El amor también puede hacer daño

“Cuando algún día tengas tus propios hijos, vas a entender cómo me siento.”

Esta es una de las frases favoritas de mi mamá. No tengo hijos, todavía… pero muchas veces intenté ponerme en el lugar de mi madre. Intenté ponerme en el lugar de una madre cuyo hijo/a sufre de anorexia … Por un lado, la culpa y la responsabilidad que se siente por su hijo mientras le ve sufriendo, y por otro lado, la lucha diaria que tiene que hacer. Una lucha que requiere mucha paciencia. Una lucha para no perder los papeles y enfadarse, para no llorar, una lucha para mantenerse fuerte …

 

Durante muchos años, incluso después de mi “recuperación”, creía que para lo que me había ocurrido, yo era la única “culpable”. Verás, siempre he creído en el poder de la mente. Tenía la ilusión de que podía controlar mis pensamientos, mi estado de ánimo y mi corazón, por lo que me convencí a mí misma de que todo era culpa mía, debido a mi hipersensibilidad y mi forma de pensar.

 

Aunque en la superficie me había recuperado, hace unos años volví a la psicoterapia …

 

Muchas cosas dentro de mí no me dejaban sentir paz. Una de estas cosas era la relación que tuve con mi madre. Una relación que, en el fondo, era una relación de dependencia y una búsqueda continua de reconocimiento.

Este camino en busca de la verdad sobre mi relación con mi madre, fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Un camino lleno de culpa, de dolor, de dependencia y de ira, pero también lleno de perdón, de amor y sobretodo, de voluntad a comprensión y auto-conciencia. Algunos días me despertaba llena de culpa, otros días furiosa con mi madre, acusándola de muchas cosas en las que nunca antes había pensado. Este camino era un camino muy solitario y áspero, que mi madre probablemente nunca sabrá que crucé y que tal vez no necesite saberlo.

 

Después de muchos años e intentando ver las cosas desde el punto de vista de mi madre, pienso que la carga de la culpa que se siente, es demasiado pesada, una culpa que no le permite perdonarse a sí misma. Por mi parte, la responsabilidad de lo que ha pasado no pertenece a nadie e a todos…

Me gustaría decirle a mi madre pero también a mí misma que incluso el amor a veces hace daño, y este amor que hace daño puede ser el mismo amor que escucha, respeta, comprende, aguanta, pero sobretodo perdona …

 

Marilena

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