producidas por las violaciones de derechos humanos, llevando los culpables a procesos de justicia y fortaleciendo el estado de derecho para impedir la impunidad y restituir la justicia. Este plan, aparentemente, no dejaba impunes los crímenes cometidos por los señores de la guerra.

El gobierno afgano presidido por Hamid Karzai firma todos los tratados internacionales que le llegan a sus manos como estrategia para mejorar su visibilidad internacional. Luego no se cumplen y punto. Esto, por ejemplo, incluye la aprobación de la CEDAW la “Convención por la eliminación contra toda forma de discriminación a las mujeres”. El plan de “Paz, reconciliación y justicia en Afganistán” del 2005 es complejo e incluye acciones para fijar la memoria del sufrimiento, o para crear instituciones que fomenten le reconstrucción nacional. Una de estas acciones, la tercera, cita claramente una serie de acciones para la “búsqueda de la verdad” a través de la documentación de los hechos, la realización procesos consultivos, conferencias etc.

Tras el informe de Human Rights Watch, y tal vez temiendo sus consecuencias, la Asamblea Nacional aprobó una nueva ley (una joya del cinismo legal), la “Carta de Reconciliación Nacional”, que borraba de un plumazo el Plan de Justicia Transicional. En el punto 3 de este texto deja clara que “Malintencionados informes de Human Rights Watch sobre los líderes Yihadis y sobre personalidades nacionales del país tienen intenciones sospechosas…”

En este texto también se menciona que esta Reconciliación Nacional se crea: “En base al Islam, y a los hechos del Profeta del Islam, que después de conquistar la Meca perdonó todas las personas que lucharon contra el Islam y los musulmanes.” Se protege bajo mención divina a los criminales recientes del país, o sea gran parte de los que detentan el poder. Los hechos denunciados por HRW en este texto se defienden de esta manera: “(…) la Yihad, la resistencia y todas las luchas legítimas de nuestro pueblo para defender la religión y las grandes luces de la historia de nuestro país como parte del orgullo nacional de nuestro pueblo. Han de ser respetados, y los campeones de este camino tienen que ser honrados en el marco del sistema de la República Islámica de Afganistán, tienen que ser tratados adecuadamente y deben ser inmunes a todo tipo de ataques.”

A pesar de los valorables esfuerzos de la Afghan Independent Human Rights Commission, de UNAMA (Naciones Unidas) y de la sociedad civil afgana para implantar la transición con justicia, la acción internacional actualmente continúa siendo una vergüenza. La no-intervención internacional en los asuntos internos solo protege a los criminales y enmudece las víctimas.

La víctimas, mudas, cojas, sordas, psicológicamente destrozadas, las que nunca buscaron otra cosa que tener una vida normal, una vida mínimamente decente, miran el Afganistán actual viendo que nada ocurre y seguras de que nada ocurrirá. Seguras de que tendrán que seguir lamiéndose las heridas mientras los canallas se reparten el “botín de paz”.

Víctimas

“Cuando los talibanes entraron en Mazar fueron a por los pueblos hazara como el nuestro, porque nosotros somos shíies y ellos, pastunes, son sunnies. Durante tres días estuvieron asesinando a gente. El primer día asesinaron a mi marido frente a mí. Luego asesinaron a mi hermano que estaba trabajando en el campo. Luego tomaron a dos hombres de mi familia, los ataron espalda a espalda y los llevaron al aeropuerto donde los asesinaron con otros hombres del pueblo. Conozco un caso al que dejaron la cabeza del padre asesinado frente a su casa y que mataron a los hermanos arrancándoles la piel.”

“Tuvimos los muertos varios días en nuestras casas y al final tuvimos que enterrarlos en las propias casas porque los talibanes no nos dejaban salir, y además casi no quedaban hombres en la familia que nos ayudaran a trasladar los cuerpos muertos.”

Los talibanes no se escapan a la siniestra galería de salvajes. Ni siquiera los soviéticos… Aunque estos junto con algunos yihadis (como Gulbudin Hekmatyar) que no entraron el la lista de beneficiarios después del 11 de setiembre, se han convertido en los únicos demonios legales de un país en el que la lista de atrocidades es interminable.

Homenaje

Contemplo asqueado el “Museo de la Yihad”, el panteón del crimen construido sobre la sangre de miles de personas que nunca buscaron otra cosa que vivir dignamente. Y ahora, en el momento de la “democratización y el reconocimiento internacional”, no serán ni siquiera recompensados, ni morirán dignamente. Una de tantas vergüenzas históricas de las que todos y todas somos un poco responsables.

El cinismo histórico hace que uno de las actividades del plan de “Paz, Reconciliación y Justicia en Afganistán” prevea un museo de conmemoración a las víctimas. De momento sólo el museo de conmemoración a los verdugos avanza a base del olvido, el expolio y la sinvergüenza.

El Inconformista Digital

Barcelona, 23 Mayo 2009.

Túnez: Postales del poder

Ghalia de Lajred, Tunísia

23/23

En 23 días de revuelta popular espontánea, han caído 23 años del gobierno de Ben Alí en Túnez. 23 años de mordaza, de control de todo, de un gobierno pensado para y por el presidente. Ha caído también el estilo de régimen autoritario que construyó su antecesor y padre del Túnez moderno, Habib Bourguiba.

– Creo que ahora es el momento de hacer un viaje a Túnez, visitaros de nuevo. Ver con mis ojos todo lo que ha ocurrido, esa revolución social que nunca hubiera esperado- comento a un amigo tunecino.
– ¡Bienvenido! Pero ven cuánto antes, y con los ojos cerrados. No vaya a ser que los abras y te des cuenta que sólo ha sido un sueño.

Agradecimientos

No. Yo no imaginaba ni de lejos que en Túnez todo un pueblo podría levantarse contra el sátrapa que lo había tenido secuestrado durante tantos años. Levantarse contra toda la estructura política y el clientelismo social que tenía montado. Mi amigo Mohsen me comenta que nadie en Túnez lo imaginaba, ni siquiera una semana antes del suicidio del desesperado vendedor de frutas Mohamed Bouzazi en la localidad de Sidi Bouzid, tras ser abofeteado por una funcionaria municipal que le pedía dinero para poder seguir vendiendo en su pequeña tienda.

– Pero al final va a resultar que tendremos que agradecérselo al anterior dictador, Habib Bourguiba. Su gobierno fue una férrea dictadura de partido único sin libertades sociales. Pero sus políticas reforzaron una sociedad civil laica y con alto nivel de educación. Él creó las condiciones para que la gente se levantara civilmente, en vez de dejarse llevar por otros potenciales dictadores.

País tranquilo

… pero cuando fui a Túnez por primera vez nada me advirtió lo que me encontraría. Túnez era el caramelo árabe de la industria turística y el socio mimado de los países europeos que muy excepcionalmente elevaban una crítica al férreo gobierno absolutista y personalista de Ben Alí.

Túnez, el país árabe tranquilo, amable, de gente hospitalaria y abierta, nada fanática, de bonitas playas, desiertos y ruinas romanas…

Una capa de silencio opresivo ahoga esa imagen de un país fácil y seguro, de gente abierta que facilita la estancia al visitante. Una capa fina y transparente, invisible, pero impenetrable.

Por todas partes una vital necesidad de florecer y comunicarse. Por todas partes un silencio implosivo, autoimpuesto. Casi sin mordazas (si están no se ven, ya que están entre rejas), mas bien con las lenguas cortadas.

En este texto acudo a mi memoria personal sobre como fui descubriendo poco a poco esa Túnez asfixiante de la dictadura de Ben Ali. Escribo en presente, sobre cómo fui levantando cada capa de los mecanismos del poder absolutista hasta descubrir que al final de la cebolla no existía nada. Un absolutismo que se ha evaporado, porque sólo lo formaban capas de pura ambición de poder…

Guías

Las guías turísticas son la carta de presentación de la mayor parte de visitantes de un país, su imagen. Muchas veces son también un buen sismógrafo de las percepciones internacionales erróneas. La primera vez que fui a Túnez llevaba la «Footprint Handbook» de 1993, una guía de calidad aceptable. Estaba editada 6 años después del «golpe de estado médico» que en 1987 llevó al poder a Ben Ali, un momento en el que ya estaba clara su deriva dictatorial. Pero la guía casi no indicaba nada de ello: «President Ben Alí has genuine popular support and, once the Islamist threat seems dimmer, he might move Tunisia more towards a democratic structrure of government, assisted in this by the country’s tightening economic and diplomatic contacts with EU.» Estos contactos europeos no parecían muy interesados en democratizar Túnez. Ni siquiera los medios de comunicación estaban por la labor de romper el silencio sobre lo que ocurría en Túnez.

La guía Michelín de 1998 dice que Ben Alí «introduit rapidement des réformes démocratiques» o que después de las elecciones de 1994 «a réussi jusqu’au présent à contenir la progression des islamistes en maintenant sur eux une pression qui touche également l’opposition modérée incarné par le Mouvement des Démocrates Socialistes.»

La guía Trotamundos en la edición española del 2000 era absolutamente ambigua, citando que Ben Alí «democratiza poco a poco» (entre comillas en la guía) y que «el pluralismo político no sólo es posible, sino que además es un imperativo dictado por el grado de madurez alcanzado por el pueblo tunecino…» Y más adelante dice: (entre comillas por cita) «Ben Ali dirige el país de forma rigurosa, sin oposición alguna. Los integristas musulmanes no tienen un espacio en el panorama tunecino. El partido en el poder es todopoderoso. Los resultados económicos son buenos. En el ámbito social, cabe destacar la creación de un fondo solidario nacional financiado por donaciones voluntarias destinado a la realización de infraestructuras en las zonas desfavorecidas.»

En esos momentos Ben Alí ya era denunciado abiertamente por organizaciones de derechos humanos. Yo había visitado el país multitud de veces y no era difícil descubrir, rascando la superficie de silencio, su absoluta falta de democracia. Las guías turísticas también parecían dispuestas a dar una imagen suavizada y ambigua de un dictador que actualmente el pueblo ha decidido expulsar. Las guías cedían incluso al chantaje del propio Ben Alí usando los islamistas (para mi difícilmente calificables como «integristas » en el caso tunecino) como «cortina de humo». Y destacando sus grandes logros económicos, que han sido el motivo inicial de la revuelta actual, y su solidaridad social.

Ojo del estado

El primer síntoma visual de que algo extraño ocurre con el presidente es su fotografía omnipresente en todas partes. En el aeropuerto, de entrada al país. En el salpicadero del taxista. En las grandes avenidas de la capital, a tamaño gigante. En los carritos con ruedas llenos de frutos secos y tabaco de las minitiendas por la calle.

Entro en un café Internet del zoco de la capital y, aparte del obligatorio póster de Ben Alí, advierto que hay muchas páginas web que no puedo abrir. Al preguntarle al dueño del establecimiento si la red funciona mal me contesta, sencillamente, que en Túnez no se puede entrar en algunos sitios web. Un amigo que me acompaña me mira sonriente. Me pregunta: ¿sabes lo que es Internet en Túnez?… Internet es el ojo del estado. Se va, sin dar a pie a continuar la conversación, seguido de una discreta sonrisa de complicidad del dueño del local.

Silencio

Voy a tomar té de menta con piñones en un pequeño café de un pequeño pueblo rural, una simple agrupación de casas llamada douar. La gente tunecina es de fácil comunicación, y les encanta conversar. Les pregunto por qué hay retratos de Ben Alí, si es una obligación o es un acto espontáneo de la gente. En general la respuesta es elusiva, ambigua, se sienten incómodos. Dicen que nadie está obligado, que el presidente es muy votado, que lo vota un 99% de la gente, pero no quieren darle más vueltas al tema.

Cuando insisto sobre cómo es posible que alguien tenga el 99 % de los votos, que esto es literalmente imposible, despachan el tema diciendo que yo vivo en un país rico y que en Europa es todo mucho más fácil. Acto seguido me preguntan sobre fútbol, sobre el Barça. Tema del cual, además de no tener ni idea, no me interesa ni lo más mínimo.

Cuando muchos de ellos se han ido se acerca un chico y me advierte: «Habla de fútbol, de turismo, de lo que quieras. Pero no insistas en hablar de política. Hay oídos por todas partes. Hay bocas por todas partes. Nos encantaría hablar pero nunca sabes cuándo qué oído podría oírnos y que boca podría denunciarnos.»

Líderes y ONG

Voy a Túnez para poner en marcha las actividades del proyecto de una ONG. Acudo a un taller de participación democrática con un grupo de jóvenes de la zona de Sers. Estamos en plenos juegos preparativos. Nos dividimos en tres grupos y tres personas de la organización hacen de líderes de cada uno de los grupos, comportándose cada uno de forma diferente. El primero da instrucciones y no deja participar al grupo, es un líder dictatorial. El segundo resuelve los problemas por consenso, es un líder democrático. El tercero deja opinar y discutir, pero decide lo que le da la gana, es un líder autoritario. Al discutir sobre cuál de los tres líderes es democrático no hay consenso, pero casi todos dicen que es el tercero. Según la mayoría de ellos, la democracia se basa en poder votar, aunque finalmente decida el líder, ya que cuando el líder decide por consenso lo consideran un líder totalmente débil.

Uno de los jóvenes había asistido a sesiones de formación organizadas por el propio gobierno en las que el líder democrático era una cosa, pero en la práctica se da cuenta que el líder democrático era otra cosa. Se pregunta cuál de los dos es el correcto, el teórico o el práctico. El gobierno tunecino ha jugado siempre a este doble rasero. Practica una política social y se atribuye la palabra democrático simplemente para esconder líderes, asociaciones, movimientos, e ideas de un sistema absolutamente dominado por el poder único, por la más absoluta autocracia.

Cuando el grupo de jóvenes se reduce a unos pocos podemos hablar en la intimidad. Reconocen que en Túnez las ONG existen, pero son una extensión de las políticas del gobierno. Nunca representan la sociedad civil ni la transformación social. Existe el partido, único, el único autorizado para diseñar las políticas sociales del país, y eso se hace a través de las ONG. Las ONG son organizaciones del gobierno usadas para implementar sus políticas sociales y en especial para la captación de votos en las zonas rurales. No existe en Túnez la voluntad popular. Sólo el gobierno, que es igual al partido único, que es igual al poder en todas partes.

Algunas ONG internacionales, incluso españolas, que financian proyectos en Túnez saben que sus ONG son extensiones del gobierno, que financian la estructura de la dictadura de Ben Alí. Las que no lo hacen trabajan casi en la clandestinidad… Yo mismo he oído cínicas argumentaciones a los socios de las ONG españolas que trabajan en Túnez, diciendo que las clases medias en algunos países son las portavoces de transformación social, aunque esas tengan que estar en la estructura del poder. Algunas ONG son meras estructuras de gestión económica y en muchos casos legitimadoras de las políticas de confusión de algunos gobiernos dictatoriales.

El sistema

Paseamos por el paseo marítimo de rocas con las olas chocantes en Tabarka. Mis amigas Jamila y Monia trabajan en una ONG, que dada su dependencia del régimen de Ben Alí habría que llamarla OG (Organización Gubernamental). Las dos quieren hacer un cambio en su rumbo profesional. Jamila está harta de servir indirectamente al poder. Quiere trabajar en una ONG algo más independiente, de enfoque inter-árabe, llamada ENDA. Se sentirá menos colaboracionista. Monia, en cambio, quiere trabajar en el Ministerio de Agricultura.

Las dos provienen de familias relativamente humildes. Pero la de Monia es más desestructurada pues vive en los barrios marginales de Túnez. Necesita un futuro seguro, y se está planteando afiliarse al RCD (Ressamblement Constitutionel Démocratique), el partido único guiado por Ben Alí, su brazo político. Monia no quiere quedarse fuera del sistema. Está confundida políticamente, porque sabe que el gobierno de Túnez tiene ventajas sociales.

Ella es un ejemplo: es mujer y de un barrio muy pobre, y aún en ambas condiciones Monia ha podido desarrollar su carrera de agroeconomista porque en su país las mujeres tienen oportunidades, y las clases bajas también. Desde que se proclamó su independencia el fundador de la Túnez moderna Habib Bourguiba impulsó un código de familia que establece mecanismos para la igualdad y la promoción social de las mujeres. El modelo de país se inspiró en el estado del bienestar de la república francesa, con lo que hay políticas sociales que garantizan una cierta protección social en salud y en educación. Pero creó también una férrea dictadura en la que no existían otras voces que las oficiales, de manera que fuera imposible crear sociedad civil.

Jamila no aprueba para nada la opción de Monia. Pero la comprende. Jamila me cuenta que en Túnez hay solamente «El Partido». Que es igual al gobierno, que es igual al presidente, que es igual al «Sistema». Todo pertenece al «Sistema». Nada escapa al «Sistema» (o sea al presidente). Es una trama complejísima, que no solamente incluye toda la red de políticos (de ministros a pequeños alcaldes rurales) o a miles de policías, sino a toda la gente que hace de chivato del sistema, al control desde Internet (el «Ojo del Estado»). Hasta el sistema de corrupción social depende del «Sistema» ya que por ejemplo el hermano de Monia trafica con droga a través de la policía, que es el gran aparato del estado de Ben Alí. Todo es el «Sistema», si no entras en él sencillamente quedas marginalizado. Según Jamila esa era la razón por la que hay un 99% de votos al partido de Ben Alí en las elecciones.

Por esa razón mi amiga Monia, menos comprometida contra la dictadura de Ben Ali que Jamila, se plantea afiliarse al RCD. Para poder entrar como funcionaria del Ministerio de Agricultura. Pero sobretodo no quedar excluida del «Sistema». O te integras en el «Sistema» o sencillamente quedas excluido de todo. Porque Todo es «Sistema».

Es cierto que Monia tiene sus dudas respecto a lo que es y lo que no es democrático (no muy distintas a las que pueda tener mucha gente en España, claro), pero su punto de vista es más complicado que el de Jamila. Es tunecina, y quiere (y debe) moverse en los márgenes que le da su país. Además debe tomar parte activa ya que ella, originaria de un barrio marginal de la capital, sabe que debe luchar por el desarrollo de los barrios marginales. El Túnez rural tiene unas políticas de desarrollo claras, pero ¿qué ocurre con la marginalidad urbana? Estar en el partido es la única manera de tener una parte activa en el país. El partido es una oportunidad y es una limitación a la vez. No es lo deseable pero es lo real. Monia se pregunta: «¿Son las ideas del partido o sus las personas las que no son buenas?»

Chistes

Existen multitud de chistes sobre Ben Ali. Sólo se cuentan en ambientes íntimos:

«Ben Ali hace el amor con su esposa, pero él se agota antes que ella tenga un orgasmo. Llama a uno de sus sirvientes para que le abanique y deje de sudar, pero ni siquiera abanicándole ella logra tener un orgasmo. Ben Ali no reconoce su impotencia y le pide al sirviente que cambien los papeles: él le enseña como abanicar, mientras su sirviente le hace el amor a su mujer. Finalmente ella tiene el orgasmo él le replica: ¡¡Lo ves hombre, así se abanica!!

Islamistas

Otra tarde en el café del douar. En vez de hablar de política y de fútbol me aproximo hablo de otro tema a los hombres que toman té y café “J’aime beaucoup la musique tunisienne et arabe”. Emocionados me preguntan “Tu connais Oum Kaltsoum?” (la gran diva árabe de Egipto). “Oui mais j’aime aussi Saliha et Lotfi Bouchnak” (grandes mitos de la música de Túnez). La aproximación es directa, infalible. A partir de aquel momento cada día me hacen una sesión de músicas regionales…

Pronto me doy cuenta de la interpretación que a ojos tunecinos tienen determinadas músicas. El raï, por ejemplo, no es para ellos una evolución de sonoridades oranesas en los extrarradios franceses, sino una expresión de modernidad enfrentada al islamismo. Esto ocurre en un país donde el gobierno dictatorial toma la lucha contra el islamismo como bandera de laicismo. En un país donde, todo hay que decirlo, el partido islamista es relativamente moderado. El chantaje ideológico del islamismo funciona. Así, por ejemplo, el asesinato del cantante argelino Cheb Hasni supuestamente a manos de islamistas es recordado con rabia y lágrimas.

En otra ocasión respiro en el café del douar una tensión fúnebre en un ambiente normalmente alegre. “Les integristes… une autre fois. Ils ont assassiné Lounès Matoub”. Matoub era sobre todo un líder musical de la causa amazigh (bereber) y las razones de su muerte aún no están muy claras, aunque la versión oficial e interesada del gobierno argelino es que había muerto a manos de los integristas. Para los tunecinos la causa de la muerte es la misma que el asesinato de Hasni, y supone un grito de denuncia contra el islamismo radical.

En el 2009 en Túnez les pregunto a mis amigos por el contundente informe de Amnistía Internacional publicado en el 2008 «En nombre de la seguridad» en el que denuncia sin pelos en la lengua los abusos del régimen de Ben Alí contra presos políticos, especialmente islamistas. No saben absolutamente nada, la web de Amnistía Internacional es inaccesible. El informe no es el único que esta organización ha elaborado sobre Túnez, pero si el más largo. Su contenido es estremecedor dejando clarísima la falta absoluta de independencia del poder judicial, ayudando en ocasiones a ocultar los casos de detención por incomunicación o de desaparición forzada. En estos casos se aplican torturas como golpear las plantas de los pies, colgar el preso de los tobillos o en posturas forzadas, introducirle la cabeza en un cubo de agua sucia, descargas eléctricas o abusos sexuales. En muchos casos son presos que han sido repatriados a Túnez de otros países como Italia, Estados Unidos, Francia, Luxemburgo etc.

Control

En la revolución del pueblo tunecino contra su dictador en diciembre y enero del 2010/11, hubo momentos de violencia. Era causada por la parte más siniestra de régimen de Ben Ali, la policía. Éste nunca dio ningún papel específico al ejército, reducido al mínimo. Pero la policía era el órgano de poder por excelencia, con unos 30.000/130.000 efectivos en el 2005 (según Sadri Khiadri) en un país de unos 9 millones habitantes. Eran los leales del presidente, su órgano de terror y poder que temían más que nadie a la revuelta popular. Ben Alí optó por multiplicar el control social a pequeño nivel, casi a la ciudadanía normal, más que a las estructuras como el ejército: chivatos, policías, representantes del partido en todas las organizaciones civiles, pequeños alcaldes etc… Chivatos y policías son indistinguibles. Hasta policías y traficantes de drogas son indistinguibles. A veces la policía reprime amparada por leyes aleatorias que eluden a conceptos vagos como «atentado contra la imagen tunecina…»

RCD

Los Congresos del partido único, el RCD, constituyen en Túnez verdaderos fenómenos sociales seguidos por gran parte de la población. En el congreso de 1998 se cuentan chistes sobre el mismo que explican perfectamente el contexto político del país. Por ejemplo se cuenta que una vez un hijo pidió a su padre bañarse con él. La bañera se llenó completamente de agua y el niño resbaló, pero pudo agarrarse al pene de su padre que impidió que se ahogara. Con su madre no se hubiera salvado. En Túnez, políticamente, hay que asegurarse políticamente tener un buen padre con un buen pene al que agarrarse antes de morir ahogado en el panorama del país. En el Congreso de 1998 parece que hubo ciertos cambios inesperados que hizo que muchos hijos políticos quedaran despistados, sin pene al que agarrarse.

Periódicos

La portada del periódico tunecino Le Renouveau del 9 de junio del 2.000 abre con un mensaje de la «Unión Tunecina de Agricultura y Pesca» en la que agradecen el gran interés del jefe de estado por las preocupaciones de los agricultores, y expresan que están dispuestos a seguir los objetivos del programa electoral del partido del gobierno. En la portada hay tres fotos, dos de ellas del presidente Ben Ali. En el periódico del 9 de agosto de 1998 hay una foto, por supuesto de Ben Ali, en la que se habla de una justicia equitativa y eficaz bajo su mandato.

Un amigo periodista me habla sobre los tres únicos periódicos que existen en Túnez. Le Renouveau, es el órgano del partido al poder (RCD) y La Presse es el hermano de Le Renouveau. En efecto casi todas las portadas de La Presse tienen también la foto del presidente, y también tomando al azar dos ejemplares hablan en el 30 de julio de 1999 de la fiesta de acogida en la Gobernación de Nabeul del presidente en visita y sus extraordinarios planes para dinamizar la región; y el 5 de junio del 1998 habla de la gran mutación futura de la Gobernación de Mahdia en ocasión de la visita que hizo del jefe de estado.

Mi amigo comenta que el tercer periódico es el primo de Le Renouveau. Le Temps, «independiente» según subtítulo también tiene fotos del presidente en casi todas sus portadas, y en el número del 3 de agosto del 1998, por tomar un ejemplo, habla del gran éxito del Congreso del RCD, de una impecable organización y de su gran calidad. La única diferencia de este periódico es que da más espacio a noticias internacionales en su portada.

Buscando una diferencia entre «el órgano del partido, su hermano y su primo», sólo encuentro una: en la última página de Le Renouveau no se publican fotos de mujeres como Claudia Schiffer, Salma Hayek, Natalia Estrada, o Pamela Anderson… Pero no logro encontrar otra diferencia, nada de nada…

Sociedad civil

Siempre pensé que Túnez era un ejemplo de país con la sociedad civil muerta. O más bien asesinada. La primera vez que fui a Túnez fue en el 1995. La última vez en el 2009, y creí ver exactamente el mismo país inmóvil, sin cambios… Pensé que Túnez, como Jordania, como Siria, como tantos países, era el ejemplo de un país sin sociedad civil. A pesar de ser una sociedad madura, dialogante, con pocos fanatismos, absolutamente preparada para la democracia, pensé que no había sociedad civil. Eso creí.

Mi amiga Jamila estaba de acuerdo conmigo. Cuando el 13 de enero de 2011 dimitió Ben Ali después de una revuelta social completamente inesperada hablé con Jamila: «Entonces, ¿estábamos equivocados?». «Estábamos equivocados -confirma Jamila.- Olvidábamos que la sociedad tunecina es una sociedad madura, dialogante, con pocos fanatismos, absolutamente preparada para la democracia, y que esto es sociedad civil. Las propias políticas sociales que Bourguiba diseñó (y Ben Alí continuó) han preparado una sociedad que ha optado por dejar de ser una dictadura. Pero hay otra cosa a tener en cuenta: el Sistema era una complejísima red, pero dependía de un pilar central, el Presidente… si eliminas el presidente todo el sistema montado tambalea y cae.» Es decir, cuando quitas todas las capas de la cebolla no queda nada.

«Además la estructura de control que se creó en Túnez estaba pensada para una estructura social de la época de Bourguiba, como mucho por una como la del 1987 de la entrada de Ben Alí. Pero no para hacer frente a las redes sociales e Internet. Su solución era controlar el acceso a Internet, cosa que ya casi es imposible. Nunca se pensó como un grupo de hackers internacionales como Anonimouspudiera bloquear los ordenadores centrales del gobierno o que Factbook tuviera el efecto inmediato de extensión social.»

Feminismo de estado

La «Oficialización de Todo» tiene impacto especialmente en las mujeres. En el momento en que empezaron a emanciparse, en un país que oficialmente se lo permite, solo pudieron hacerlo desde lo oficial. No había otro espacio. El feminismo es la carta de presentación bonita y barata ante cualquier gobernante que quiere parecer simpático a la comunidad occidental: sólo tiene que aprobar unas leyes, poner unas cuantas mujeres en ministerios poco relevantes y crear algunos centros para mujeres o centros de acogida y ya está… ¡ya se puede proclamar el estado paritario!

En países como Túnez la legalización de la situación de las mujeres está escrita desde la fundación de su estado post-colonial en un Código de Estatuto Personal (en 1957 se legalizan el derecho a formar asociaciones, el acceso al trabajo, a la planificación familiar y a la relativa igualdad jurídica). Además tiene medidas prácticas más o menos reales de aplicación. Así el estado tuvo de entrada las simpatías occidentales. Se creó un «feminismo de estado», que es casi lo mismo que asesinar el movimiento feminista (anular su poder transformador).

Algunas de las asociaciones feministas que conozco (no las de base, las que trabajan sobre el terreno) financiadas por ONG españolas, están más preocupadas por la inauguración de sus centros de mujeres y la presencia de la Ministra de la Mujer (que de facto es la presidenta de la asociación) que por sus prioridades en el empoderamiento de las mujeres. Innegablemente hacen un trabajo, aunque sólo sea porque innegablemente el estado tunecino hace un trabajo respecto a las mujeres. Pero su preocupación básica es ser la cara visible y bonita de un estado autocrático.

Un artículo de Ihem Marzouki sobre la más gubernamental de las asociaciones, la UNFT (Unión Nacional de Mujeres Tunecinas), llega aún más lejos en su crítica: «la UNFT ha sido concebida como una correa de trasmisión para aplicar la política del Estado en materia de emancipación femenina. ¿En qué consiste esta política? Consiste en la afirmación absoluta y primordial de la institución familiar como célula de base de la sociedad. Esta célula debe ser un referente para cada miembro de esta sociedad ya que es a través de ella que se infiltra la idea de la preeminencia del Estado.» (Le mouvement des femmes en Tunisie, 1993)

Imposiciones

Cenamos con la familia de una de las dirigentes de la UNFT en Túnez. En el momento de la sobremesa pongo tímidamente en duda el carácter participativo y democrático del estado tunecino, sabiendo que me arriesgo. El hijo reacciona. Es la primera vez que veo alguien reaccionando cuando se cuestiona a Ben Alí; habitualmente se calla. Alude, como siempre, a nuestra arrogancia europea de democracias estables y consolidadas, sin ubicarse que en mi país durante 40 años la deriva autoritarista ha sido mucho más dura y criminal que en el suyo, y que nuestra democracia dista mucho de ser perfecta.

«La democracia es una dictadura que se nos impone desde fuera. Nadie desde fuera tiene derecho a meterse en las decisiones de los tunecinos y obligarnos a instaurar una democracia en un país. Para decidir esto hay que captar el alma tunecina, entenderla. Meterse en eso es injerencia. Cada pueblo debe saber cuando está preparado para la democracia y éste no es el momento de Túnez. Si hiciéramos elecciones completamente democráticas seguramente ganarían los integristas y eso ¿os gustaría a los europeos? Serían mucho más autoritarios, incluso sanguinarios. Hace pocos años que Ben Alí está en el poder, y ya se espera de él resultados. No está preparando el terreno pero hay que darle un margen de confianza, y tal vez sean sus hijos quienes hagan el cambio.»

Microelecciones

Todas las redes sociales tienen en su estructura interna un representante del partido único. Todas, sin excepción y desde todos sus rincones. Cuando no lo hay se impone o se ilegaliza la entidad.

Una de esas grandes ONG gubernamentales para el desarrollo rural, la «Unión Tunecina de Solidaridad Social», tiene una «Célula de Programas para el Desarrollo» que dentro de los estrechos márgenes legales y sin salirse de la oficialidad para no ser descartados, intenta aplicar ciertos criterios de desarrollo del tejido civil. Pero sus intentos de desarrollo protodemocrático casi siempre son frustrados por las autoridades locales del partido único.

Por ejemplo, en un proyecto forestal se ha creado una Asociación Forestal de Intereses Colectivos (AFIC) formado por la población local, y con criterios de supuesta representatividad colectiva. Presencio su formación, ejemplo de prácticas habituales de control del poder a pequeña escala. En la mesa de votación hay tres miembros del colectivo de trabajadores, el alcalde (por supuesto del partido) y un miembro del partido. Hay una urna para votar, pero no se usa, y todo se realiza a vista de todo el mundo. El voto no es secreto. Quien se oponga a algo se sabe públicamente quién es. La junta directiva ya estaba constituida y el voto abierto pide su confirmación. Por supuesto el presidente es un miembro del partido. Cuando se abre el turno abierto de palabras para los que se oponen nadie dice nada, por supuesto… los tunecinos y las tunecinas ya saben qué riesgos viven. Se cierra el AFIC con una junta con absoluta presencia del partido único votada por la totalidad de sus miembros.

Elecciones de la Henna

Entre conversaciones siempre en petit comité se cuentan mitos como el de las «elecciones de la henna». Se cuenta que en el recuento de los votos ocurrió como con la henna, polvo verde que tiñe de rojizo los cabellos o la piel: las papeletas verdes del partido de la oposición, por arte de magia, se habían convertido en rojas, color del partido de Ben Alí.

En los billetes y monedas, en anuncios o en monumentos públicos de Túnez vemos siempre una fecha mítica: 7 de noviembre de 1987. Ben Alí tuvo la desfachatez de proclamar una fecha hipotéticamente «clave» en el devenir de la historia de Túnez el día del «cambio». Ben Alí dio ese día un golpe de Estado «médico» contra un Bourguiba cada vez más faltado de facultades y con un entorno político desacreditado por sus constantes intrigas palaciales. Ben Alí fue astuto en ese momento para ganarse el favor internacional y el del país: derogó la condición de presidencia vitalicia que había impuesto Bourguiba y jugó a la apariencia democrática, convocando elecciones y legalizando partidos (incluso el partido islamista) o instituciones de derechos humanos. Una pantomima para ganar por todos los medios posibles las elecciones del 1989 con un 99,27% de los votos (y las de 1994 con un 99,91%) para paralizar y prohibir después el proceso en un camino de deriva dictatorial cada vez mayor. Hasta llegar a los extremos actuales, que han provocado su caída.

Estatuas y relojes

Las medianas o las rotondas de las carreteras tunecinas están llenas de unas horribles estatuas geométricas coronadas por un reloj, como la que se encuentra en la avenida central de la capital. Irónicamente estos engendros artísticos son una substitución de antiguas estatuas de Habib Bourguiba. Al parecer fueron cambiadas por Ben Ali al entrar en el poder. En el paseo central del pueblo marítimo de Tabarka hay, según se dice, la única estatua que aún queda de Bourguiba.

A la muerte de Bourguiba en el 2000 se crea un malestar muy fuerte ya que Ben Alí no ha declarado día de duelo nacional para el fundador del estado. La decisión ha tocado el corazón de mucha gente, ha sido un día muy triste. Especialmente en su tierra natal Monastir. Conozco un estudiante del país que me cuenta que ha visto manifestaciones de protesta, de auténtica cólera, reprimidas por la policía y silenciadas, arrinconando a los periodistas que asistieron sin poder tomar la noticia. La periodista de Le Monde Dominique Le Guilledoux escribe una tristisima crónica de esos funerales del silencio (11-04-2.000): «La journée n’est pas fériée, l’événement n’est pas retrasmis en direct par la télé. On murmure que des cars venus d’autres régions de Tunisie ont été réfoulés. On murmure seulement, on a peur de parler. Inevitablement, les policiers en civil s’approchent pour écouter.»

Para colmo de la ironía el cuerpo se ha transportado en el avión oficial llamado como el día que Bourguiba fue expulsado del poder, «7-novembre-1987». «Sept jours de deuil national ont été décrétés, mais aucun signe visible de ce deuil n’est perceptible.»

El sentimiento hacia el fundador del Túnez moderno es contradictorio. Por una parte se reconoce que fue el responsable del autoritarismo político del país. Pero también hay la consciencia de que Bourguiba fue un líder civil, a diferencia de Ben Alí que fue militar (y responsable éste de una de las más sangrientas represiones de la llamada «revuelta del pan»). Se le reconoce la responsabilidad de los logros sociales, muchos de los cuales no han sido continuados por Ben Alí a pesar de sus promesas al tomar el poder.

Al Jazeera

Los medios de comunicación hace tiempo que estaban preparando críticamente la sociedad tunecina. A finales de los 90 viajaba a menudo por toda Túnez, especialmente por las regiones rurales más deprimidas, y recuerdo que hasta losduras más pobres tenían antenas parabólicas para captar los canales televisivos internacionales. Se había creado un tráfico de parabólicas en la frontera argelina y se obtenían ilegalmente a precios baratos.

La cadena de televisión Al Jazeera cada vez tenía más impacto y sus debates sobre temas de Túnez eran puntos débiles que escapaban al control del estado. En abril del año 2000 ha estallado el asunto Ben Brik que se convierte en el héroe nacional anti-benaliano. Taoufik Ben Brik es un periodista más dentro de los que han sufrido los abusos del poder de un país al que lo que más le falta es libertad de expresión. O sea libertad de prensa. Ben Brik es uno de los tantos colaboradores en medios internacionales (en su caso La Croix, Le Courrier, etc.) reprimidos y encarcelados por contar cuatro verdades. Escribe un polémico artículo sobre la situación de los derechos humanos en Túnez. Me cuentan que la policía ha rodeado su casa en todo el barrio donde vive cortando cualquier contacto telefónico, por fax, Internet… Ben Brik se ha declarado en huelga de hambre durante más de tres semanas al ser confiscado su pasaporte. El caso Ben Brik ha sido ampliamente informado en la prensa francesa y ha sido de los primeros casos con repercusión internacional convirtiéndose en el popular «affaire Ben Brik». Con el boca a boca la población tunecina sigue día a día, a pesar de la falta de información o de estar intervenido Internet. Ben Brik tiene la ventaja que colabora en medios extranjeros, sino se hubiera podrido en la cárcel como cualquier periodista tunecino detenido.

También Al Jazeera, la cadena televisiva de Qatar se ha hecho eco del caso. En esa fecha ha organizado un programa debate sobre la libertad de expresión en Túnez que se ha convertido en el programa más esperado y visto en Túnez en ese mes, a pesar de los intentos del poder evitarlo. A la hora de su emisión las calles están vacías, como ocurre con cualquier emisión de fútbol importante: casi todo Túnez está tan atento al debate de Al Jazeera, el régimen no puede controlar que un una enorme cantidad de gente vea el programa.

Injerencias

En una cena con uno de los directores de las ONG con las que trabajaba el director carga contra la prepotencia de la crítica «occidental». Una crítica absolutamente tibia o, en el mayor de los casos, inexistente.

«Sociedades como la nuestra no pueden tomar el poder por vías democráticas así como así. No están estructuradas, ni educadas. Sería el caos. Existe el islamismo que siempre intenta tener el poder. Eso es propio de vuestras sociedades, basadas en la participación de la sociedad civil ya que vuestra sociedad está desarrollada. Pero intentar trasladar el modelo de participación de la sociedad civil a sociedades en desarrollo es un error. Nosotros necesitamos una estructura fuerte que controle y hacer los cambios poco a poco. Sino el peligro del integrismo está siempre cerca»

«Occidente ha criticado que Ben Ali no hizo un duelo a Bourguiba adecuado. ¿Quién tiene que contarnos a nosotros como se hace un funeral? Ben Alí no podía declarar un día de duelo nacional ya que hubiera sido usado por los integristas para crear revueltas. Además Bourguiba ya está muerto.»

Injerencia

El cambio actual de Túnez da un giro radical a la impunidad dictatorial de muchos estados que, tras él, se han ido sumando a los cambios. También da una nueva visión al prejuicio de las sociedades árabes, vistas como sumisas y dejadas llevar por la manipulación del islamismo. Da mucho que pensar sobre éstos prejuicios en España, un pueblo que en 40 años de repugnante dictadura no pudo articular este levantamiento. Los condicionantes eran completamente diferentes pero en todo caso el prejuicio sobre las sociedades en los países árabes debería replantearse radicalmente.

Y tener en cuenta que todo cambio no se produce de un día para otro y sin apoyo de la ciudadanía global. El concepto de «no injerencia en asuntos internos de los estados» ha llevado a situaciones grotescas. Por ejemplo a no impedir el crecimiento de sátrapas, dictadores o criminales al poder en países en los que la comunidad internacional sí está llenando de tropas militares o de suculentos negocios que dejan fuera de juego la sociedad civil del país. No «injerencia», siempre bajo intereses económicos o estratégicos… como si la sociedad civil de un país siempre fuera capaz de librarse de sus propios monstruos.

Lo que está ocurriendo es solamente un punto de partida y hay que estar alerta.

Los mensajes de mis amigos tunecinos son alentadores: «lo que ha ocurrido en Túnez es una insurrección popular, una revuelta popular… que la queremos transformar en revolución… Otra cosa es que la gran parte del aparato de Ben Alí está aún en el poder y no están dispuestos a dejarlo… No es fácil, entre el cambio con ruptura y el cambio dentro de la continuidad… Es una lucha continua.»

Pero hay otras respuestas como este enigmático y casi poético mail:

«Pienso que desde España no llegas a ni a imaginarte que este cambio extiende el poder del presidente. El círculo cercano al presidente crece más.»

 

El Inconformista Digital

Barcelona, 17 Marzo 2011.

Afganistán. Postales desde el Eje del Mal

Desde el año 2002 dos redactores de esta revista, Brigitte Vasallo y Sàgar Malé se intercambian correos electrónicos sobre sus viajes a países como Marruecos, Turquía, Afganistán o Palestina. Este articulo recoge y reelabora algunos de los sms y e-mails enviados que Sàgar fue mandando a Brigitte desde Afganistán.

 

POSTAL 1: PESHAWAR Y LOS LADRILLOS. Kabul, Abril 2002

SMS- Peshawar, refugiados afganos sobredestrozan su destrozada vida fabricando ladrillos

E-MAIL

Hola Brigitte

Me dirijo a Afganistán cuatro meses después de la caída de los talibanes. Pero antes he parado en Peshawar, la “capital pakistaní de los refugiados afganos”. Un montón de viejos camiones y de abollados vehículos van sobrecargados de personas en dirección a Afganistán. Sueñan en un país que supuestamente ya ha abandonado una guerra de casi 30 años. En realidad van a un país en ruinas que no tendrá capacidad de absorberlos. Piensan que al menos no van a formar parte de esa especie de prótesis molesta y rechazada para una gran ciudad como es un campo de refugiados, una ciudad paralela pero provisional con sus calles y sus casas de polvo y barro, a veces simplemente de lona y logos de Naciones Unidas. Unas calles y unas casas no muy distintas, quizás mejores, a las que se encontrarán en su país.

La guerra no son sólo ejércitos y armas. También forman parte de la guerra esos campos de personas refugiadas, desarraigadas, rechazadas y obligadas a todo tipo de trabajos forzados para sustentarse complementando la insuficiente ayuda de las agencias internacionales. Al igual que esas familias enteras que hemos visitado en las que, desde las niñas a los viejos, destrozan su cuerpo amasando barro para cocer ladrillos. Ladrillos que levantan casas a veces de barrios lujosísimos. O tejiendo alfombras que se venderán en lujosísimos bazares, pagándoles 1.000 rupias cada metro (100 euros), tejiendo 6 metros en 2 meses en sus jornadas de 7 días semanales a 12 horas diarias…

POSTAL 2: KABUL, HOW ARE YOU? Kabul, Abril 2002

SMS: Desde las ruinas de Kabul aparecen niños gritando: how are you?

E-MAIL

Desde el avión de Naciones Unidas, el Kabul de la guerra nos recibe con un  aeropuerto lleno de cacharrería bélica esparcida. Kabul es la imagen de la guerra putamente real. Un paisaje en ruinas, una ciudad en la que no queda ni una pared sin metralla, en la que barrios enteros son solamente escombros. Un mar de esqueletos de postes eléctricos que anteriormente alimentaban una ciudad ahora sin luz. Un Palacio Real desmenuzado nos habla de la brutal artillería pesada que se usó.

Y Kabul es sobretodo una ciudad en la que no queda ni una persona sin drama.

En esa ciudad, imagen de la desgracia del país, hay varios millones de personas viviendo desde hace 30 años bajo el azote todo tipo de bestias de la guerra. Los más devastadores fueron los muyaidines que en los años 90, en guerra interna de facciones y dominando barrios cometieron las atrocidades más increíbles (violaciones masivas, piel arrancada, clavos en la cabeza, personas hervidas…). También los talibanes o los soviéticos cuando invadieron el país contribuyeron a convertir esta ciudad en un parque temático de los crímenes de guerra.

Visitamos la antigua Embajada Rusa, un conjunto de edificios convertido en un campo de refugiados del valle de Shamoli en el Norte. Hace más de tres años, algunos fueron masacrados, otros fueron expulsados y trasladados aquí con la promesa que en pocas semanas volverían. Sus habitantes nos acompañan queriéndonos enseñar todos los rincones de este laberinto de esqueletos de edificios, bombardeados, sin paredes ni puertas, con sombras de humo negro por todas partes. Está lleno familias enteras sentadas en todos los rincones, mayores o niños con el alma destrozada después de tantos años sin poder hacer nada más que sobrevivir, dormir en el suelo, esperar algún camión de ayuda humanitaria, o recoger restos de comida casi inexistente en montones de basura y hervir sopas de casi nada para hacerse la idea de que comen. Nos cuentan que a algunas familias les robaron y revendieron las cartillas de racionamiento y otras las perdieron, y ahora no tienen derecho ni a su ración de ayuda exterior de Naciones Unidas. Algunas de estas  “naciones” tan unidas contribuyeron al expolio y a la destrucción  de Afganistán apoyando sus criminales, y ahora alardean de “ayudar”, mas que de “devolver la deuda” de esa destrucción y de ese expolio.

A pesar de todo, decenas de niños y niñas nos saludan a nuestro paso alucinados por la presencia de extranjeros: “How are you?”. Es impresionante. En esta ciudad han pasado regimenes de absoluta represión social donde absolutamente todo era pecado, incluso jugar a cometas o pasearse solas las mujeres. Han pasado guerras fulminantes, se han intentado imponer gobiernos externos… Para los afganos y las afganas este es un país nuevo, desconocido, un país que aún no saben como afrontar, es como una página en blanco, como un libro abierto. En esos momentos, y tal vez sólo en estos momentos, viven en un espacio de libertad que nunca antes habían experimentado y que probablemente durará poco.

POSTAL 3: FLORES. Kabul, agosto 2003

SMS: Flores podridas, flores frescas, al pasado y el futuro de las mujeres afganas

Hola Brigitte:

He estado con un grupo de mujeres y niñas de un curso de alfabetización. Realizaban un ejercicio de terapia. La profesora les ha pedido que hicieran dos dibujos sobre su vida, uno de su pasado y uno de su futuro. En sus trazos esas mujeres mostraban sus miedos, sus concepciones y sus aspiraciones. Casi todas dibujaban flores. La mayor parte de ellas hablaba de un pasado oscuro y dibujaba su pasado con flores podridas, un pasado donde todo el mundo marchó y las flores murieron sin ser regadas. Su futuro lo ven con flores frescas.

Había algunas que dibujaban manos cortadas sangrando, casas destruidas con cuerpos hechos pedazos alrededor, mujeres vestidas con burcas y con los brazos amputados, e incluso misiles que han caído contra unas flores muertas. Una de ellas no pudo reprimir el llanto al contar su dibujo: un misil dirigiéndose a su casa. Era el recuerdo de su retorno de Irán encontrándose toda la casa destrozada y con amigos y familiares muertos o heridos.

Recuerdo un dibujo de una enorme mesa, con una taza de café y un pequeño hombre sentado. Para ella el pasado era la sensación de tristeza de un hombre que estaba completamente solo tomando café, porque todo el mundo había huido a causa de la guerra. Otro dibujo que recuerdo era tan simple como una cabeza dentro de una caja, que para la mujer era la ignorancia de épocas en las que nadie podía estudiar ni hacer vida normal. También recuerdo un dibujo sobre el futuro, con una mujer sin velo. Esta mujer deseaba que en un futuro ir con velo no fuera obligatorio y que las mujeres tuvieran una oportunidad de ser libres.

 

POSTAL 4: VERDUGOS Y VÍCTIMAS. Mazar-e-Sharif, febrero 2004

SMS: ¿Sabías que el burca es un signo de libertad?

E-MAIL

Hola Brigitte:

Estoy en la provincia de Mazar-e-Sharif, la capital norte de Afganistán. Ya te he contado muchas veces que tenemos una imagen simplificada de un Afganistán destrozado por unos extremistas puritanos como son los talibanes sin saber que en realidad este país lleva casi 30 años viviendo críminales de guerra de todo tipo, muyaidines, soviéticos, talibanes, e incluso americanos. Ahora, que se supone que ha acabado la guerra y ha iniciado una transición democrática, estos criminales dominan la mayor parte de provincias en una especie de sistema feudal con ejércitos propios y son llamados los ”Señores de la Guerra”. También dominan las carteras del poder en el parlamento o en el gobierno. Por un lado están los históricos verdugos paseándose impunemente por el país. Por otro lado las víctimas nunca recompensadas ni reconocidas.

La presencia de los verdugos está por todas partes. Un día nos acercamos a un pueblo llamado Shibergan, controlado por uno de los mayores carniceros históricos llamado Dostum. Estaban celebrando un forzado homenaje a él. La población no tenía otra opción que participar en los discursos, los conciertos y los bailes en el estadio de fútbol y todo resultaba una patética fiesta de fantasmas, de gente forzada a actuar contra su voluntad. Otro día visitamos a uno de sus actuales rivales en Mazar-e-Sharif Mohammed Atta en su oficina como gobernador de la zona. Creía que estaba recibiendo a una “comisión europea de derechos humanos” y sus respuestas eran cínicamente amables y conciliadoras, destapando solo su piel de lobo cuando contestaba tonterías como ésta: “¿por qué todas las mujeres van aún con burca? Es un símbolo de libertad, una prueba que las mujeres pueden elegir el vestuario que les apetezca.”

Al otro lado están las victimas, víctimas de todo tipo de verdugos. Hemos estado viendo víctimas de todo tipo. Por ejemplo visitamos un pueblo de etnia hazara (de origen mongol y normalmente musulmanes chiitas) muy atacada por los talibanes de étnia pastún. Un grupo de mujeres vestidas de negro y con el alma eternamente de luto nos contaban algunas de tantas historias de calamidades humanas: “cuando llegaron los talibanes a mi pueblo por primera vez, tomaron a mi marido y lo asesinaron fuera de casa. También asesinaron a mi hermano cuando trabajaba en el campo. A sus hermanos los ataron espalda con espalda, los trasladaron al aeropuerto y allí los mataron.

 

POSTAL 5: EL 11 DE SEPTIEMBRE. Now Bloque (Samangon), agosto 2003

SMS: Afganos perdidos en el pueblo más oculto del mundo sabían antes que nadie quien fue el autor del 11-S

E-MAIL

Hola Brigitte:

Hace días que no recibes ni sms ni mails porque he estado viviendo una aventura perdido en uno de los rincones más aislados del planeta, Now Bloque. Nuestro vehiculo quedó bloqueado a medio camino al anochecer y tuvimos que desplazarnos por un infernal camino en pendiente durante horas con el riesgo a ser atacados por perros salvajes o lobos. Now Bloque es un pueblo clavado en las rocas de las montañas cercanas de Samangon, sin servicios ni comunicaciones, en el que la gente vive de lo que existe en su entorno, agua, patatas, excepcionalmente alguna cabra o algún pollo. Si aún existe una carretera que da a ese pueblo creo que debe ser para transportar alfombras, ese esclavismo contemporáneo que ya vimos en los refugiados de Peshawar, y única fuente de ingresos de las familias para sobrevivir. No existe cobertura médica (o sencillamente alguien que sea médico en la zona), y muchas personas caen inmediatamente cuando tienen una enfermedad. La primera escuela  de la región fue la que pusimos en marcha con nuestra asociación.

En Now Bloque sólo tienen burros como medio de transporte y no hay ningún medio de comunicación. Pero tienen radios, y a veces las noticias les llegan rápido y se interpretan de forma más lúcida que en nuestra cómoda Europa. Un día nos reunimos con los ancianos del pueblo y se me ocurrió preguntarles cómo les había llegado la noticia y cómo habían vivido el 11 de septiembre.

El 11 de septiembre nos pusimos muy contentos

Pero, ¿cómo os enterasteis de lo que ocurrió?

Escuché la noticia por la radio y rápidamente convoqué la gente del pueblo. Les dije que había una buena noticia para nosotros. Una gran desgracia había ocurrido en América y mucha gente había muerto, y había sido obra de Bin Laden. Así que teníamos que estar contentos puesto que seguro que los americanos vendrían a expulsar a los talibanes y a Bin Laden, nuestro entorno cambiaria y volveríamos a tener una vida normal sin los talibanes.

¿Y las imágenes de las torres gemelas cayendo como las visteis?

No sé de que imágenes me hablas.

 

POSTAL 6: El Museo de los Criminales, noviembre 2006

SMS: En Herat la barbarie se ha convertido en tema de Museo.

E-MAIL:

Hola Brigitte:

Estoy en Herat, la capital Oeste de Afganistán, la gran ciudad afgana de la cultura persa, la Perla de Jorasan, la de los grandes monumentos, importante epicentro musical… Antes que las guerras destruyeran su vida y su cultura. Esta ciudad, esta región están controladas por una de esas bestias armadas de las que hablo a menudo, un Señor de la Guerra llamado Ismaíl Jan. Con su pasado de crímenes ahora es ministro del gobierno afgano.

Actualmente en Herat se está construyendo un monumento para honorar los criminales, el llamado “Museo de la Yihad” (esta palabra tomada del Islam que cualquier bestia de la guerra la utiliza a su interés). En él se honora como héroes a todos que lucharon contra la invasión de los soviéticos, los mismos que a su retirada se enzarzaron en una lucha de guerrillas y cometieron todo tipo de atrocidades contra la propia población afgana convirtiéndose en una panda de criminales. La organización de derechos humanos Human Rights Watch ha publicado un escalofriante informe sobre sus “hazañas bélicas”  contra la población afgana. El edificio circular lleva sentencias del Corán en el exterior y una enorme terraza rodeada de todo tipo de chatarrería bélica (máquinas de asesinar), y por dentro un pasillo con figuras a tamaño natural con “héroes” batallando o sangrando, y salas que son un enorme y siniestro baúl de recuerdos con vitrinas llenas fotos, objetos y más fotos, recuerdos de “entrañable nostalgia”.

Sabes bien que siempre me ha horrorizado que se conserven más cañones que molinos, y que abunden más museos militares que museos de juguetes. Aquí en Afganistán después de la expulsión de los talibanes, se ha legitimado internacionalmente la impunidad con un proceso de paz (la llamada Conferencia de Bonn) que bajo la consigna de la “no intervención en asuntos internos” se ha dado carta libre a que los criminales del pasado sean la clase política actual. Los Estados Unidos entraron en Afganistán por tierra con la ayuda de estos Señores de la Guerra y estos ahora piden sus carteras de poder. Las víctimas de todas esas guerras, a miles, continuaran pudriéndose en su anonimato sin que reciban ni siquiera ayuda para sobrevivir con sus piernas de prótesis o sus maridos o sus hijos muertos.

 

POSTAL 7: KABUL-DUBAI, noviembre 2008

Vuelvo a Barcelona a través de Dubai y visito por curiosidad la ciudad puente entre Oriente y Occidente. Desde la playa contemplo la ciudad por la noche. Dubai es la perversidad del lujo y de despilfarro. Incontables rascacielos que parecen no tener fin vomitan miles de kw de luz robados de quien sabe qué rincón del mundo. Centenares de coches lujosos cruzan sin cesar unos pocos kilómetros de ciudad, de país,  devorando el petróleo que devora los países en inacabables guerras. Centenares de centros comerciales mostrando el decadente espectáculo de miles de botellas de carísimo perfume, e inmensos acuarios prefabricados. La imagen de una sociedad que pervertidamente despilfarra los recursos sobre una civilización devorada por el saqueo, la injusticia y la muerte de la dignidad humana. No puedo quitarme de la cabeza, como atormentadores flashes, las imágenes vistas en Afganistán.

 

Criminales en el parlamento

Estoy ante un grupo de 30 mujeres afganas, víctimas de guerra, de cualquiera de las que han asolado (y asolan) el país durante 30 años. Cuentan historias de crímenes vividos en sus propias carnes, ante sus propios ojos. Todas ellas escalofriantes, y quizás las más cruentas son las del periodo anterior a los talibanes y posterior a la invasión soviética, cuando las guerrillas de muyaidines que habían luchado contra los rusos se lanzaron a luchar entre ellas cometiendo las barbaridades contra la población civil como arma de guerra. Señores de la Guerra apoyados internacionalmente en los 80’s en un país que se convirtió en un laboratorio más de la guerra fría. Estas mujeres recuerdan perfectamente sus asesinos, o las miradas de sus violadores, o los nombres de los responsables que ordenaron esos castigos: Sayaf, Dostum, Rabbani, Ismail Khan…

Nombres y apellidos escritos en los informes de la ONG de derechos humanos Human Rights Watch. Nombres y apellidos de asesinos que actualmente forman parte del gobierno o del parlamento afgano, que dirigen el país y gestionan los fondos de “reconstrucción” del país sin que la comunidad internacional intervenga especialmente legitimando a unos criminales bajo el “no intervencionismo en asuntos internos”. Se legitima la “intervención” militar, esa sí, pero no la “intervención” política como si esa panda de criminales fueran unos santos. Unos criminales que esas mujeres víctimas que tengo delante recuerdan sus actos detalle a detalle, criminales que esas mujeres quieren expulsar, mucho antes que a las tropas internacionales (que al menos su presencia da cierto grado de seguridad). Su prioridad numero 1 es sacarse de encima esa pesadilla de su historia que ahora está en el poder, que se reparte el país, y que quién sabe hacia donde puede dirigirse.

Las víctimas se pudren en sus lágrimas y sus recuerdos siniestros. Pero en los movimientos sociales de nuestro país parece que se ha extendido una crítica casi unidireccional hacia la retirada de las tropas internacionales, y casi no se debate nuestra irresponsabilidad política por la falta de una presión para dejar fuera de juego a los criminales. Cuestionar las tropas internacionales es un debate legítimo (y más con la cantidad de “daños colaterales” que provocan, especialmente las norteamericanas), pero monopolizar el debate en este tema colocar por delante el dolor y la mala consciencia moral occidental, al miedo y la voz de las víctimas. Las 30 mujeres pertenecen a una shura (asamblea) de víctimas que organiza la ONG “Fundation for Solidarity and Justice” dirigida por Horia Mosadiq. Esos ministros, esos parlamentarios que se reparten el botín de la ayuda internacional y el propio país, fueron los responsables de violar hasta la muerte, matar a los hijos a clavos en la cabeza, arrancar la piel de los maridos hasta la muerte… Ellas sólo quieren que esos carniceros desaparezcan del país.

Después de visitar un grupo de mujeres de una zona absolutamente mísera que fue devastada por Masud (hoy “héroe nacional” al ser asesinado justo antes del 11 de setiembre, y recibido hace años oficialmente por la Unión Europea), se acerca un hombre y una mujer y me dicen:“Gracias por registras nuestras desgracias, y por difundirlas, y por hacer algo para que esto se conozca. Esto puede cambiar más nuestras vidas que cuándo vienen a traernos harina o leche”

 

Túnez. Postales dipersas de un país tranquilo

1

Llego a Túnez. Viajo hacia Tabarka por una carretera del norte. El sol va cayendo. Quedo fascinado por un paisaje de bosques de alcornoques y de casas blancas. Me resulta conocido por mediterráneo. La vida se alarga sin solución de continuidad a lo largo de toda la carretera. Por todas partes hay pequeñas poblaciones, los duares. Hay pequeños puntos de venta de miel, de fruta o de artesanía en madera. Hay cafés o minúsculas tiendas donde se puede encontrar de todo (épiceries) y que parecen no cerrar nunca. Va cayendo la noche pero la vida no desaparece en un país inquietantemente tranquilo.

2

Mi amigo Lotfi me lleva a su locutorio en Bizerta. Chequeo mi correo electrónico y busco en internet alguna información sin éxito. La página web de vídeos youtube o la de la organización de derechos humanos Amnistía Internacional no se abren. Mi amigo se ríe cuando le pregunto si hay algún problema con la red. En voz baja, para no ser oído por los clientes, comenta: “¿sabes lo que es internet es este país? Es el ojo del Estado. Aún quedan inocentes que se creen que internet es la libertad informativa.”

De hecho me sorprendió que Lotfi, izquierdista y crítico con su país, no conociera el durísimo informe de Amnistía Internacional sobre la represión en las cárceles de Túnez. Ahora me doy cuenta que es imposible encontrarlo o descargarlo porque internet, en Túnez, está intervenido por el estado.

En la pared del local hay colgada una foto del presidente tunecino Ben Alí, la misma que hay en cualquier rincón del país, hasta en los pequeños puestos callejeros de frutos secos. Creo que esta foto no está aquí por las simpatías de mi amigo con el presidente…

3

Hizaoui es un joven que vive en un duar de la zona montañosa de Aïn Draham, al noroeste, en una de las regiones más deprimidas del país. Trabaja en lo que puede para sobrevivir, en la construcción o en la agricultura. Es curioso y me pregunta muchas cosas sobre mi país que parece conocer un poco.

Me sorprende cuando me pregunta: ¿vous aimez le théâtre? (¿te gusta el teatro?). Él ve mucho teatro e incluso conoce algo de autores europeos como Molière. Hizaoui nunca se ha movido de su casa excepto para ir a Tabarka, a unos 30 km. Solamente una vez en su vida fue a Túnez como trabajador temporal en la construcción, y compartió piso con 10 chicos más en un barrio periférico. En su casa no tiene electricidad y él es un espectador compulsivo de teatro y música a través del televisor que funciona con batería. Hizaoui es poético y extremadamente sensible. Posiblemente sea un intelectual que ha nacido en un entorno equivocado.

4

Jamila y Monia trabajan en Jendouba en proyectos de desarrollo rural. Jamila es una educadora social de mujeres originaria de Ain Draham. Monia es una agroeconomista originaria de un barrio marginal de Túnez (Cité Helal). Superan los 30 años, una edad en la que en Túnez, socialmente, ya deberían estar casadas.

Discutimos sobre amor y sobre sexo. Jamila es radical defendiendo su autonomía personal. Critica y huye descaradamente de la cultura patriarcal. Un posicionamiento que según comenta le ha distanciado de todas sus relaciones sentimentales. Sus parejas comenzaron aparentando progresismo y acabaron exigiendo control sobre su vida. “Estoy segura de lo que quiero pero veo que no cedo nunca en determinadas cosas, así que nunca encontraré el hombre de mi vida. Aunque tampoco estoy segura que quiera encontrarlo.” Jamila ríe cuando habla de sexo, de una manera totalmente abierta: “Imagínate, yo dando clases de sexualidad a los grupos de mujeres rurales y soy virgen. Pero… ¡he leído mucho sobre el tema!”

Monia también acepta que difícilmente va a encontrar el “hombre de su vida”. Ni loca se casaría sin amor. Pero para ella su prioridad es el desarrollo profesional y el apoyo a su familia absolutamente desestructurada, que necesita completamente de su apoyo pero que a la vez la presiona para que se case.

5

Cualquier visita oficial o acto social en Túnez, por mínimos que sean, pasar por el rito de visitar al delegado del partido único: el Rassemblement Constitutionnel Démocratique. Es un rito absurdo de saludos cordiales y estereotipados cuyo único sentido es marcar terreno y demostrar que todo en la vida tunecina todo debe pasar por el partido.

Túnez es un país de tranquilidad inquietante, espantosa. Túnez se sume en un silencio asfixiante.

Habib Bourguiba, el líder de la descolonización, se inspiró en la República Francesa como base del estado moderno de Túnez. Pero a sus indudables logros sociales en educación, salud o derechos de las mujeres (incomparables a la mayor parte de los nuevos estados árabes), se le suma la represión política. Ésta ha sido continuada por Zidi Abdine Ben Alí, que en 1988 destituyó a Bourguiba cuando el país estaba sumido en un caos político. Con la excusa de democratizarlo, dio un “golpe de estado médico” ya que su argumento era la incapacidad mental de Bourguiba para gobernar. Túnez se convirtió aún más en un férreo estado del silencio.

Actualmente no hay críticas abiertas, sólo en grupos pequeños de confianza, porque la policía secreta está por todas partes y se cuenta a miles (aunque no hay cifras oficiales se habla de entre 80.000 y 130.000 policías en una población de unos 10.000.000 de personas). El colaboracionismo es la única manera de no quedar excluido del sistema. Todo es una pirámide social de delegados de los delegados del partido. Todo. Desde las estructuras del poder hasta las ONG (dirigidas por miembros del partido) o los medios de comunicación. Quien quiera formar parte de algún sector de la sociedad debe formar parte del partido, o al menos callarse, no expresar su voz propia.

Este silencio convierte a Túnez en un país espeso, impenetrable…

6

Cuando Túnez se formó como estado moderno después de la descolonización en los años 50, Habib Bourguiba dictó un Código de Familia con toda una serie de leyes progresistas inspiradas en la República Francesa. Túnez era el único estado árabe que contemplaba el divorcio, la mayoría de edad para casarse, la repartición igual de bienes, etc. Además, se crearon medidas prácticas para que se aplicaran estas leyes, así como asociaciones, ministerios, etc. Pero Túnez como Estado siempre tiene dos caras. Los derechos de las mujeres son la cara amable de un régimen dictatorial y una coartada del poder que, creando un “feminismo de Estado”, lo integra en la estructura y neutraliza su capacidad transformadora.

En la práctica, se produce un salto entre la mentalidad de mujeres y hombres. Muchas mujeres tienen una mentalidad mucho menos conservadora y además aprovechan el progresismo político para su ascenso social. Mientras que muchos hombres ven el conservadurismo como una manera de preservar su estatus.

Les comento a Jamila y a Monia si están de acuerdo en que ellas son el ejemplo de una “soltería forzada” en una sociedad en la que las mujeres han avanzado mucho más en mentalidad que los hombres. Ellas difícilmente encuentran en su país el tipo de hombre que se adecúe a sus aspiraciones. Monia, que no le gusta ser analizada, no parece estar muy de acuerdo. Jamila dice que sí rotundamente.

7

Acudo a un taller de participación democrática con un grupo de jóvenes tunecinos de Sers y estamos en plenos juegos preparativos. Nos dividimos en tres grupos y tres personas de la organización hacen de líderes de cada uno de los grupos, comportándose cada uno de forma diferente. El primero da instrucciones y no deja participar al grupo, es un líder dictatorial. El segundo resuelve los problemas por consenso, es un líder democrático. El tercero deja opinar y discutir, pero decide lo que le da la gana, es un líder autoritario. Al discutir sobre cuál de los tres líderes es democrático no hay consenso, pero casi todos dicen que es el tercero. Según la mayoría de ellos, la democracia se basa en poder votar, aunque finalmente decida el líder. Cuando el líder decide por consenso lo consideran un líder totalmente débil.

8

Dhaouia de Gafsa es una chica inteligentísima, con una personalidad muy fuerte. Cuando la visito me comenta que va a casarse. La felicito con una sonrisa efusiva. Reacciona secamente. No parece muy feliz. Hay confianza y le pregunto si en realidad no es muy feliz…

“es muy buena persona. amarle no lo amo. pero quizás con el tiempo lo amaré. pero si quiero quedarme a vivir en esta región tan rural no puedo aspirar a mucho, no puedo quedarme sin casarme hasta los 30 años. en el fondo he tenido suerte, es una buena persona y con los años seguro que acabaré amándole”

9

Carta de Ghalia desde Lajred, un pueblo remoto de Kasserine.

“Amigo mío, no sabes lo feliz que me hace haber recibido tu carta en mi pequeño y lejano pueblo. Me da una inmensa alegría saber que quieres visitarnos a mí y a mi familia. Pero quiero hacerte una pregunta: ¿aceptarás vivir unos días de pobreza en una casa que no tiene nada? ¿Vivirás en un pueblo que no tiene ninguna de las cosas que son obligatorias en el paraíso de tu vida cotidiana? No hay ni radio, ni casete, ni televisión… ¿Quieres compartir nuestra vida trágica? Si vienes vas a llenar de alegría nuestra vida negra.”

“aunque mi entorno es bonito, no puedo negarlo, mi corazón está roto ya que me siento lejos de mi familia, de mi padre, de mi madre, de mis hermanos y hermanas. no he encontrado quien comprenda mis ideas y mis sentimientos. me siento perdida aunque tenga muchos sueños. vivo con un gran sentimiento de soledad pero sé que es mi destino. no he podido desarrollar mis estudios ni he encontrado un trabajo para ayudar a mi familia y para afirmar mi existencia. yo quiero vivir como una mujer que tenga su propia personalidad, quiero tener mi libertad para afirmar mi existencia.”

10

Mongi es de Gabés y está a punto de casarse. Es un poquitín chulo y decido hacerle preguntas directas sobre sexualidad. Mongi me cuenta que nunca ha hecho el amor con su novia sino que lo hace con prostitutas, y que su récord son 10 polvos en una hora. También me comenta que el sexo oral es lo que más le gusta, pero cuándo le pregunto si le gusta hacerlo o recibirlo exclama: “¡No, no se te ocurra hacérselo a una mujer, que sus flujos son venenosos!”

11

En el paseo central de Tabarka observo una estatua de Bourguiba con un perro a sus pies. Es la única estatua del antiguo presidente  que escapó a la quema que hizo Ben Alí en 1988, al llegar al poder. Las demás, fueron sustituidas por relojes.

Cuando murió Bourguiba, el estado tunecino no organizó ningún homenaje, ni siquiera en su ciudad natal, Monastir, donde las manifestaciones espontáneas fueron reprimidas. Esto indignó profundamente a la población ya que en el fondo Bourguiba es el “padre de la patria”, el que simboliza la lucha por la independencia de Túnez. Y Ben Alí ha sido un continuista que además ha empeorado los tics autoritaristas de su antecesor…

12

Monia, la amiga de Jamila, ha trabajado en ONG’s y actualmente está en el Ministerio de Agricultura. Su hermana menor estaba estudiando una carrera de ciencias, otra hermana había montado un pequeño negocio de téxtil que le estaba funcionando bien y la hermana mayor también trabajaba en Roma casada con un italiano.

Con su dinero Monia está pagando la construcción de la casa de su familia, que está en la zona más marginal de la capital, Cité Helal. Cuando la visité, el taxista no se atrevía a entrar en el barrio. Su hermano Rachid me dio una vuelta y todos sus amigos le insistían que les comprara droga. Él me contó que traficaba incluso con la policía. Sus otros dos hermanos  vivían en Italia, pero Monia no sabía definirme en qué trabajaban exactamente, aunque no parecía que tuvieran una vida de lujo.

La gran diferencia entre la situación de las mujeres y los hombres en la familia de Monia es algo común en las familias de Túnez.

13

Historia contada Rafika de Sers, de 70 años

“Mi marido era mi primo. Me casé a los 15 años. Después de casarnos tuve que cubrirme de pies a cabeza, con excepción de los ojos. Él me encerraba en casa y si intentaba salir me pegaba con un bastón. La gente miraba desde fuera por curiosidad pero él me tapaba para que nadie me viera. Se decía que Bourguiba había dado libertad a las mujeres, pero para nosotras eso eran sólo palabras.”

14

Conversación con Mohammed, de la ciudad de Túnez, hijo de una de las mujeres militantes del partido RCD trabajadora del Ministerio de la Mujer.

“La prensa francesa está utilizando el tema del encarcelamiento de periodistas tunecinos críticos con nuestro gobierno para desacreditarnos como país. Pero Francia no es nadie para meterse en cómo queremos llevar nuestro destino y en cómo queremos conducir nuestra democracia. Francia es, en el fondo, una dictadura que viene de fuera para imponernos una forma de gobierno. Hay que ser tunecino y no francés para saber cómo nos sentimos y qué queremos en Túnez. Nuestra democracia no es perfecta, es cierto. Pero no ha llegado la hora de abrir el país a una democracia ya que si las elecciones fuesen completamente libres ganarían los islamistas. Y serían mucho más represivos y sanguinarios que nuestro presidente. Cada pueblo sabe cuando está preparado para la democracia y nuestro momento aún no ha llegado. Esto quizás ocurre en un país occidental como el tuyo donde la gente está instruida, pero no en el nuestro. Hay que darle a Ben Ali un margen de confianza y no venirle con imposiciones desde Europa.”

15

Carta de Hizaoiu

“Querido amigo, lejos de ti desde esta región rural te escribo con mi corazón lleno de alegría, te escribo muy feliz por tener noticias tuyas. Tu visita a mi región donde nos conocimos me llenó de felicidad, pero tu retorno a España me dejó un gran vacío. “

“Amigo, quiero visitar España y quiero encontrar un trabajo ya que en mi país no tengo. Quiero saber cómo puedo venir contigo. ¿Puedes ayudarme? Espero que me escribas para explicarme cómo puedo llegar a España, cómo puedo encontrar trabajo y cómo puedo encontrarte a ti.”

16

Carta de Monia:

“Mi hermano Rachid ha sido expulsado del instituto por su mal comportamiento. Mi padre dice que no quiere hacerse cargo de este delincuente que nunca obedece sus órdenes. He presentado una carta al Ministerio de Educación diciéndoles que ellos serán los responsables si mi hermano cae en la delincuencia. Pero aunque finalmente lo han readmitido en el instituto, ahora es mi hermano el no tiene ningún tipo de interés. Además he descubierto que posee droga y que la vende a la policía, o sea, a los propios funcionarios del Ministerio del Interior. He intentado comportarme con calma y me he ofrecido a comprarle la droga. He pensado en denunciar a mi hermano a la policía pero es una tontería, ya que es el mismo circuito que le compra la droga. He pensado también en mandarlo a trabajar lejos de esta ciudad, a Sidi Bou Said, donde tenemos un trozo de tierra para cultivar. La última solución que he pensado es  matarlo. “

17.

Carta y poema de Ghalia, mujer rural de Túnez de la zona de Lajred (Kasserine)

“Amigo mío, he dejado mi familia y mis amigos de Lajred. Desde hace una semana trabajo en una gran fábrica de Monastir. Trabajo en otro mundo, en un mundo más vivo que el mío. El mundo de la mujer trabajadora. Estoy agotada ya desde el primer día, pero estoy ante la gran experiencia de la vida. Voy a intentar ser la misma “Fuerza”, voy a trabajar sean cuales sean las condiciones. Triunfaré, probaré la vida, saborearé mi existencia…”

No olvides el sentido de mis palabras

No olvides mi historia

No olvides mi sufrimiento

No olvides que tengo el corazón roto

Tengo tristeza de amor

Y a pesar de todo

Me siento obligada a cantar la vida

Sé que sabes que en el fondo el amor es loco

Sé que eres el molino de mi corazón

Ahora me siento como un pequeño pájaro que ha caído de su nido

Si. Me he perdido

Pero es mi destino

Solo el destino quiere que me escuches

Pero con un gran silencio

Sólo el destino me pide que sonría

 

Mayo 2009

Por razones de seguridad. Un paseo por Gaza

SELF-SERVICE

A unos 100 metros de  la frontera norte con Gaza, en la parte israelí, hay un self-service de gasolinera. Capuccinos espumosos, pasteles de chocolate amarga, zumos de fruta fresca, sandwiches de vegetales y queso. Actitud educada y cordial. Risas, abrazos. Clientela joven, bellísima. Elegancia informal, vestidos verdes y arma colgada en la espalda (con el cañón cruzando la goma a la vista de los calzoncillos o de las bragas). Armas, a veces, casi tan largas como su cuerpo.

Se sientan desaliñados a relajarse del estrés de su trabajo, en la frontera o en el interior de Gaza. Se dedican a blindar el paso a miles de palestinas y palestinos, para que no vayan a Cisjordania, la otra parte de su país. O a impedir que entren desde Cisjordania a Gaza. Impedir que los familiares se encuentren. Algunos hace decenas de años que ya que no se ven. Se dedican a impedir que los enfermos graves vayan a hospitales mejor preparados que los de Gaza, a riego de enfermedad crónica o muerte. Impiden que entren en Gaza productos básicos de alimentación o medicinas. Los que trabajan más duro, más estrés acumulan. Destruyen casas unifamiliares, bloques de pisos, a veces ministerios, o universidades, o hospitales, o escuelas. Los que más trabajan detienen a decenas de resistentes, armados o no, niños o mayores, detienen a políticos que van a su casa, o a niños que simplemente juegan a pelota.  A veces tienen que asesinarlos, a veces tienen que asesinar a sus mujeres y a sus hijos. Les sabe muy mal, pero se resisten y no hay otra opción que asesinarlos.

Un trabajo duro. Una tierra dura, hostil. Bien merece entrar en el oasis de tranquilidad del self-service de la gasolinera, parar un rato y tomar un zumo bien fresco de limón con menta triturada.

MAPAS

Miro un mapa del Mediterráneo. De norte a sur, de este a oeste. Sus costas, sus puertos, sus islas, sus grandes capitales, sus pequeños pueblos, sus grandes cordilleras, sus extensiones de desierto… Resigo una parte de la costa este, Acre, Haifa, Hadera, Jaffa, Asquelón, Gaza… En el mapa geográfico todo es un continuo sin ruptura. El mapa nos miente. En el mapa no hay guetos. Nada indica que justo un pequeño fragmento de 40 km de largo y 8 de ancho ha sido secuestrado. En el mapa no vemos más de un  millón de personas si posibilidad física de moverse de ese fragmento. No vemos el enorme muro de hierro, ni los muros de cemento de más de 8 metros de alto, ni los centenares y centenares de metros de pasillos, vallas, dispositivos de seguridad bloqueando cualquier posibilidad de moverse, vivir. El mapa no nos muestra los bombardeos, no nos muestra la destrucción sistemática. ¿Cómo podríamos verlo? ¿Cómo indicar que en esos pocos kilómetros cuadrados hay un gueto humano? El mapa nos miente.

No sólo nos miente el mapa. Nos miente el paisaje, a varios kilómetros, a un kilómetro, a 100 metros. Carreteras ordenadas y bien reguladas. Autobuses llenos de gente que van al trabajo con la cartera o las herramientas, que van a la playa con la toalla y las chanclas, que vienen de la compra con los carritos repletos. A 100 metros de Gaza todo un mundo normal, ordenado, civilizado no nos indica que es responsable de hacer la vida imposible a más de un millón de personas encerradas en unos pocos kilómetros cuadrados.

FRONTERA

En Erez, la frontera israelí al norte de Gaza, me atiende una jovencita sonriente, maquillada, que lleva un móvil con dibujitos de Kitty. Ella es la que cumple las órdenes de impedir que nadie entre en Gaza (palestinos, trabajadores humanitarios internacionales, incluso diplomáticos). Miro en la pared del fondo un póster hecho a mano, con fotos de jovencitos  y jovencitas, y escritas en rotuladores, fechas y corazones rosas. Es el personal que trabaja en la frontera vetando el paso a la gente. Escrita hay la fecha en que van a cumplir 18 años.

Por el momento no se me permite la entrada en Gaza, hay que comprobar mi permiso de entrada y  la chica no sabe cuánto tiempo tardaré, tal vez no sea posible hoy. Aunque ha sido coordinado directamente por el cónsul español con la unidad del ejército israelí, no es posible por motivos de seguridad. Al lado un palestino con nacionalidad norteamericana, al que tienen retenido su pasaporte y su teléfono móvil, se niega a que lo lleven a una celda aislada. No le dejan llamar a su embajada, no le dan el pasaporte, no le dan su móvil. Hoy no podré entrar, tendré que volver mañana. La seguridad lo es todo

 

EREZ

Centenares de metros de frontera. Centenares y centenares.

Pasillos inacabables de hormigón.

Centenares de cámaras.

Espacios completamente aislados y controlados remotamente desde alguien invisible.

Alta tecnología con dispositivos de control de metales o materias peligrosas que someten a las personas a todo tipo de rayos.

Salas faraónicas con decenas de jóvenes en habitaciones acristaladas, a lo alto, gritando desde megáfonos intencionadamente ininteligibles.

Soldados apuntando insistentemente a la sien.

Salas de interrogatorio, absolutamente aisladas, sometiendo a las personas a desnudarse.

Imágenes duras. Muy duras.

Personas discapacitadas abandonando su destartalada silla de ruedas para cruzar casi milagrosamente largos pasillos con muletas. Forzadas por jóvenes que dan órdenes a lo lejos.

Abuelas, abuelos.

Niños obligados a dejar sus madres para cruzar llorando, dentro de cabinas de rayos detectores de metales u otras sustancias.

Mecanismos superiores a cualquier cárcel de alta seguridad.

Erez, un monumento sin otra función que la irracional y prepotente megalomanía de un estado enfermo de seguridad, de rabia y de miedo.

COLONIAS

Israel necesitaba desde hace años un gueto en el que descargar su rabia y su miedo. Con impunidad. Hasta el 2005 una cuarta parte de Gaza estaba ocupada ilegalmente por decenas de colonias israelíes. No servían, eran molestas, no dejaban descargar tranquilamente el instinto criminal del estado y el ejército. El político más inteligente que ha habido últimamente en Israel, Ariel Sharon, anunció a bombo y platillo su gran «gesto de paz»  desalojando las colonias de Gaza. Montó un perfecto circo mediático.  Centenares de periodistas de todas partes se desplazaron a Gaza para informar sobre colonos desesperados arrancados de sus casas por un ejército en misión de «paz» defendiendo el gran «sacrificio» de un estado. La ingenuidad política europea aplaudió este «gesto de paz», con más euforia que cuando condenó la masacre de 1400 personas en el 2008/2009. Israel consiguió la pantomima internacional de ser un estado que «cede a la paz», y creó un territorio preparado para descargar su rabia y su miedo.

Las razones estratégicas y económicas no siempre explican las acciones de Israel. A veces se explican por la pura irracionalidad del miedo. De la rabia.

RUINAS

En Palestina las ruinas son omnipresentes. Cada ruina es metáfora de algo distinto. Israel demolió las colonias de Gaza y dejó una zona en ruinas. Muchas no se retiraron. Le pedí a mi amiga Manal de ir a pasear con su familia Awad por las ruinas de las colonias. No habían estado nunca.

Era viernes, festivo para los musulmanes y decenas de familias se paseaban como si estuvieran en un parque de atracciones. Observaban y comentaban cada fragmento. Los niños se entretenían en recoger fragmentos de cosas rotas con textos en hebreo esparcidas por el suelo, por si encontraban algo de valor, o simplemente por la curiosidad hacia lo extraño. Reconstruían mentalmente el espacio. Recordaban lo que habían oído de los palestinos que habían trabajado en colonias.

Las hermanas de Manal paraban en algunas zonas y comentaban: «He oído que había una universidad ¿Tal vez esto era la universidad?», «¿Esto era una sinagoga, son así las sinagogas?», «Mira, un polideportivo que dejaron entero y los palestinos han destrozado. Se podría haber aprovechado pero mucha gente no quiere ni oír hablar de las colonias.»

RUINAS (OBSERVANDO LA GUERRA)

«A los residentes de Rafah: debido al terrorismo y a que vuestro vecindario está lleno de terroristas que actúan contra Israel, las fuerzas de defensa israelíes nos vemos obligadas a  emprender acciones en vuestra área residencial. Por vuestra seguridad estamos obligados a evacuar vuestra área.» (panfleto lanzado antes de la llamada «Operación plomo fundido», por el Ejército israelí).

En agosto del 2009, la familia Awad me dio una vuelta en coche por las ruinas de una Gaza que fue masacrada durante 22 días. Según la ONG Al Mezan, entre diciembre del 2008 y enero del 2009 hubo 1.409 muertos (sólo el 17% de resistentes), unos 8.000 heridos, 11.154 casas en ruinas y miles de personas destrozadas psicológicamente en la operación militar llamada por Israel «Plomo fundido». Israel mostró su rabia y su miedo en Gaza.

Al inicio del bombardeo los minaretes de las mezquitas destrozados para mostrar lo precisas que eran sus bombas. Vimos las ruinas de edificios destrozados al inicio de la guerra, cuando unos 60 aviones atacaban simultáneamente a diversos puntos de la franja. Vimos la zona donde unas 300 personas fueron asesinadas sin poder reaccionar. O el centro de la ciudad de Gaza, especialmente los barrios residenciales que fueron atacados sin piedad. Algunos de ellos usando fósforo blanco, ilegal si se usa en zonas pobladas. Los bombardeos en el Ministerio de Justicia, los bombardeos en la muqata, los bombardeos en una cárcel, los bombardeos en un teatro donde murieron 22 personas, los bombardeos en mezquitas, bombardeos en edificios universitarios, bombardeos en locales de bodas, bombardeos en un local de ambulancias, bombardeos en …

No pude evitar mandar un sms a una amiga superado por la situación: «Paseo por las ruinas de la rabia. No me salen las palabras. Estoy en shock. Odio las guerras y los canallas que las hacen. Odio las guerras. No puedo más.»

RUINAS (viviendo la guerra)

En la noche de fin de año, en pleno bombardeo, se popularizó en Gaza un sms: «Mira el cielo. Apaches están bailando por ti. F-16 están cantando por ti. Les he pedido que desde el cielo te deseen feliz año nuevo».

¤

La población se movía dentro de Gaza como una mosca en una botella, según el capricho bombardeador de Israel. La  población no tenía donde refugiarse. Gaza está geográficamente rodeada por Israel, que no iba a acoger los refugiados de sus propios bombardeos, y al sur con Egipto, que no tuvo la mínima dignidad humana de acoger a sus vecinos árabes. (algo asqueroso, repulsivo). Durante la guerra yo recibía sms de mi amiga Manal contándome nomadismo forzado que estaban viviendo. Cuando bombardeaban Rafah, al sur, viajaban a Gaza, al norte. Cuando bombardeaban Gaza iban a Rafah.

Un día bombardearon Rafah, donde tienen su casa, a unos 200 metros de la frontera. Los palestinos han excavado túneles a Egipto ante el bloqueo de Israel a la entrada de suministros básicos. El ejército israelí escupía fuego a la zona de los túneles con la excusa que había tráfico de armas. La familia Awad se metió en un coche huyendo de las bombas. Era de noche, viajaban lento, sin luces, el cielo estaba iluminado por las coreografías artísticamente circulares de los aviones y los flashes de las explosiones. En el coche iba una niña de un año llorando. El padre empezó a consolarla diciéndole que en Rafah estaban lanzando fuegos artificiales para celebrar la boda de una persona muy importante. La familia, para animar a la niña, empezó a cantar y gritar ante una imaginaria fiesta que estaba dejando casas destruidas y personas muertas.

¤

«A lo largo de la guerra nos movíamos sin parar ya que era la única manera de esquivar las bombas. Todas las fronteras cerradas, no había lugar donde refugiarse. Pero hubo un momento en que decidimos quedarnos, cansados de movernos. Eramos de las pocas familias de Rafah que nos quedamos. Dentro de casa se vivía otra guerra, tanto o más dura que la de las bombas, la guerra de sobrevivir, la guerra de minimizar el agua, la guerra de no lavar,  la guerra de no ir al lavabo por restreñimiento, la guerra de inventarnos mil maneras para comer dignamente sin que hubiera nada a nuestro alrededor.  La guerra no es sólo morir sino cómo sobrevivir a la vida cotidiana. El cuerpo se deforma rápidamente y te vas sintiendo como un muerto. No te sientes humano.»

«En la última noche el bombardeo fue espectacular, rabioso, irracional. Recuerdo  como F-16 disparaban sin parar ni un momento. Estábamos sentados en el suelo y parecía que en vez de tierra hubiera agua.» (Manal Awad)

¤

«De repente acabaron los bombardeos. Cogimos el coche para ir a Gaza. Al viajar tomábamos consciencia de lo que había pasado. Y ocurrió una catársis. En el coche había puesto un cassette del grupo palestino Sabreen que homenajeaba los niños muertos en la Intifada («Death of the Profeth»). Empezamos a cantar sus temas y cada vez más llorábamos y gritábamos. No podíamos creer lo que había sucedido.» (Manal Awad)

 

RUINAS (enemigos internos)

«La metralla de este edificio ¿es del ejército israelí?»

«No, eso son disparos descontrolados de las luchas entre el Hamas y Fatah»

La operación «Plomo fundido» añadió ruinas a las ruinas. A las ruinas creadas por la disciplina y constancia destructora de Israel. Y a las ruinas creadas por los enfrentamientos  entre líderes palestinos de los partidos mayoritarios, el Fatah y el Hamas.

Después del desalojo de las colonias recuerdo que hubo un breve periodo de raptos a extranjeros (poco habitual en Palestina). A lo largo de la carretera que cruza la franja se desplegaron milicias de dos colores: las del Fatah que vestían de azul, y las del Hamas que vestían de negro. No había coordinación entre ellas sino voluntad de control del territorio. Poco después estalló una guerra interna cuyo único objetivo único era el control del poder. Los tiroteos eran descontrolados, hasta el punto que muchos palestinos les temían más que a los ataques israelíes, mucho mas controlados.

«Siento mucho miedo ante estas luchas. También siento miedo ante los ataques israelíes pero sus disparos y sus bombas son controlados. No hay realmente daños colaterales, cuando muere un niño o una mujer es que han decidido matarlos. Pero  los disparos entre palestinos no tienen control y todo puede ser objetivo. Los cristales de mi casa están llenos de disparos porque cerca hay militantes del Fatah.»

«En estos momentos siento vergüenza de ser palestina. ¿Cómo voy a pedir a la comunidad internacional que me defienda de los israelíes cuando nos estamos matando entre los palestinos?» No le daba la razón a mi amiga Manal. Las luchas internas, segregadoras y sangrientas dividieron Palestina en dos:  Cisjordania controlada por el Fatah y Gaza controlada por el Hamas. Unas luchas grotescas que nada tienen que ver con la población palestina. Su único objetivo es el poder, y están dividiendo a una población que socialmente nunca ha estado (significativamente) dividida.

Actualmente la situación ha es dantesca por parte de ambos partidos. Unos se persiguen, torturan y asesinan a los otros impunemente creando una falsa división entre palestinos. En las ciudades y en los campos de refugiados de Cisjordania empezaron a multiplicarse  check points para detener a miembros del Hamas. Desde entonces los check points israelíes empezaron a rebajar su tensión ya que el Fatah ya hacía el trabajo sucio: se encargaba de detener a la resistencia. También hizo el trabajo sucio en las manifestaciones que se organizaron en Palestina cuándo hubo los bombardeos en Gaza. Las fuerzas del orden del Fatah en Cisjordania las  ilegalizaron, y detuvieron a decenas de manifestantes. En su congreso plurianual el Fatah concluyó que su principal oposición era el Hamas. No Israel, que al parecer ya era su aliado.

El Gaza las historias la población cuenta historias sobre detenciones y torturas del Hamas a miembros del Fatah escalofriantes: amigos visitando a miembros apalizados del Fatah que, a su vez, también han sido apalizados por visitarlos; detenidos a los que han volado las rótulas disparándolos por detrás de las piernas. Poco a poco imponen leyes sociales ultraconservadoras que afectan sobretodo a las mujeres. También se dan situaciones ridículas como le ocurre a Iman Awad, hermana de Manal. Ella es contable empleada por la Autoridad Palestina, por lo tanto su salario viene directamente de Ramallah, la sede central. El Hamas le exigió que jurara su fidelidad o que dejara de trabajar. Actualmente no trabaja pero si recibe su salario, desde Ramallah, que controla el Fatah.

 

MUJERES FEROCES

Estoy con Manal y con su amiga Iqtimal, dos mujeres feroces de Gaza. Siempre han sido dos mujeres fuertes, independientes, hasta desafiantes y transgresoras en su entorno de Gaza. Mujeres trabajadoras, extrovertidas, habladoras, que anteponen sus decisiones personales a las obligaciones sociales (la más visible, aunque no necesariamente la más importante, es no llevar velo).

Iqtimal es divorciada. Manal es soltera. Iqtimal es una fumadora empedernida, ríe escandalosamente, sus bromas son provocadoras y responde a los halagos con respuestas sexuales, sin tapujos. Manal es superpresumida, y calcula mucho a su interlocutor para lanzarse a bromear, pero sus coqueteos en confianza no son habituales en las mujeres palestinas. Iqtimal es provocadora y retante. Manal es romántica, en su cabeza vive historias de amor. No les faltan habilidades seductoras pero no les interesan las relaciones con los hombres de su entorno.

Mujeres admirables. Transparentes. Sinceras, con la verdad por delante. Mujeres fuertes. Mujeres débiles. Demasiado sinceras para ser fuertes. Han decidido quedarse en su país, luchar por su país y por su familia, en esa doble cárcel para ellas. La cárcel física de unos km2 que crea la ocupación israelí. Y la cárcel moral del asfixiante conservadurismo religioso, que con el dominio del Hamas se ha convertido en insoportable.

 

MUJERES ENCERRADAS

Las tres hermanas de Manal sufren también esta doble cárcel.

En la familia Awad no existen cárceles internas; son contrarias a su idea de familia. El padre, en vida, nunca tuvo imposiciones patriarcales, actitud que ha heredado el único hermano. La aún madre nunca ha impuesto restricciones sociales a sus hijas, nunca les ha pedido si se van a casar ni les ha sugerido que se cubran con un velo, viviendo en una campo de refugiados ultraconservador como el de Rafah. A mi me invita como el amigo de su hija, sin intenciones de casarme.

Las cuatro hermanas son solteras, de 30 a 45 años, que en Gaza significa ser ya vieja para casarse, incluso para gustar. A diferencia de Manal, sus tres hermanas viven y sufren su situación desde el silencio de su casa, sin apenas contacto con el vecindario, con el campo de refugiados, con la ciudad, con la misma capital Gaza. Ellas no son extrovertidas. Además no hablan inglés y les cuesta tener relaciones externas, en una región aislada por Israel, especialmente vetada al paso de los árabes.

Manal sí es extrovertida, y habla inglés. Su elección no es menos dolorosa: se relaciona con un mundo exterior casi inalcanzable, de amistades que la vinculan sentimentalmente a muchos países, pero que tiene que mantener por teléfono o Internet. Israel difícilmente da permisos de entrada en Gaza.

La casa de la familia Awad es un microcosmos con su propia vida interna. Aislada de su entorno es un mundo feliz, ahí fluye la libertad de vivir y de expresarse con libertad y fluidez. Pero es también un mundo dolorosamente cerrado a un exterior hostil.

 

PERMISOS

Gaza está cerrada a cal y canto por Israel desde hace muchos años. El sueño de un palestino de Cisjordania es ir a Gaza, y el sueño de uno de Gaza es ir a Cisjordania. A menudo mueren enfermos que no han podido ser tratados en hospitales de Gaza pero que no han podido salir porque Israel no ha dado permiso para cruzar la frontera. Una estrategia fascista de castigo colectivo, de un país que pasa por demócrata.

La familia Awad me contó tres veces que obtuvo permisos en los últimos diez años. Dos de ellas fueron gestionados directamente por ONG internacionales. Una vez el hermano tuvo reuniones de trabajo en Ramallah por la mañana, dejando la tarde para cumplir uno de sus sueños: ir a la ciudad de Nablus a comer el dulce más famoso de Palestina, el knafe. Otra vez Manal tuvo permiso para viajar a Jordania, que desde Gaza es de paso obligatorio por Israel, entrando por la carretera ocupada que va al Mar Muerto y pasa por Jordania. Fue un momento absolutamente emocionante en nuestra amistad en la  que por primera vez pudimos comer hummus y pollo en la animada plaza central de Jericó.

El tercer permiso lo obtuvo su tía mayor, de 75 años, a tratarse en un Hospital de Jerusalén, muy débil por una enfermedad en la sangre. El gran sueño de su vida era volver a su pueblo original de la que fue expulsada en 1948 por el naciente estado de Israel y sus milicias sionistas. Su pueblo sufrió el mismo destino que todos los pueblos palestinos en Israel: fue destruido. Pero ella recordaba perfectamente dónde estaba, los bosques, los árboles, las casas, las plazas… las ruinas del pueblo estaban en una explotación agrícola cerrada a cal y canto. Tuvieron que entrar clandestinamente, saltando vallas.

Recogieron un jarrón de cristal lleno de arena. Arena de su pueblo original, de su pueblo destruido, de su pueblo inexistente. Lo tienen en la mesa de su casa, como una joya preciosa.

 

NAKBA

La población de Gaza es, en parte, el resultado de la Nakba, la limpieza étnica en Palestina de 1948 cuando se creó de Israel. Allí hay los campos de refugiados más poblados y tal vez los más rebeldes de Palestina. La familia Awad es originaria de Abu Shusha, cerca de al-Lydd (en Israel, Lod). Shukria, la madre, recuerda todos los detalles de la limpieza del pueblo.

«Recuerdo bombardeos diarios y asesinatos a los que se resistían. A las diez llegaban los soldados sionistas al pueblo (sionismo es el movimiento que desde el s. XIX reivindicaba una tierra para los judíos), cogían a unos cuantos, los dejaban en un descampado y les decían que se fueran andando. Mi padre fue de los que se negó a abandonar el pueblo. Lo mataron. Más tarde cercaron y encerraron completamente el pueblo durante tres días y no nos dejaron comer. Finalmente, a punta de pistola, nos expulsaron a pie, desde Abu Shosha a Latrun (a unos 50 km.) en el límite de la actual Cisjordania. El éxodo fue una locura. Yo tuve que hacer el recorrido sin zapatos. Otra partió con su hijo recién nacido pero a lo largo del camino enloqueció, y al final ya no reconocía la criatura que llevaba. Otra salió ya enloquecida y llevaba una almohada como si fuera su hijo…»

 

RUINAS (sin techo)

Abu Shosha, el pueblo original de la familia Awad, fue destruido. Con él la casa. Fue la primera vez pero no la última que Israel demolió su hogar.

En  mayo del 2004 Israel llevó a cabo otra de sus innumerables operaciones de castigo colectivo, esta vez en la frontera con Egipto. Le pusieron el poético nombre de «Operación Arco Iris». Fueron 7 días de imparable destrucción de edificios en el campo de refugiados de Rafah. Asesinaron a 44 palestinos , demolieron 400 casas, y causaron daños estimados en 8 millones de dólares (según Al-Mezan Center for Human Rights). El argumento era «por razones de seguridad», y se argumentaba el paso de armas en túneles que conectan Gaza con Egipto y la búsqueda de resistentes palestinos. En realidad Israel estaba preparando una área de control en toda la periferia fronteriza y en una franja de centenares de metros, y Rafah tenía el inconveniente de estar pegado a la frontera, casi en conexión directa con el Rafah egipcio.

La familia Awad perdió su casa, si previo aviso. Lo perdió todo. Un año más tarde, en el hueco de su casa demolida, Manal me contó cómo ocurrió:

«En esta esquina de ahí había nuestra casa, y a su lado había cinco más que también fueron demolidas. Los israelíes llegaron sin previo aviso con el buldózer, desde el otro lado de la calle, demoliendo primero las otras. Este es el muro que conectaba nuestra casa con la vecina. De ahí saltaron mi madre, mi hermana y mi tía de más de 80 años. Casi mueren aplastadas por su propia casa que estaba siendo demolida por el ejército israelí. Teníamos un jardín con un árbol en la parte trasera de la casa, desde el que saltaron hacia la casa de los vecinos. Algunos vecinos sacudieron banderas blancas pero no servía de nada. No imaginábamos nada justo antes, no podíamos pensar que demolerían nuestra casa. Había toque de queda con disparos y helicópteros por todas partes y la gente no se movía por la calle.»

«En estas ruinas que ves aquí estaba la entrada, aquí la habitación de invitados, aquí la habitación de mis hermanas, aquí la mía, aquí el lavabo, aquí la cocina, la sala de estar, aquí el comedor y aquí el pasillo al patio donde este limonero cortado fue también arrancado. Argumentaban que buscaban resistentes. Pero esta casa de enfrente pertenece a líderes de la Jihad Islámica, máximos enemigos para Israel, y no demolieron su casa. En cambio sí demolieron la nuestra, que claramente no somos un peligro para la seguridad de Israel. Pero somos palestinos, eso es todo. A sus ojos todos somos un peligro ya que deberíamos ser expulsados de nuestro país y terminar el trabajo que empezaron en la Nakba. »

«Una de las cosas más tristeza nos da haber perdido es un mueble que yo construí, dentro del cual íbamos dejando recuerdos familiares. Lo perdimos todo. Los muebles, la casa, y los recuerdos. Y nuestro mueble de recuerdos. Todo. Alguien toma la decisión de destruir tu memoria, tus recuerdos. Tu vida. Aunque sea una casa muy sencilla, te pertenece. No sólo porque ahí está tu memoria, sino porque es el espacio donde decides tu vida… es tu casa. Y de repente viene alguien y destruye el espacio de tu vida y de tus recuerdos. Las cosas que más quieres. Destruye en tiempo que pasamos juntos con la familia, donde comíamos, jugábamos, veíamos la TV, nos peleábamos… Es una sensación difícil de contar. Más de 30 años de vida. Vine aquí cuando tenía 4 meses.  Ésto es la vida, la vida aquí en Gaza.»

AREA BUFFER

La casa de la familia Awad fue reconstruida años después de su destrucción. No la pagó Israel (nadie le pide cuentas por sus destrucciones) sino  el departamento de refugiados de las Naciones Unidas (UNRWA). Israel destruye, «por razones de seguridad». El mundo paga, «por razones humanitarias».

La casa está en el barrio de Brasil en Rafah, y cercana a la zona límite de la franja de Gaza objetivo de Israel en la «Operación Arco Iris»: el corredor de Philadelphia. Philadelphia es una área buffer. Es una franja de terreno que no tiene ninguna función, en la que no hay exactamente nada, sólo algunas casas, muchas destruidas, y terrenos vacíos llenos de chatarra, ruinas etc. Pero su condición fronteriza hace que sea el barómetro de Gaza.

En el 2005 me paseé en coche por esta área. Con prudencia, lentitud. Era  arriesgado. Un paraje demolido y tiroteado, que se parecía al de cualquier ciudad bombardeada en la postguerra (Kabul, por ejemplo). Ante su enorme muro metálico fronterizo había decenas de torres con soldados que vigilaban y disparaban a sus habitantes y  a cualquier vehículo que se acercara. Los niños se habían acostumbrado a jugar en las ruinas, a veces evitaban los disparos, a veces eran asesinados. Había una escuela de personas sordomudas que tuvo que ser abandonada. Dispararon y mataron a varios alumnos que no oían los avisos acústicos que mandaban los soldados.

Los túneles estaban ahí. Pero a partir del 2007 y 2008 han crecido espectacularmente debido al bloqueo israelí. Desde el 2007 Israel lleva a cabo una guerra menos espectacular pero más cruel, e igual de ilegal: el castigo colectivo. Se ha sacado las colonias pero las fronteras son controladas de forma más férrea. No entran productos básicos de alimentación, gasolina, materiales de construcción, productos médicos. Aumentan las enfermedades crónicas, los enfermos que necesitan insulina no tienen suministros, se dan numerosos casos de muertos por falta de medicación. Todo a capricho de Israel. Por las calles empiezan a multiplicarse los burros y los caballos, arrastrando fatigados a familias enteras subidas a un carro; están poco acostumbradas a ser bestias de carga. En las tiendas los zumos de frutas, el arroz o las cajas de leche de marca israelí son substituidas por desconocidas marcas egipcias o africanas.

El hermano de Manal me acompañó a los túneles a través de unos contactos de la zona, puesto que pasearse por allí sin contactos era peligroso. Es una zona de mafias controladas por el Hamas, crecidas de la necesidad, pero en las que la corrupción, la explotación laboral de cerca de 16.000 trabajadores, muchos de ellos han trabajado en las colonias y ahora están en paro. También la explotación de menores (hasta puntos inhumanos) es cada vez más escandalosa.

Los túneles crecieron de la necesidad, y han creado un suculento negocio para las mafias y especialmente para el Hamas, amo y señor de la franja. Hay unos 1.000 o 2.000,  no se sabe muy bien…  A lo largo de unos 500 metros agujerean un frágil suelo tiroteado, bombardeado y cubierto de ruinas. A veces hay 2 o 3 niveles de profundidad. El suelo parece un queso gruyere, a punto de hundirse por cualquier punto, y los trabajadores de los túneles viajan en motos, por el peligro de circular en coches.

Cada túnel, es un miscrocosmos, con sus estructuras, generadores de corriente, motores de arrastre, radiocomunicación, gente viviendo, cafeterías… Los negocios de ventiladores o las tiendas de madera crecen espectacularmente construyendo los pasillos. No sólo pasan productos básicos. También armas de fuego, dinero, coches a piezas… La leyenda popular sobre los túneles ha crecido: se habla del paso de  animales  para la ganadería o para en zoo de Rafah, o de parejas de árabes magrebies y palestinos creadas por Internet y cruzando a través de los túneles.

El bloqueo estructural de Israel a Gaza incita a la creación de los túneles. El Hamas se aprovecha y genera de la absoluta necesidad de la población una industria corrupta y clandestina. Hasta el punto que no se desea que Israel abra los pasos de mercancías. El negocio se cortaría.  Como siempre los palestinos y las palestinas son los primeros perjudicados de la industria

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El Ministro de Asuntos Exteriores de España Miguel Ángel Moratinos, firma el 11 de junio del 2010 un comunicado dónde dice que: «debemos asegurar mejor las necesidades humanitarias de la población de Gaza, ahogar la economía mafiosa de los túneles, pero también aportar garantías de que esto no vendrá acompañado de un recrudecimiento del tráfico de armas y del flujo de grupos terroristas a Gaza.» Israel, en todo el documento, casi no tiene responsabilidades.

Todo la declaración es una muestra del cinismo, la burla y la ausencia de respeto hacia la población de Gaza de la Unión Europea y del Gobierno Español. Se intenta poner a un mismo nivel los crímenes y castigos colectivos a m¡les y miles de personas del gobierno israelí, con los ridículos gestos de desafío pseudoviolento del Hamas. Aún peor, parece que la payasería belicista del Hamas sea lo más peligroso de la zona.

Al final es una actitud de lamida del culo al estado de Israel desgraciadamente habitual en la política española, en una desesperada necesidad de liderar otra pantomima de «proceso de paz» en Palestina. Un proceso que como siempre desprecia las víctimas, centenares de miles de palestinos y palestinas. A pesar de un castigo colectivo a más de un millón de personas encerradas en una gran cárcel, de 1400 muertos en 2008-2009, de 14 activistas humanitarios asesinados en pleno mar en 2010 o declaraciones de auténtico fascismo político por parte del embajador israelí en España como: «Qué son 14 muertos con la cantidad de gente que muere en las carreteras españolas.» Esta clase de engendros políticos pueblan nuestra clase política y son la cara de la opinión pública. Una actitud que no va en nuestro nombre.

… al igual que la ridícula clase política palestina no representa un pueblo que ha demostrado sobradamente su capacidad de resistir en su vida diaria a la ocupación.

AEROPUERTO

Mi amiga Manal es arquitecta de formación. Me enseña un antiguo edificio diseñado por ella, en los límites del sur de Gaza. Es una dependencia administrativa de estilo funcional y con motivos de arquitectura local. Esta construido a medias. No pudo acabarse. Me enseña el resto del edificio, los halls, y las puertas de embarque a los aviones del aeropuerto de Gaza, en Rafah. Hay vigilantes protegiendo una construcción inútil desde su inicio. El aeropuerto de Gaza nunca ha sido utilizado ya que en dos ocasiones Israel bombardeó sus pistas. Pagadas, por supuesto, por la Unión Europea, que es lo que mejor sabe hacer: pagar y callar.

La entrada Norte de Gaza es un complejo fronterizo de cárcel de alta seguridad, la metáfora más clara del apartheid que Israel impone a Palestina.

La salida Sur es una magnífica metáfora del destino de la población de Gaza, de la población de Palestina. Un aeropuerto que conecta a ningún sitio.

Junio 2010

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